¿Dormiríamos cada noche con la misma persona si hubiéramos ido a otros conciertos, escuchado otros discos? No habitaríamos las mismas canciones. No. Somos el resultado del azar, que es la vida misma. Tal día sonó aquel temazo. Aquella otra vez te convencieron de ir a ese concierto de mierda donde conociste a la madre de tus hijos. La mañana del 17 de octubre de 1961 quisieron los astros que dos jovenzuelos coincidieran en la estación de tren de Dartford (Inglaterra): Mick Jagger y Keith Richards. El segundo vio que el primero llevaba unos discos de blues de Chuck Berry y Muddy Waters bajo el brazo y se acercó a decirle algo. Conexión inmediata. El resto es historia.Sirva el ejemplo de los Rolling Stones, que ahí siguen dando guerra con nuevo disco recién editado en 2026 —¡santodios!—, para comenzar este repaso al inicio de los tiempos de tantos grupos. Quiso la buena ventura que Larry Mullen Jr. se levantara un día con la determinación de poner un cartel en su instituto dublinés con la siguiente leyenda: "Batería busca músicos para formar una banda". Poco después, concretamente el 25 de septiembre de 1976, en la cocina del muchacho aporreador de tambores se juntaban su padre, su madre, su hermana, Paul Hewson (Bono), Dick y Dave Evans (dos hermanos que fueron juntos con su guitarra Flying V amarilla, de los cuales el segundo terminaría siendo The Edge), Adam Clayton, Ivan McCormick y Peter Martin. La cosa quedó en cuarteto: nacía así U2.Aparte de marcar el ritmo, se ve que los que llevan las baquetas tienen una inclinación natural por formar bandas de rock. "Batería busca otros músicos con los que tocar con influencias de Tygers of Pan Tang, Diamond Head, Iron Maiden", publicó Lars Ulrich en la revista especializada en heavy metal Recycler a principios de 1981. En mayo respondió James Hetfield, un chaval tímido que había encontrado en la música el escape a una juventud marcada por el abandono de su padre y la muerte de su madre. No lo sabían, eso nunca se sabe porque si se sabe, además, asusta: pero ya eran Metallica. Quedaron para conocerse en un estudio en Fullerton, tal y como recuerda el baterista danés: "No congeniamos de entrada. Tenía una batería que parecía sacada de una caja de cereales, y a James le gusta decir que cada vez que le atizaba a un platillo, todo se venía abajo. También dice que yo olía mal porque, por supuesto, a los europeos no les va eso de ducharse".No tenía ni la menor idea Eddie Vedder, mientras trabajaba en una gasolinera en 1990, de que su destino era (¡madre mía!) ser una gran estrella del rock. Pero, al mismo tiempo, resulta que en Seattle se disolvía trágicamente una formación llamada Mother Love Bone, de la que salían el bajista Jeff Ament y el guitarrista Stone Gossard, que rápidamente reclutaron a otro guitarrista llamado Mike McCready. En ese intervalo en el que pasan todas las cosas que parecen irrelevantes pero marcan tu camino sin tú realmente saberlo, grabaron una maqueta que llegó a manos de Vedder a través de su colega Jack Irons (entonces baterista de Red Hot Chili Peppers). En un arrebato de creatividad, el surfero y futuro cantante escribe la letra para esas demos, en las que graba versiones caseras de Alive —sí, Alive, el gran hit de Pearl Jam—, Once y Footsteps.Todavía más casual es la formación de Arde Bogotá, cuando allá por 2017 el cantante Antonio García conoció al guitarrista Daniel Sánchez, al bajista Pepe Esteban y al baterista José Ángel Mercader en la puerta de un bar en la esquina entre las calles Aduena y Colmena en Murcia. Lo que comenzó como una simple conversación de bar y el repentino y genuino deseo común de hacer música juntos, se convirtió de manera igualmente inesperada en el grupo de más éxito del rock español en lo que llevamos de década. El cuarteto cartagenero ha hecho desde entonces más kilómetros que el baúl de la Piquer y lo que te rondaré, morena.Casual. Todo es casual. Otra más: Magüi (voz y guitarra) y Sandra (guitarra solista) se conocieron en 2018 estudiando Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid. Al descubrir que ambas tocaban el mismo instrumento, decidieron formar una banda. El giro de guion interesante en la fundación de Ginebras viene cuando, al no encontrar bajista ni batería en estos tiempos en los que ya no funcionan igual los tablones de anuncios, recurrieron a la aplicación Tinder —queda claro que sirve para algo más que para intimar con voracidad— para reclutar a Raquel (bajo) y a Juls (batería). Y ahí están este verano, sudando la gota gorda encabezando festivales.Marc Ros y Axel Pi se conocieron en 1997 en Barcelona a través de un anuncio clasificado. Buscaban músicos con gustos afines (David Bowie, The Velvet Underground, Syd Barrett y The Doors) para formar una banda. Fanáticos de la música anglosajona, estaban de vacaciones en Londres cuando deciden irse a Leeds, entran en una tienda de discos a buscar uno de Brigitte Bardot —Sidonie es el título de un poema de Charles Cros cantado por la diva francesa en la película Una vida privada, de Louis Malle— y detrás del mostrador les atiende su futuro bajista, Jesús Senra. Como el destino es, a veces, caprichoso para bien, al cabo del tiempo, se lo encuentran en Barcelona y por algún motivo loco le reconocen y Jes les cuenta que toca el bajo. Pues ya está el trío montado.Los fundadores de Miss Caffeina, Sergio Sastre y Álvaro Navarro (hoy ya fuera del grupo), se conocieron a principios de los 2000 en un foro de internet dedicado a la banda madrileña Buenas Noches Rose (en la que estaba el ex de Pereza, Rubén Pozo). Después de empezar a quedar para ir juntos a conciertos, decidieron empezar su propio periplo musical y encontraron al vocalista Alberto Jiménez a través de otro anuncio en la red. Miss Caffeina era, por si a alguien le quedaban dudas, una canción de Buenas Noches Rose y una historia de esas que no se pueden contar ahora porque no son para todos los públicos, protagonizada por una conocida camarera y figura habitual del ambiente de Malasaña y el rock underground de los noventa.