Silvia P. González reta a la periodista a hacerle alguna pregunta que no le hayan hecho ya. Porque esta ginecóloga lleva 20 años trabajando en un campo que estaba prácticamente muerto hace una década y cuyo interés ha explotado en los últimos cuatro o cinco años: la menopausia. Le han hecho decenas de entrevistas, pero esta es la primera que concede como presidenta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), un cargo que ejerce desde el pasado mayo. González es la primera mujer en más de 30 años de historia que está al frente de la asociación que estudia este cambio hormonal que ocurre en la vida de toda mujer, algo que ella cree que le da “un punto extra de empatía”.La ginecóloga, nacida en Santurce hace 49 años, es firme defensora de las terapias hormonales de la menopausia para quien lo necesite. Esta terapia estuvo envuelta en una fuerte polémica hace 20 años, cuando un gran estudio (WHI) concluyó que aumentaba el riesgo de cáncer de mama. Investigaciones posteriores reconocieron sesgos en ese estudio, y en noviembre pasado, la agencia del medicamento de EE UU retiró la advertencia en los prospectos de las terapias hormonales, reconociendo que aquella alarma fue desproporcionada. Llegaba tarde para las generaciones de mujeres que pasaron años sin tratamiento, pero abría un nuevo capítulo. “Lo cierto es que comparar la terapia hormonal de hace 20 años con la de ahora es como comparar tu móvil de hace 20 años con el de ahora. Ni las mismas dosis, ni la misma composición, ni la misma forma de administrar. No tiene nada que ver”, insiste la doctora, que, al final de la entrevista, reconoce que, a pesar de haber contestado a muchas preguntas estos años, responde esta vez a varias que no esperaba.Pregunta. Lleva más de 20 años especializada en menopausia. ¿Por qué eligió ese camino?Respuesta. La respuesta no es nada espectacular. Yo hice la residencia en Salamanca y el jefe de servicio se dedicaba a esto. Recuerdo mi primer día de consulta. Leí el flexo que iluminaba en la sala de exploración con “consulta de menopausia” grabado en él y pensé: “¿Esto existe?”. Trabajar con una de las personas pioneras en España en un campo ya me atrapó, y también el hecho de que hay muchos ginecólogos que se ocupan de los partos, las cirugías o las guardias, pero me di cuenta de que la calidad de vida de las mujeres en este periodo se puede resentir y requiere de atención detallada. Lo que hacíamos entonces era básicamente prescribir tratamiento hormonal, y de hecho las pacientes tenían que firmar un consentimiento informado. Y justo mi primer año de residencia fue cuando salió el estudio WHI. Viví el momento en el que todavía había unidades de menopausia en los hospitales y, al año siguiente, surgió el debate sobre la terapia hormonal y empezó a afectar a todo. Se cerraron las consultas de menopausia y hemos estado en ese estado latente hasta hace unos cinco años, cuando el fenómeno se ha vuelto a desarrollar. Fuimos poquísimos los que resistimos ese impasse.P. ¿Cómo lo resistió usted?R. Hay un 15% de mujeres que tienen la suerte de no tener ni un solo síntoma en menopausia. Otras los tienen leves. Pero un 25% tienen síntomas intensos que afectan su calidad de vida personal, familiar, social y laboral. Venían a las consultas con un miedo atroz, pero decididas: “Da igual, yo no puedo vivir así, dame algo”. Nos decían: “He intentado aguantar, no he podido. No duermo, no me concentro, tengo sequedad vaginal, no puedo tener relaciones, no tengo deseo. Haz algo por mí, por favor”. Yo viví en la época en la que decir “menopáusica” era un insulto y, de hecho, ahora hablamos de mujer en “peri” y “post”, cuando “menopáusica” simplemente hace alusión a tu estatus hormonal. Pero realmente tuvimos que abandonar esta denominación porque era peyorativa y las mujeres no querían reconocer que estaban en ese estatus, porque era sinónimo de ser mayor y estar perdiendo capacidades y atractivo. Entonces era una medicina muy paternalista, muy distinta a la conversación que tenemos ahora con las pacientes. P. ¿Y cuándo empiezan a cambiar las cosas?R. Ojalá pudiera decir que ha sido gracias a los profesionales sanitarios, pero no sería justo. Ha sido algo social, a nivel mundial. Los que llevábamos dedicándonos a esto décadas éramos casi los raros de la profesión. Y de repente las mujeres empezaron a tomar las riendas. Las entiendo perfectamente, porque estás en un momento vital de plenitud profesional y personal, y empiezan a aparecer síntomas que entorpecen tu camino. Y el que muchas mujeres famosas hayan reconocido públicamente que están en menopausia también ha ayudado mucho. Ves que lo que te pasa a ti les ocurre a muchas otras mujeres; tienes la sensación de estar perdiendo las riendas de tu vida, que no duermes, que cambia tu estado de ánimo o tienes niebla mental, y crees que te estás volviendo loca. Pero luego ves que no es así, que lo que te ocurre a ti les ocurre a muchas más. Yo les digo a mis pacientes que estamos en el mejor momento histórico para vivir la menopausia que ha habido jamás, porque hay muchísimas más herramientas y concienciación.P. ¿Con qué retos asume la presidencia de la AEEM? R. La AEEM siempre ha tenido una vocación multidisciplinar, pero la realidad es que la mayoría de los socios son ginecólogos. Y creo que estamos en un momento histórico en el que otros profesionales sanitarios tienen que implicarse mucho en la menopausia. Acabamos de hacer la convocatoria para grupos de trabajo dentro de la asociación: endocrinos, farmacéuticos, médicos de primaria, matronas, fisios... Porque el problema es que con el boom de la menopausia hay mucha gente que hace negocio y lo que dice no siempre es lo más correcto, ni científica ni éticamente. Es muy importante que todos estemos muy bien alineados y que el mensaje sea homogéneo. Si tu médico de primaria dice una cosa, la matrona otra y el ginecólogo otra, la paciente se encuentra en el medio y no sabe qué hacer. Y luego está la divulgación. Las sociedades científicas tenemos un defecto muy grande: como hacemos mucha ciencia, a veces se nos olvida que todo esto es para las pacientes.P. ¿Qué queda por investigar?R. Mucho. La terapia hormonal es el fármaco con más volumen de estudio a nivel mundial; los hay sobre más de un millón de mujeres. Pero la mayoría de los complementos nutricionales, por ejemplo, están muy poco estudiados y, sin embargo, se prescriben con total normalidad porque “son inocuos”. Yo no quiero prescribir algo para que no te haga mal; quiero prescribirlo para que te haga bien. Y lo mismo con los estilos de vida. Le decimos a las pacientes que hagan ejercicio de impacto para los huesos, pero la pauta exacta no está bien establecida. Con la nutrición pasa igual. Nos queda camino.P. ¿Habría que mejorar la formación de todos los profesionales médicos en menopausia?R. Por supuesto. Las matronas, que en muchos lugares son las que están atendiendo a estas mujeres. El médico de atención primaria, que las ve durante toda su vida. El farmacéutico, que muchas veces es el primer contacto. Hace no mucho vino a mi consulta una psiquiatra y me dijo: “Ahora que lo estoy sufriendo yo, veo cuántos síntomas emocionales y afectivos son hormonales, y la cantidad de antidepresivos y ansiolíticos que he recetado de más”. Y es que, en España, las mujeres entre 40 y 60 años son las mayores consumidoras de ansiolíticos. Que un psiquiatra sepa esto es muy relevante. Que un cardiólogo sepa que la terapia hormonal es protectora en los primeros 10 años tras la menopausia es muy relevante. Porque si no, el miedo es muy fácil de sembrar. P. Una mujer que entra en perimenopausia hoy en España, ¿recibe información proactiva y correcta, o llega al especialista después de meses de síntomas sin saber qué le pasa?R. Depende mucho de dónde estés y de quién sea tu médico. Yo estoy en un centro especializado privado, y la persona que viene generalmente ya se ha informado bien. Un porcentaje alto de las pacientes llega después de una odisea: han pasado por psiquiatría, por neurología, por reumatología, y nadie les ha dicho que era perimenopausia. Y a veces, porque tienen alguna condición médica, las han desahuciado directamente para cualquier tipo de tratamiento hormonal. Y eso no es así: las terapias hormonales tienen algunas contraindicaciones, pero muy pocas. Lo que hay que saber es qué tipo de terapia es la tuya. Yo animo a estas mujeres a no conformarse. Si tu médico no te atiende bien, puedes cambiar de médico.P. ¿Hay síntomas de la perimenopausia que siguen siendo invisibles incluso para los propios médicos?R. Los psicoemocionales, sobre todo. Un sofoco es fácil de reconocer, aunque hay más de 100 tipos. Pero la alteración del sueño —no que no duermas, sino que te despiertas muy pronto o muchas veces durante la noche—, la irritabilidad, el cansancio, engordar... Son mucho más precoces que los sofocos y muchas mujeres no los relacionan con las hormonas. Pero lo más complicado de ver son los psicoemocionales. De hecho, la irritabilidad a veces tiene su lado positivo, porque te ayuda a poner límites. Hay mujeres que me dicen que lo agradecen: “Lo de la irritabilidad no me lo quites” [risas].P. ¿Y si esas mujeres lo identificaran antes, se podría actuar antes?R. Por supuesto. El problema es que muchas mujeres llegan diciéndome “yo todavía tengo la regla”, pero eso no significa nada: la perimenopausia puede durar hasta 10 años. Cuando empiezas a notar cambios sutiles, ya estás en la primera fase. Y hay otro bulo muy extendido: que no se puede hacer nada hasta que llegue la menopausia. Eso es falso y tiene consecuencias sanitarias reales. La perimenopausia es en general más sintomática que la propia menopausia, porque el cuerpo está sometido a cambios hormonales enormes —fluctuaciones constantes— y eso lleva tiempo. Se puede actuar, y hay que actuar. Es importante destacar también, en todo caso, que no todo lo que ocurre a esta edad es debido a la menopausia y que algunos síntomas, especialmente los atípicos, requieren de valoración médica adicional.P. Si los hombres tuvieran menopausia, ¿habría habido 20 años de oscuridad?R. No me suele gustar entrar en estas cuestiones, pero fíjese en toda la investigación que hubo en los tratamientos para la disfunción eréctil y, sin embargo, lo poquísimo que hay sobre disfunciones sexuales femeninas. La sequedad vaginal, los problemas sexuales, la falta de deseo, las dificultades con la excitación... Hemos aprendido que la sequedad no es solo vaginal: el síndrome genitourinario afecta a la vagina y vulva, uretra y vejiga. Hay mujeres que están teniendo relaciones con dolor, y había poquísima investigación al respecto.P. El boom de la menopausia ¿tiene una cara y una cruz?R. Lo tiene, pero ojo, cuando yo veo por ahí hablar de que estamos medicalizando en exceso la menopausia, pienso: ¡ojalá! Estamos en tasas de prescripción de terapia hormonal en pacientes sintomáticas del 3,7%. Es irrisorio. En 2021, el 85% de las mujeres no tenía ningún tratamiento para su menopausia. Ninguno. Ahora, cuatro años más tarde, la cifra es del 74%. Estamos lejísimos de medicalizar nada. Creo que no hay que patologizar algo que no es patológico, por supuesto; hablo de atender pacientes que ven mermada su calidad de vida, que es de lo que va la medicina, y de hacer prevención, que es de lo que va la medicina del siglo XXI. Pero también hay muchísimo intento de aprovecharse del boom. Somos un mercado en España de ocho a 10 millones de mujeres en un momento de la vida con poder adquisitivo alto. Nos llegan propuestas para que la AEEM avale colchones o suplementos. A todos les decimos lo mismo: haz un estudio científico y hablamos. Pero no puedo hablar de un producto solo porque lo quieras posicionar en menopausia.P. EL PAÍS acaba de publicar que el principal fármaco hormonal para la menopausia, Lenzetto, está desabastecido. ¿Tiene España suficiente variedad de formulaciones hormonales?R. Está creciendo, pero ese crecimiento es bastante más lento de lo necesario. Pero hay una cuestión importante: lo que tenemos disponible varía mucho por países. Creo que debería haber mayor facilidad de acceso. No puede ser que el último eslabón, la mujer que llega a la farmacia, sea justamente el que falle.P. Si usted pudiera cambiar una sola cosa del sistema sanitario español para estas mujeres en peri, menopausia y postmenopausia, ¿cuál sería?R. Voy a dar una respuesta que no es políticamente correcta: haría obligatoria una pequeña formación básica para todos los sanitarios. Igual que se les exige a los médicos estar formados en reanimación cardiopulmonar, creo que tienen que conocer unos mínimos sobre menopausia. Que no los tengan hace que muchas pacientes no inicien tratamientos, desarrollen miedos infundados o que se minimicen sus síntomas. Y luego reforzaría las unidades de menopausia: en muchas comunidades autónomas existen, pero no son fácilmente accesibles.