Bien entrada la noche del miércoles, en Caracas, un hombre con un megáfono informaba a sus vecinos de las primeras consecuencias del peor terremoto desde 1967. Era el alcalde de Chacao, Gustavo Duque, al frente de uno de los municipios caraqueños más castigados por los dos sismos que sacudieron este miércoles varios Estados de Venezuela. Desde un barrio donde al menos cuatro edificios se convirtieron en escombros en cuestión de segundos, Duque se ha vuelto una rareza en una noche de caos y pánico: alguien que da información.“Hasta ahora hemos rescatado a 18 personas con vida”, gritaba entre vítores. Con las sirenas ululando al fondo, pedía a todos que se quedaran en las dos plazas principales del municipio —donde ha habilitado agua, baños, médicos y un punto para reportar desaparecidos— y que buscaran allí a sus seres queridos. No ha parado de atender a los periodistas y grabar videos para los suyos.Más de seis horas después del primer sismo, pasada la medianoche (hora local, seis más en la España peninsular), la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, comparecía por segunda vez —esta vez sí— para dar una cifra preliminar de víctimas: 32 fallecidos y 700 heridos. Un número que no incluye al Estado costero de La Guaira, el foco de la tragedia, separado de Caracas por el cerro El Ávila, donde hay decenas de edificios colapsados y una incertidumbre total sobre el alcance de los daños. Bien entrada la madrugada, los vecinos de Caracas, La Guaira y varios Estados del país seguían en la calle, con miedo a volver a sus casas y ansiosos por saber.En una noche sin internet, sin datos y sin demasiada información oficial, han sido los alcaldes, los rescatistas y los periodistas en la calle quienes han ido contando, a pedazos, lo que ocurría. Tras los temblores, muchos teléfonos se quedaron sin señal, pero los problemas de conectividad y opacidad en Venezuela vienen de antes. La red X está bloqueada en el país desde agosto de 2024 y solo se accede mediante VPN (red privada virtual), decenas de portales de noticias independientes arrastran restricciones y Venezuela figura entre los países de internet móvil más lento del mundo. Y esta noche se han convertido en un problema más. En las primeras horas de un terremoto, la información es parte del rescate: orienta adónde acudir, reconecta familias en un país con ocho millones de venezolanos en la diáspora y lleva al herido hasta el médico.“Resulta inaceptable que a dos horas del sismo no haya información oficial de magnitud y daños”, reclamó el opositor Juan Pablo Guanipa. Edmundo González, ganador de las elecciones de 2024 según las actas recogidas por la oposición, habló de un “bloqueo sistemático y prolongado”: los venezolanos de fuera, escribió en sus redes, no podían saber si sus familias estaban bien. También la precariedad de medios marca los rescates. El alcalde Duque pedía a las constructoras que prestaran taladros y martillos hidráulicos para abrirse paso entre las losas; los socorristas improvisaban con lo que había. En Chacao no había linternas. Ni escaleras. Ni bomberos. Civiles y policías despejaban rocas con las manos.Emergencia humanitariaLos heridos, además, han ido llegando a un sistema sanitario que ya batalla en la normalidad, con escasez crónica de insumos. Venezuela arrastra desde hace años una emergencia humanitaria compleja: al comenzar 2026, cerca de 7,9 millones de personas —más de una de cada cuatro— necesitaban asistencia básica, y la ONU sitúa la salud, el agua y la energía entre las carencias más críticas. Los cortes de luz y de agua son crónicos en buena parte del país.En Caracas, la afectación de esta noche es grave, pero puntual, concentrada en algunos barrios, pero ha bastado para desbordar a una protección civil que no da abasto: no hay personal suficiente para evaluar los edificios y decirle a la gente si puede volver o no a sus casas. “Estamos demasiado ocupados en emergencias reales y no podemos decirles ahora”, afirmaba uno de esos efectivos a los vecinos en la zona de La Carlota. Y así, sin tener demasiada opción, la gente se dispuso a dormir en colchones en la calle y en los márgenes de las autopistas.
Un megáfono contra la opacidad: Venezuela afronta una tragedia sin apenas información
Mientras los vecinos cavan entre los escombros, el bloqueo a páginas web y la escasa información oficial dejan a un país entero sin saber qué ha pasado











