Actualizado Jueves,

junio

07:56Mientras una voz lee los n�meros del registro (312, 313, 324...), otra responde con el nombre del all� registrado. En muchas ocasiones (cerca de 12.000 veces) la respuesta se limita a un escueto: "Desconocido". No se trata de una performance ni de una instalaci�n m�s o menos art�stica, o m�s o menos cruel. La idea es agilizar sin errores la digitalizaci�n del listado de los 33.847 cad�veres seg�n la cifra oficial. Todo discurre con la frialdad as�ptica de las enumeraciones hasta que en un momento dado la voz de una de las lectoras se rompe y arranca a llorar. No es un giro de guion. Es simplemente que el guion se antoja insoportable. "La intenci�n es desvelar la violencia ejercida tambi�n desde la propia arquitectura", comenta el director Manuel Correa para explicitar buena parte de la intenci�n de Atlas de la desaparici�n, el documental presentado recientemente en DocumentaMadrid que no solo acompa�a a algunos de los familiares de las v�ctimas en su largo proceso de duelo, sino que cuestiona el sentido de la propia pregunta sobre qu� hacer con un espacio que antes que monumento es simplemente fosa com�n. Y lo hace, y aqu� la novedad, con las herramientas de la denominada arquitectura forense. Hablamos de El Valle de los Ca�dos o Cuelgamuros. "Las familias prefieren Valle de los Ca�dos", precisa Correa.De repente, ante los ojos deslumbrados del espectador, sale a la luz que en las cajas dise�adas para supuestamente albergar 15 cuerpos, solo se registran en la mayor�a de ellas 11. Sin embargo, en algunas de �stas la documentaci�n del registro de inhumaciones del propio Valle de los Ca�dos da fe de hasta 90 cad�veres. Mediante una detallada infograf�a en 3D entre la irrealidad y el sue�o, se demuestra —�ltima y espeluznante sorpresa— que ni siquiera esos 11 restos debidamente catalogados con caligraf�a esmeradamente funcionarial tienen su sitio en esos ata�des con aspecto de t�tricos archivadores. "Como mucho entrar�an los cr�neos y algunos de los huesos m�s grandes como el f�mur, pero nunca el esqueleto entero", comenta la voz de la actriz Sara �tienne que gu�a todo el relato de forma tan puntual y met�dica como triste y demoledora. No diremos desapasionada porque cada palabra duele. La pregunta ahora es: �pero realmente hay 33.000 cuerpos?Cuenta el director que el proyecto empez� en 2018. Fue entonces cuando Manuel Correa conoci� a Silvia Navarro-Pablo, presidenta de la Asociaci�n de Familiares Pro Exhumaci�n de los Republicanos del Valle de los Ca�dos. El cineasta llevaba a�os trabajando con v�ctimas de desaparici�n forzada en Colombia mediante la utilizaci�n de las herramientas de la Arquitectura Forense. "A medida que empiezo a investigar, conozco a los familiares, accedo a los archivos y caigo en la cuenta de que una de las piezas menos tratada historiogr�ficamente es la del arquitecto Diego M�ndez responsable no solo el monumento sino, m�s importante, de dise�ar y organizar lo que ten�an que ser los osarios... Cuando voy a los archivos veo que es �l el que 20 a�os despu�s de que se terminara la bas�lica coordina los traslados de los cuerpos. Bajo mi punto de vista, �l fue una figura en el franquismo muy parecida a la de Adolf Eichmann en el r�gimen nazi", dice Correa por aquello de poner en perspectiva su visi�n y su pel�cula.Para saber m�sImagen de Atlas de la desaparici�n.La Arquitectura Forense es a la vez una t�cnica y un grupo de investigaci�n multidisciplinaria con sede en Goldsmiths, Universidad de Londres, que utiliza t�cnicas y tecnolog�as arquitect�nicas para investigar casos de violencia estatal y violaciones de derechos humanos. Entre sus muchos trabajos, uno de los m�s notorios consisti� en recopilar y analizar en 2015 las grabaciones de tel�fonos m�viles de cientos de explosiones en la ciudad de Rafah, Gaza, durante el 1 de agosto de 2014. Mediante el an�lisis de la forma y el movimiento del humo, los investigadores localizaron y cartografiaron cientos de ataques en la ciudad. La investigaci�n expuso la orden militar israel� conocida como la Directiva An�bal. En este caso, se trata de representar y dar protagonismo a lo que no se ve de un lugar presidido por la mayor de las cruces y que, sin embargo, fue el objetivo primero de toda la construcci�n. "Recuerdo que la primera vez que habl� con un familiar, �ste me detall� el lugar exacto en el que se encontraba su padre: 'Est� en el nivel cero de la capilla del Santo Sepulcro en una caja, es de 60 por 30 por 120'. Lo que �l me estaba facilitando de manera inconsciente era informaci�n arquitect�nica. La arquitectura no es en absoluto neutral", recuerda Correa.La pel�cula cumple con lo preceptivo de cualquier documental que se acerque al Valle de los Ca�dos que es dar fe primero de la memoria de los all� enterrados a trav�s de la voz de sus familiares. Fausto Canales, Joan Pinyol o Mercedes Abril, que prometi� a su madre agonizante que encontrar�a el cuerpo de su padre, son algunos de ellos. Y de la mano de ese rastreo en carne viva de un dolor que no cesa, poco a poco Atlas de la desaparici�n reconstruye con una fidelidad tan exhaustiva como solo aparentemente fr�a cada una de las cavidades de lo que, por encima de la monumental escenograf�a, no es m�s que una tumba colectiva. Contrasta el esmero de las im�genes tridimensionales y perfectas con el descuido extremo de la realidad donde los restos humanos se encuentran en muchos casos carcomidos por la humedad y ca�dos en el suelo como si ellos mismos, cr�neos, costillas, tibias y v�rtebras fueran los mismos cimientos de la bas�lica y del propio franquismo.Imagen de Atlas de la desaparici�n."Para nosotros", ahora el que habla es el productor Jorge Caballero, "la tecnolog�a digital empleada para reconstruir tanto el megal�tico contenedor de cuerpos como el traslado de los cad�veres desde fosas comunes como la imposibilidad de meter m�s de 30.000 cuerpos en un espacio en el que no cab�an sirve para humanizar el dato. Tantas veces se habla de lo digital como contrario a humano y aqu�, el potsarchivo o contraarchivo, as� lo llamamos, creado en postproducci�n cumple la funci�n de dar sentido a las cifras". A su lado, el director recuerda la propia opini�n de los familiares: "Las im�genes recreadas, seg�n ellos mismos, dan la medida exacta de por qu� es tan horrible ser v�ctima del Valle de los Ca�dos. Las im�genes demuestran y atestiguan por qu� el Valle es esencialmente un lugar violento. Y por qu� ese lugar es un espacio donde una reconciliaci�n es imposible. Tanto las condiciones materiales como espaciales arruinan cualquier intento de entendimiento y pacificaci�n all�".Ya fuera de la pel�cula, un estudioso y experto en la materia como el historiador y catedr�tico de Historia de la Universidad Complutense de Madrid Gutmaro G�mez Bravo mantiene que demasiadas veces la sociedad "se ha centrado en lo de arriba, en el monumento", perdiendo quiz� de vista su car�cter esencial y brutal de fosa com�n. Para el estudioso, a�n queda mucho por hacer y, lejos de la batalla pol�tica de todos los d�as, todo pasa por explicar debidamente la historia, por unificar el archivo que a�n sigue disperso y por revertir lo que no duda en calificar como un fracaso colectivo de una sociedad incapaz de hacer suyo el conocimiento de su propia historia. "Siempre digo que hay que empezar por lo m�s b�sico, la cronolog�a. Explicar un hecho es desactivarlo pol�ticamente. Y por encima de cualquier consideraci�n o diatriba pol�tica, el Valle de los Ca�dos es una enorme fosa com�n", dice."Cuando analizas el modo en que se hicieron los traslados de los cuerpos desde 506 fosas comunes de toda Espa�a (solo para transportar los 3.000 cad�veres desde Gri��n, que est� cerca de Madrid, en un cami�n de cuatro toneladas se hicieron 20.000 kil�metros), las condiciones arquitect�nicas y el modo de conservaci�n, la conclusi�n es que es imposible meter el Valle y su resignificaci�n dentro de una visi�n democr�tica. El lugar no es lo que es a pesar de sus condiciones, digamos, espaciales. Es lo que es gracias a sus condiciones espaciales", concluye Correa. "3.324... Desconocido. 3.325... Desconocido".