El presidente de EEUU tontea de vez en cuando con que Canadá se convierta en el estado 51 de EEUU. Y, cuando se enfada con sus vecinos del norte, se divierte llamando “gobernador” al primer ministro canadiense, Mark Carney. Por ejemplo, como cuando Carney aprovechó el Foro de Davos para denunciar la amenaza para el orden mundial y las reglas internacionales que suponía la presidencia de Donald Trump.
Trump estalló, y redobló las amenazas comerciales contra Canadá, como cuando un gobernador de una provincia canadiense, Ontario, usó un viejo vídeo de Ronald Reagan para una campaña contra los aranceles de EEUU. El presidente de EEUU no pudo reprimirse y atacó con más aranceles.
Y todo eso está en el trasfondo de un Mundial pensado para discurrir entre los tres países de Norteamérica, pero que no para de emitir señales de ser más trino que uno solo: las mascotas son diferentes, las inauguraciones han sido distintas y los valores que se quieren comunicar hacia afuera son también diversos... y muy representativos del liderazgo de cada país.
Si con Canadá las tensiones han sido comerciales y políticas, con México han tenido más que ver con la frontera, las amenazas de intervenir en la supuesta lucha contra el narco en territorio mexicano y, además, con las recientes imputaciones a dirigentes políticos de Morena, el partido de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, por su supuesta relación con el tráfico de drogas. En respuesta, Sheinbaum ha acusado a Trump de entrometerse en los asuntos internos de su país.









