Ciudad abiertaA estas alturas del siglo XXI, los algoritmos y los indicadores econ�micos no lo explican todo. Tambi�n importa algo tan abstracto como la herencia cultural Nigel Farage, ante un cartel pro refer�ndum del Brexit, en 2016.EFEActualizado Mi�rcoles,
junio
23:54Audio generado con IA�Por qu� en los diez a�os que han transcurrido desde el refer�ndum del Brexit no ha habido m�s consultas como aquella? �Por qu� no ha habido un solo gobierno que organizase su propia votaci�n sobre la permanencia en la Uni�n Europea? �No hay algo extra�o en esto cuando hablamos de un club de 27 pa�ses y de un periodo de tiempo en el que han ido y venido decenas de l�deres distintos?Uno querr�a pensar que la respuesta a estas preguntas es sencilla, y que contiene un mensaje tranquilizador sobre la racionalidad humana. Nos gustar�a creer que el Brexit tuvo un efecto tan devastador en la sociedad, la econom�a y la pol�tica de aquel pa�s que los dem�s escarmentaron en cabeza ajena. Pero esta respuesta no parece suficiente. Desde 2016, el discurso cr�tico con la UE se ha reforzado en toda Europa, a lomos de una derecha populista que ha volcado las mismas cr�ticas contra los �bur�cratas de Bruselas� que ya usaron los euroesc�pticos brit�nicos. Adem�s, ni las angustias econ�micas ni el sentimiento anti�lites, tan citados como combustible del Brexit, han desaparecido. Si acaso, han ido en aumento. Y la historia est� repleta de casos en los que un partido o una mayor�a social, viendo las consecuencias de una decisi�n desastrosa en otro pa�s, pensaron que el problema no era la decisi�n en s�, sino que no la hab�an gestionado ellos.Todo esto nos anima a concluir que Reino Unido siempre fue un caso muy particular dentro del proyecto europeo. Que su cultura y su identidad nacional siempre tuvieron una relaci�n muy complicada con el concepto de �Europa�. Que no fue balad� que una generaci�n tras otra de brit�nicos creciera estudiando episodios, desde 1066 hasta la Segunda Guerra Mundial, en los que sus islas habr�an estado amenazadas por fuerzas del �continente�. Que sus euroesc�pticos se dirig�an por todo ello a un electorado que era mucho m�s receptivo a sus argumentos -contra las cesiones de soberan�a o una supuesta �invasi�n� extranjera- que el de otros pa�ses.Esto no significa que la cultura lo explique todo, ni que las construcciones identitarias sean inmutables. S� indica que, incluso a estas alturas del siglo XXI, los algoritmos y los indicadores econ�micos no lo explican todo. Tambi�n importa algo tan abstracto e ineludible como la herencia cultural del pasado.












