¿Cuál es la temperatura en el espacio? ¿Hay que precalentar el horno para hacer empanadas? ¿Cuántos años tiene el Dibu Martínez? Mientras la inteligencia artificial responde preguntas como éstas, consume agua. Según un estudio de una Universidad de California, una consulta de 100 palabras puede gastar lo que una botella chica. El motivo está en la infraestructura. Los servidores generan mucho calor y deben mantenerse fríos para no fallar. El enfriamiento más extendido es evaporativo: el agua absorbe el calor y una parte se evapora, por lo que hay que reponerla constantemente. Ese consumo compite con el de los hogares y la agricultura, y por eso importa dónde se instala cada data center: en una zona de estrés hídrico, la presión sobre el recurso se vuelve crítica. Frente a este problema se exploran tres caminos. El primero es rediseñar la refrigeración. Los sistemas cerrados recirculan el agua en un circuito sellado y reducen el uso de agua dulce hasta un 70%. El enfriamiento por inmersión va más allá: sumerge los servidores en fluidos dieléctricos, no conductores de electricidad, que absorben el calor casi sin usar agua.

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