Para Ina Shkurti, al igual que para tantos albaneses, la isla de Sazan ha desempeñado un papel fundamental. De niña se bañaba en sus aguas “siempre tranquilas y de color verde esmeralda”; de adolescente, la isla aparecía en sus sueños; y ya de adulta, se convirtió en una parte imborrable de la memoria y el anhelo que la llevaban de vuelta, cada verano, a Vlorë, su ciudad natal al otro lado del mar.

Lo que Shkurti nunca imaginó fue que los planes para construir un megacomplejo turístico en Sazan —uno de los dos lujosos complejos de la costa sur de Albania impulsados por Ivanka Trump y su marido, Jared Kushner— desencadenarían una revuelta, un levantamiento que ha convulsionado al Estado balcánico en un episodio de repulsa ante los excesos percibidos de “una clase oligárquica podrida”, justo cuando el país espera concluir las negociaciones de adhesión a la UE.