La última obsesión de Ivanka Trump y Jared Kushner fue durante décadas el secreto mejor guardado de Albania. Sazan, la isla más grande del pequeño país balcánico, es una joya oculta en la frontera entre el mar Jónico y el Adriático, donde las aguas cristalinas color turquesa y los bosques de pinos interminables camuflan un pueblo fantasma y antiguos búnkeres de la época comunista. Desde hace más de cinco años, la hija y el yerno del presidente de Estados Unidos impulsan un megaproyecto para transformarla en un lujoso y exclusivo destino turístico, que el Gobierno albanés espera que se traduzca en una inversión de 1.200 millones de euros para su economía, una de las más pobres de Europa. Miles de albaneses han abrazado la llamada revolución de los flamencos y se han volcado en protestas masivas todos los días durante las últimas dos semanas para impedirlo y exigir la dimisión del primer ministro, el socialista Edi Rama. “Reservamos el tour hace meses, pero hasta hace poco no sabíamos nada de la isla”, confiesa Lola de la Riva, de 73 años, parte de un grupo de cuatro amigas cántabras que llegaron al sitio prácticamente por casualidad. “Antes de venir lo vimos en los telediarios, unos amigos nos compartieron información sobre lo que estaba pasando y después vimos las protestas en Tirana, la capital”, cuenta su hermana Carmen, de 77 años. “Eso obviamente aumentó nuestra curiosidad, queríamos verla”.Sazan ha acaparado la atención mediática internacional. Pero en Albania, la vecina península de Zvërnec, que pertenece a un área protegida donde anidan los flamencos que han puesto nombre a las protestas y donde los Trump también apuestan por otro ambicioso desarrollo turístico, ha adquirido mayor protagonismo como la zona cero de la mayor tormenta política en la historia reciente del país. Y es relativamente fácil visitar ambos sitios. Desde Vlorë, uno de los destinos más concurridos del país, salen a diario tours en lanchas rápidas y embarcaciones de mayores dimensiones para visitar la isla por unos 30 euros por persona. A primera hora del día, los precios bajos y la promesa de explorar este y otros puntos de la paradisiaca riviera albanesa atraen al puerto a decenas de visitantes, o incluso cientos en agosto, el pico de la temporada alta. Congelada en el tiempoEl dictador Enver Hoxha, que gobernó el país de 1941 a 1985, estaba obsesionado con la idea de que Albania estaba en riesgo inminente de ser invadido desde todas las direcciones. La paranoia llevó al autócrata a mandar construir más de 750.000 búnkeres en todo el país, aunque otras estimaciones señalan que el número real ronda los 170.000. Durante la Guerra Fría, Sazan funcionó como una base naval conjunta ultrasecreta y un fortín fuertemente blindado. Hoy, las tumbonas y las sombrillas también forman parte del paisaje de la zona, aunque sigue siendo un punto naval estratégico: la mayor puerta de Albania al Mediterráneo. De vuelta en el mar, familias enteras toman el sol en la cubierta, las parejas disfrutan del paseo tomadas de la mano y los niños se abrazan a sus toallas tras zambullirse en el agua. Viejos éxitos del verano hacen estallar los altavoces y algunos se animan a ensayar los pasos típicos de una boda albanesa cuando suena la música tradicional del sur del país. Después de cuatro horas de navegación, entre paradas e imprevistos por el mal tiempo, una grabación en inglés anuncia la llegada a la isla y ofrece dos opciones a los visitantes: quedarse en la playa o recorrer la antigua ciudad militar, que quedó prácticamente deshabitada tras la caída del régimen comunista a principios de los noventa, salvo por una pequeña guarnición militar que sigue presente hasta hoy. Una vieja plataforma sumergida bajo el agua y vestigios enormes de grandes estructuras portuarias dan la bienvenida a un diminuto punto en el mapa que ha quedado congelado en el tiempo.Un territorio codiciadoUna de las primeras cosas que se ve al iniciar el paseo es un viejo taller mecánico con un letrero en italiano en la fachada: “Officina - Supporto tecnico”. No han sido los únicos que han pasado por Sazan. El territorio ha sido codiciado por todos los imperios, gobiernos y regímenes que han pisado la isla. Desde el siglo XIII, los venecianos la consideraron una pieza esencial de sus rutas marítimas, los otomanos instalaron su propia base naval durante los más de 500 años que dominaron Albania, y los británicos y los griegos establecieron sendos protectorados en el siglo XIX. Durante la II Guerra Mundial, la Italia de Mussolini la dominó junto a sus aliados y después la cedió a los nazis. Hacia el final del conflicto, Albania recuperó el control y en el inicio de la Guerra Fría acogió una flota de submarinos soviéticos. Hoxha rompió con la URSS en 1961 y lentamente sometió al país a un aislamiento absoluto. Sazan llegó a ser el punto más remoto del que fuera uno de los países más cerrados del mundo. Ahora está en la mira del imperio inmobiliario vinculado a la familia Trump.Entre el olor que desprenden las higueras y los pinos, el camino principal de grava se abre paso poco a poco alrededor de la cumbre que domina la isla y avanza hacia el sureste de Sazan. Allí se concentran los edificios comunistas de arquitectura brutalista y los rastros que dejaron otros ocupantes de la isla. Un búnker atrapa la atención de un turista francés, que se asoma por un angosto hueco al frente de la estructura de hormigón y acero reforzado, mientras utiliza su teléfono como linterna. Un visitante polaco también se queda impresionado con los domos, que emergen sobre la tierra como si fueran hongos gigantes. La entrada está en la parte posterior, a ras de suelo y a veces protegida por una especie de trincheras o túneles. El espacio del refugio antibombas es estrechísimo, pero el guía asegura que estos modelos podían ser utilizados hasta por tres personas. La hija y el yerno del presidente de Estados Unidos quedaron fascinados cuando conocieron Sazan en el verano de 2021, mientras exploraban las costas vírgenes del pequeño país balcánico en el yate de unos amigos. En ese mismo viaje cenaron con el primer ministro Rama, y a los pocos meses, en otro encuentro informal en el foro de Davos, presentaron al mandatario los primeros bosquejos de lo que querían hacer en la zona. “Aquí es la parte donde se va a construir el proyecto”, asevera uno de los guías, mientras señala una vaguada con vistas sobrecogedoras al mar y una vegetación salvaje desbordante. En marzo de 2024, Kushner reveló en Instagram las primeras imágenes de los lujosos resorts que quería construir en Albania. Uno de los diseños, que proyectan habitaciones de estilo futurista sobre la quebrada, se asemeja mucho al paisaje que está delante, pero el proyecto está rodeado de incógnitas. No se han dado a conocer planos ni dibujos o descripciones precisas de las obras en la isla, abierta al turismo de temporada desde mediados de 2017. Un grupo de turistas visita la cantina donde solían comer oficiales y soldados.Vlasov SulajPresencia de alambre de púas en una de las antiguas instalaciones militares.