La familia Trump cree que el mundo entero es su patio de recreo. Hace cinco años, Jared Kushner, el hombre que está definiendo desde las sombras el futuro de Oriente Medio, navegaba plácidamente en yate por el Mediterráneo con su mujer, Ivanka Trump, y con un amigo multimillonario cuando se toparon con una isla salvaje paradisíaca y deshabitada. Y claro, solo pensaron en hacerse con ella y construir un complejo turístico de lujo para ricos.

“Estábamos en el barco de un amigo, paramos para bañarnos y así la encontramos. Nadamos hasta la isla, dimos un paseo descalzos hasta arriba y nos cautivó. Desde entonces se ha quedado en nosotros”, contaba la semana pasada la hija del presidente en una amable entrevista. “Con el paso de los años, desarrollamos la oportunidad para ayudar a alcanzar su potencial y transformarla, pero con mucho cuidado. Es la culminación de toda mi experiencia en el negocio inmobiliario, de mis viajes y mucha reflexión sobre cómo quiero vivir e intentar construir algo que sea una manifestación tangible de todo eso”. Era la isla de Sazan, en Albania, uno de los países con menos renta per cápita de Europa.

Una noche de aquel viaje de verano de 2021 invitaron al primer ministro de Albania, Edi Rama, al yate y poco después ya estaban discutiendo las posibilidades de inversión. Tres años después, el Gobierno de Albania aprobó el proyecto de Ivanka y Jared en zona protegida y Kushner publicó rápidamente en sus redes imágenes del futuro complejo turístico, tal y como hizo con sus sueños de convertir Gaza en la nueva Riviera.