Lara Villal�n EstambulActualizado Mi�rcoles,
junio
00:07Desde que regresaron al poder en agosto de 2021, los talib�n han consolidado el control territorial y administrativo de Afganist�n, sin apenas enfrentar desaf�os militares significativos. Sin embargo, este poder no se ha traducido en el reconocimiento internacional que el movimiento fundamentalista esperaba. La imagen de los talib�n 2.0 que intentaron vender durante los primeros meses en el poder, proyectando una pol�tica mucho m�s abierta y respetuosa con los derechos humanos, se diluy� r�pidamente, dejando paso al m�s oscuro de los reg�menes, con el robo de pr�cticamente todos los derechos de mujeres y ni�as. Las noticias que emergen del pa�s, filtradas a trav�s de la densa censura impuesta por los talib�n -que han prohibido incluso el acceso a internet-, dibujan un escenario alarmante en el que confluyen la represi�n sistem�tica, el colapso econ�mico y una crisis humanitaria sin precedentes.A principios de junio, las autoridades detuvieron a una treintena de mujeres en la ciudad occidental de Herat por infringir el c�digo de vestimenta, seg�n inform� la misi�n de Naciones Unidas en el pa�s, UNAMA. Su arresto provoc� una inusual protesta de mujeres en las calles de la ciudad, que intentaron denunciar el control cada vez mayor que el r�gimen impone contra la mitad de la poblaci�n. Los talib�n abrieron fuego contra las mujeres, dejando dos muertas y m�s de una decena de heridas.La noticia desat� indignaci�n entre grupos de derechos humanos por la falta de medidas de presi�n internacionales contra el brutal r�gimen afgano. Seg�n la legislaci�n actual, estas manifestantes violaron varias leyes con su protesta, una normativa que se impone s�lo contra mujeres y ni�as, que les proh�be estar en la calle solas sin la presencia de un familiar var�n, mostrar su rostro o hablar en p�blico, al considerar su voz algo que debe ocultarse como los genitales.Las manifestantes heridas no pudieron ser atendidas por m�dicos varones tras otra restricci�n impuesta por los talib�n, que dejar� en una situaci�n cada vez m�s vulnerable a las mujeres, debido a la escasez de sanitarias, ya que no se les permite tampoco el acceso a la universidad. Esta cat�strofe se hizo evidente en junio del a�o pasado, cuando un terremoto de magnitud 6 -que caus� m�s de 2.000 muertos- dej� a un n�mero desconocido de mujeres sepultadas bajo los escombros, que no pudieron ser atendidas ni siquiera en las zonas rurales m�s aisladas del pa�s.Sin v�a de escapeCada decreto emitido por los talib�n en estos �ltimos cinco a�os -m�s de un centenar- ha aislado a�n m�s a las mujeres, prohibi�ndoles incluso asomarse a las ventanas de sus casas o que cualquier transe�nte las pueda ver dentro de sus hogares. Afganist�n es el �nico pa�s del mundo en el que las ni�as no pueden seguir estudiando a partir de los 12 a�os, ni siquiera en centros segregados. El bloqueo de internet ha restringido la ense�anza online, que tambi�n estaba prohibida, a pesar de que muchas profesoras se arriesgaban a seguir trabajando por el futuro de miles de ni�as.La represi�n tambi�n afecta a casi todo el sector laboral, con el 80% de las mujeres afganas expulsadas del mismo, seg�n un informe de ONU Mujeres. Tampoco se les permite trabajar en la administraci�n fuera del ojo p�blico, ni conducir ni tener salones de belleza para atender a otras mujeres, acabando con los pocos espacios de socializaci�n que ten�an fuera de sus hogares. Mujeres y ni�as han sido extirpadas de la sociedad, restringiendo su acceso en parques, gimnasios y cualquier tipo de actividad de ocio.Grupos de derechos humanos claman desde hace un lustro que se tipifique el "apartheid de g�nero" en la ONU, para establecer un marco legal contra la brutalidad talib�n. Uno de sus �ltimos decretos impide casi por completo el divorcio si la mujer lo solicita, aunque su marido la agreda constantemente. La violencia de g�nero est� menos penada que la violencia contra los animales y se ha legalizado el matrimonio infantil, con penas de prisi�n de hasta tres meses contra las ni�as que decidan huir de sus maridos y refugiarse con sus familias.Los talib�n defienden su r�gimen escud�ndose en la ley isl�mica, pese a que activistas afganas han criticado que no tiene nada que ver con la religi�n y que en realidad se trata de medidas para ejercer control sobre la poblaci�n y marginar a las mujeres. El Tribunal Penal Internacional ha intentado perseguir judicialmente al grupo, con �rdenes de detenci�n contra el l�der supremo, Haybatul� Ajundzad�, as� como contra el presidente del Tribunal Supremo afgano, responsable de los decretos contra las mujeres, Abdul Hakim Haqqani. M�s all� de esto, la comunidad internacional ha optado hasta ahora por no reconocer a su Gobierno y aislar al pa�s de la esfera global. Inicialmente, la interrupci�n de la financiaci�n internacional fue el �ltimo empuj�n que derrumb� la econom�a del pa�s, dejando a casi toda la poblaci�n en la pobreza. En Afganist�n, tres de cada cuatro personas no pueden cubrir sus necesidades b�sicas, seg�n Naciones Unidas, con niveles r�cord de hambre que superan los 4,5 millones de personas, m�s de una d�cima parte de la poblaci�n. A ello se a�ade la reciente llegada de decenas de miles de afganos expulsados de pa�ses vecinos, despu�s de que varios gobiernos de la regi�n endurecieran sus pol�ticas migratorias. Muchos de los afganos retornados ni siquiera hab�an vivido en Afganist�n y se han visto forzados a empezar de cero otra vida. La precariedad del pa�s provoca que la comunidad internacional no tenga suficientes herramientas econ�micas para poder ejercer presi�n contra el r�gimen talib�n para que respete los derechos humanos. A pesar de su aislamiento internacional, los fundamentalistas siguen enterrando los derechos de la mitad de la poblaci�n. Y con el paso del tiempo, algunos gobiernos han ignorado su brutalidad en virtud de forjar acuerdos bilaterales. En 2025 fue Rusia quien dio el primer paso para reconocer al Gobierno talib�n. En 2026, podr�a ser la Uni�n Europea. Los fundamentalistas han sido invitados a Bruselas para formular v�as para expulsar a afganos de una veintena de pa�ses miembros.









