Cinco años después de la caída de Kabul y del regreso de los talibanes al poder, 2,4 millones de niñas están privadas de enseñanza secundaria en Afganistán. Son 200.000 más que en 2025 y más de un millón más que en 2024. Las restricciones impuestas por los fundamentalistas han impedido el acceso a un derecho humano fundamental y han revertido dos décadas de avances en la formación de las mujeres, según ha advertido este martes la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que ha publicado un nuevo balance sobre una situación que la ONU califica de apartheid de género. “Cuando las niñas no pueden completar la educación secundaria, pierden cualquier vía de acceso a la educación superior, al empleo cualificado y a la independencia económica, es decir, a algunos de los principales mecanismos de inclusión social”, ha explicado este martes Hoda Jaberian, coordinadora del Programa de Educación en Emergencias de la Unesco, en una rueda de prensa virtual.Las dos décadas anteriores al regreso de los talibanes estuvieron marcadas por un aumento de la presencia de las niñas en las aulas, según el informe El derecho a la educación: ¿qué está en juego en Afganistán? Un balance de 20 años, publicado en 2021. En 2001, representaban menos de uno de cada diez alumnos de primaria; en 2018, ya eran cuatro de cada diez. Tras la intervención internacional de 2001, también subieron las tasas de alfabetización femenina.Pero, ahora, Afganistán es el único país del mundo que prohíbe formalmente el acceso a la educación de las niñas a partir de la escuela primaria. Desde 2022, más de 100.000 mujeres han tenido que dejar también la universidad. “Hoy podemos afirmar que Afganistán afronta simultáneamente una crisis de acceso [a la educación], una crisis de igualdad de género y una crisis de aprendizaje”, ha alertado Jaberian, que ha liderado varias misiones en terreno para verificar la situación de la población femenina. Este es el escalón fundamental de un sistema que trata de borrar a 22 millones de mujeres del espacio público. En los años posteriores al 15 de agosto de 2021, los talibanes las han excluido de la mayoría de trabajos remunerados y empleos públicos, les ha obligado a viajar siempre en compañía un tutor masculino y hasta les ha prohibido hablar o mostrar su rostro en la calle. Algunas mujeres han tratado de resistir con la creación de escuelas clandestinas, clubes de lectura secretos y de programas de televisión educativos emitidos desde el exterior. Pero algunas han pagado un alto precio por defender el derecho a aprender, como es el caso de Amal y Ariana, madre e hija, que viven como fugitivas después de que las autoridades descubrieran el aula que habían instalado en el sótano de su casa para impartir clases de matemáticas, historia, inglés y lengua darí. “Mi madre siempre dice que guardar silencio significa aceptar la injusticia”, le decía Ariana a EL PAÍS, en un reportaje publicado este lunes. La Unesco ha alertado reiteradamente de que, si la prohibición continúa, cerca de cuatro millones de niñas estarán fuera del sistema escolar secundario en el año 2030. El deterioro es vertiginoso en un país que ya acumulaba brechas educativas y de género. En 2019, el 93% de los niños que estaban en edad de cursar la primaria no podían leer un texto sencillo y, en 2022, la tasa de alfabetización en Afganistán era del 37,3% y ya era especialmente baja en las mujeres: solo el 22,6% sabía leer frente al 52,1% de los hombres. Pocas profesorasLas proyecciones de las Unesco indican que, si nada cambia, el país atravesará una escasez de más de 11.000 profesoras cualificadas de aquí a 2030. Esto, como ha advierte Jaberian, será un problema el día que comience la recuperación del sistema educativo. “Se trata de un auténtico círculo vicioso: menos niñas pueden estudiar, menos mujeres pueden convertirse en profesoras o profesionales cualificadas y, poco a poco, el sistema pierde el capital humano que necesita para recuperarse y desempeñar el papel que se espera de él en el futuro”. Además, se calcula que, para 2066, aproximadamente 600.000 afganas podrían abandonar la fuerza laboral. Las pérdidas económicas, agrega la organización, ascenderían a 9.600 millones de dólares (unos 8.300 millones de euros).Otra preocupación de los organismos internacionales es el creciente número de migrantes afganos que retornan desde Pakistán por las políticas de expulsión ordenadas por Islamabad. Entre abril de 2025 y agosto de 2026, han regresado 1,8 millones de personas y, de estas, unas 480.000 son niñas menores de 17 años. Las adolescentes que tenían acceso a la educación secundaria en Pakistán, dejarán de tenerlo al cruzar la frontera. Y las niñas que van a la primaria se encontrarán con un sistema al límite. “Estos movimientos ejercen una presión adicional sobre un sistema educativo que ya se encuentra saturado: escuelas masificadas, infraestructuras inadecuadas o inseguras para el aprendizaje y una escasez de docentes con la formación y las capacidades necesarias para garantizar una educación de calidad”, ha descrito Jaberian.