NoticiaLa Unesco estima que 2,4 millones de niñas afganas no pueden estudiar por el veto talibán. Sus padres buscan alternativas para seguir educándolas.Afganistán es el único país del mundo donde la educación secundaria y superior está estrictamente prohibida para niñas y mujeres. Foto: AFP11.08.2026 12:55 Actualizado: 11.08.2026 12:55

Según estimaciones de la Unesco, alrededor de 2,4 millones de jóvenes afganas permanecen privadas de la educación secundaria desde que los talibanes regresaron al poder hace cinco años. En 2026, el número de niñas afectadas aumentó en 200.000 respecto a 2025 y, "si la prohibición persiste, cerca de cuatro millones de niñas podrían verse privadas de ella de aquí a 2030", advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en un nuevo informe."Estas restricciones hacen desaparecer dos décadas de avances en materia de acceso a la educación", señala el reporte, que recuerda que, en 2001, cuando cayó el primer régimen talibán tras la intervención estadounidense, el número de niñas escolarizadas en secundaria era todavía muy reducido. Dos décadas después, esa cifra había alcanzado el millón.Estas restricciones hacen desaparecer dos décadas de avances en materia de acceso a la educación. Foto:AFP"Las mujeres y las niñas afganas tienen derecho a aprender; es un derecho humano fundamental. Tienen derecho a trabajar. Deben disfrutar de libertad de movimiento, sin verse obligadas a estar acompañadas o vigiladas, ni sufrir prohibiciones dentro de sus comunidades", afirmó Hoda Jaberian, coordinadora de programas de educación en situaciones de emergencia. "La Unesco condena una vez más las discriminaciones contra las mujeres y las niñas y pide el restablecimiento inmediato e incondicional de su derecho a la educación", añadió Jaberian, quien instó "al mundo a no mirar hacia otro lado".Afganistán es el único país del mundo donde la educación secundaria y superior está estrictamente prohibida para niñas y mujeres, recuerda la organización. No obstante, estas discriminaciones forman parte de una crisis educativa más amplia que afecta a ambos géneros.Más del 90 % de los niños de diez años no saben leer un texto sencillo. Foto:AFPSegún la Unesco, más de la mitad de los niños y niñas en edad de asistir a la escuela primaria están completamente fuera del sistema educativo y más del 90 % de los niños de diez años no saben leer un texto sencillo. En este contexto, la organización advierte que las prohibiciones sobre la educación de las niñas también tendrán consecuencias económicas de largo plazo, pues podrían traducirse en una pérdida acumulada de ingresos estimada en 9.600 millones de dólares de aquí a 2066 para un país que ya atraviesa una grave crisis económica.Mientras tanto, las autoridades talibanas aseguran que las restricciones responden a la aplicación de la ley islámica y sostienen que se trata de una prohibición temporal. Pero incluso dentro de una sociedad profundamente religiosa hay quienes cuestionan esa justificación. "Nunca encontrarás en el Corán que la educación esté reservada a los hombres", defiende Mohammad, un hombre muy devoto que rechaza ese argumento, al igual que otros padres musulmanes que aceptaron hablar con AFP bajo condición de anonimato.95 % de hombres afganos en zonas urbanas consideran importante que las niñas reciban educación. Foto:AFPUna encuesta realizada en 2025 por ONU Mujeres muestra, además, que el 95 % de los hombres afganos en zonas urbanas y el 87 % en áreas rurales consideran importante que las niñas puedan recibir educación secundaria. "Como afgano, hombre y padre, quiero decir que nuestras hijas deberían poder continuar su educación y, sobre todo, elegir lo que quieren ser en el futuro. Es su derecho", confía uno de ellos, Nassir.Sin embargo, el veto talibán también alcanza a los hombres que se atreven a cuestionarlo. Quienes han defendido públicamente el derecho de las niñas a estudiar han sido encarcelados, mientras que aquellos que aceptaron contar sus historias describen un sentimiento de desesperación, el llanto a escondidas y noches sin dormir ante la impotencia de no encontrar una salida para sus hijas adolescentes, privadas de educación por decisión de las autoridades talibanas.Quienes han defendido públicamente el derecho de las niñas a estudiar han sido encarcelados. Foto:AFP‘¿Cuándo nos marchamos?’Ahmad, de 40 años, es padre de cuatro niñas, de 12, 10, 8 y 2 años, y un niño. Ingeniero y casado con una profesora de matemáticas que ya no puede impartir clases, jamás habría imaginado que sus hijas "terminaran siendo analfabetas", afirma. "En el siglo XXI, acabar solo la escuela primaria es como ser analfabeto", añade.Por eso, él y su esposa quieren exiliarse. Ex empleado de organizaciones internacionales, Ahmad ha solicitado visados en Suecia, Dinamarca y Alemania, pero fue en vano. Si bien los países europeos denuncian las restricciones impuestas a las mujeres, conceden muy pocos visados a los afganos, que se quedan con la única opción de un viaje clandestino "demasiado arriesgado".Los cursos en línea son caros, unos 1.500 dólares anuales, que superan los salarios convencionales. Foto:AFPSus hijas no saben que sus padres están perdiendo la esperanza. "Todos los días nos preguntan: '¿Cuándo nos marchamos?'". Un visado para Estados Unidos iba por buen camino hasta que el presidente Donald Trump congeló todas las peticiones. "Cada día, cada noche, mi mujer y yo vemos acercarse el momento en que nuestras hijas tendrán que quedarse en casa", relata.En la ciudad del norte donde viven no hay ninguna escuela clandestina, que ellos sepan. Los cursos en línea son caros, unos 1.500 dólares anuales, mientras que el salario de Ahmad es de 2.400. En cinco meses, su hija mayor debería terminar la primaria, pero antes de los exámenes de mitad de curso se rompió una extremidad, con lo que su graduación corre peligro."Estaba triste, pero le dije: 'Si repites curso, será una oportunidad para ir un año más al colegio'".La congelación de visas en EE. UU. también afectó los procesos migratorios de algunas familias. Foto:AFPEl riesgo de las escuelas clandestinasAntes de que los talibanes impusieran la prohibición, Mohammad, de 42 años, médico de una pequeña localicdad en la provincia de Kabul, pensaba en enviar a sus hijas a las mejores facultades. Tiene dos hijas, de 14 y 12 años, y dos hijos. "Necesitamos a las mujeres para el desarrollo (del país), no solo en el hogar", protesta.Desde que se implementó la prohibición en 2022, busca la manera de esquivarla. Sus hijas están ahora en el último año de primaria, porque la mayor empezó su ciclo más tarde.Por ejemplo, ha pensado en enviarlas a Pakistán con unos familiares, pero la posibilidad quedó descartada después de que los dos países se enzarzaran en un conflicto y la frontera terrestre quedara bloqueada. Contratar profesores a domicilio tampoco era una opción porque resultaba muy costoso."Nunca encontrarás en el Corán que la educación esté reservada a los hombres", defiende Mohammad. Foto:AFPEntonces apareció un rayo de esperanza: un conocido le habló de una escuela que, de forma clandestina, enseña materias generales además de programas religiosos. "Es una escuela privada", explica. Cuesta "unos 10.000 afganis (unos 150 dólares) al mes para dos alumnas".El centro no expide ningún título y existen riesgos si las autoridades realizan una inspección. "No quisiera que mis hijas sean puestas bajo custodia", reconoce. Aun así, ha decidido asumir el riesgo, pues "lo más importante es que sigan aprendiendo". "Algún día", el título llegará, espera.Otros antídotos a la prohibiciónN., de 35 años, es padre de una niña de 12 años y de tres niños. Habla de su hija con orgullo: "Mi hija está muy interesada en la astronomía. Recientemente hizo un collage para representar el sistema solar". Un día, ella le preguntó por la gravedad y él le respondió: "Ya aprenderás eso más adelante". "¿Cómo, si no puedo seguir estudiando?", respondió la niña, que está en el último año de primaria.Gracias a haberse mudado a Kabul, la niña ganó algo de tiempo. En Kandahar, donde vivían antes y que es un bastión del movimiento talibán, algunas escuelas excluyen a las niñas incluso antes de terminar la primaria si las consideran demasiado altas, relata N.Ahora, la familia explora otras opciones para evitar que la niña deje de estudiar. Escuela clandestina, cursos de diseño o informática en línea: los padres intentan encontrar un 'andídoto' el veneno de la prohibición, en medio de una vida cotidiana marcada por la escasez de trabajo y el desmoronamiento de la ayuda internacional.Sin embargo, esas soluciones que tiene a su alcance podrían no durar. "Hoy tengo trabajo y puedo pagar los estudios de mis hijos, pero las oportunidades se reducen y podría dejar de poder hacerlo. Por supuesto, mi hija no sabe que existe ese otro motivo de estrés para nosotros", confiesa.‘Este régimen no quiere gente educada’Nassir, de 47 años, recuerda el último día de primaria de su hija pequeña. "Mi hija y todas sus compañeras de clase estaban de mal humor, fue trágico", dice este empleado administrativo, padre de dos niñas, de 12 y 15 años, y de un niño. Años atrás había pasado por el mismo mal trago con su hija mayor.Él y su esposa, que es profesora, han recuperado libros de secundaria y ayudan a sus hijas a seguir estudiando en casa. No han encontrado plaza en cursos en línea asequibles y la enseñanza de las madrasas, centros de enseñanza islámica que pueden admitir a niñas más allá de la primaria, no se corresponde con sus valores.En la biblioteca, de la que están orgullosos, exhiben junto a los libros los trofeos de excelencia de primaria que ganaron sus hijas. Ellas muestran sus cuadernos y hablan en inglés. Entre semana, los padres mantienen una disciplina estricta: "Acostarse temprano, levantarse a la misma hora que si tuvieran que ir a la escuela".A solas en el salón, Nassir confía que la pequeña "está deprimida y a veces no tiene fuerzas para seguir estudiando sola". Para amortiguar el choque, le regala novelas porque ella adora leer.Las niñas también dan clases de apoyo escolar a los niños del edificio y, desde hace poco, siguen algunas clases generales fuera, clandestinamente. En medio de esas estrategias para mantenerlas vinculadas al estudio, Nassir no oculta su frustración."Este régimen no quiere gente educada", suspira. "¿Cuándo volveremos a una vida normal?"Con información de AFP* Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.