Simpatizantes del candidato a la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella celebran este domingo, en Cali. Foto: EFE/ Ernesto Guzmán La victoria del candidato de derecha y ‘outsider’ Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales de Colombia, con un margen de apenas 1,01% sobre su rival de izquierda, no es simplemente un resultado electoral más en el convulso mapa político latinoamericano. Es el cuarto eslabón de una cadena que ya nadie puede ignorar: Chile, Bolivia, Perú y ahora Colombia han girado, en secuencia, alejándose del ciclo progresista que dominó la región en los últimos años. Leerlo como ola ideológica homogénea sería un error. Lo que estos electorados han producido es algo más preciso y más inquietante para la izquierda regional: una sentencia acumulada, país por país, sobre un modelo que prometió transformación y entregó profundas y caóticas crisis. Seguir temas
“No es una ola, es un veredicto”, por Irma Montes Patiño
Los últimos resultados electorales en Colombia, Perú, Chile y Bolivia, además de alejarlos del ciclo progresista, han castigado la incompetencia, la corrupción y el clientelismo progresivo; los nuevos gobiernos en esos cuatro países -dos de ellos ya instalados- tienen el mandato de no ser lo anterior y la misión de construir la legitimidad de ser algo propio











