El candidato outsider Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,74% de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia —más de diez millones de sufragios—, posicionándose como el favorito para acceder a la Casa de Nariño. En segundo lugar quedó el oficialista Iván Cepeda, respaldado por el presidente Gustavo Petro. Dado que ningún aspirante superó el umbral del 50%, los colombianos deberán retornar a las urnas el próximo 21 de junio para dirimir la contienda en segunda vuelta.
Colombia ha transitado las últimas décadas como un péndulo político de notable amplitud. Fue gobernada por la élite rural con Álvaro Uribe, de centroderecha; luego por la élite tecnocrática con Juan Manuel Santos, quien suscribió un acuerdo de paz de cumplimiento parcial y controvertido; posteriormente llegó Iván Duque, cuyo mandato culminó con un estallido social que dejó 84 muertos. Finalmente, con Gustavo Petro —de pasado guerrillero— la izquierda alcanzó por primera vez el poder ejecutivo. Ese péndulo, sin embargo, no se detuvo: apenas invirtió su dirección.
Sorprende que muchos insistan en calificar de inesperado el fenómeno outsider colombiano. A esta altura del ciclo político latinoamericano, no debería sorprender a nadie. Donald Trump gobierna los Estados Unidos por segunda vez; Jair Bolsonaro llegó al poder en Brasil en 2018; Nayib Bukele triunfó en El Salvador en 2019; Javier Milei se impuso en Argentina en 2023; José Antonio Kast de la derecha radical chilena gobierna su país desde este 2026.








