China ha conquistado por primera vez desde 2017 el trono de la supercomputación mundial gracias a su nuevo sistema LineShine, ubicado en el Centro Nacional de Computación de Shenzhen. Así lo desvela la última lista TOP500, referencia mundial del sector.El hecho cobra especial relevancia en el marco de la carrera tecnológica global. Porque los chinos han superado a su rival histórico, el estadounidenseEl Capitán, el supercomputador del Gobierno norteamericano que se utiliza para la gestión de su arsenal nuclear. El sorpasso , además, es de gran magnitud porque LineShine ahora tiene hasta un 20% más en términos de potencia.El verdadero logro de LineShine no es solo su velocidad de procesamiento de 2,198 Exaflops (más de dos millones de billones de operaciones matemáticas por segundo), sino cómo se ha conseguido.No hay que olvidar que estamos en una situación geopolítica marcada por severas restricciones de exportación impuestas por Estados Unidos a los semiconductores avanzados. En lugar de frenar la innovación, Pekín ha decidido hacerla por su cuenta. Es la otra cara de los vetos comerciales, que potencian la investigación doméstica. China ha diseñado este supercomputador utilizando exclusivamente tecnología propia made in China . Como dijo Jimmy Goodrich, del Institute for Global Conflict and Cooperation de la Universidad de California, “mediante este ordenador China espera convencer al mundo de que los controles de exportación son inútiles”.No obstante, hay que poner este logro en su contexto. Sí, China ha sido capaz de alcanzar la autosuficiencia en computación de alto rendimiento, pero utilizando lo que técnicamente se llama CPU, una unidad central de procesamiento.La arquitectura china usa tecnología base al no tener acceso a la más avanzada de EE.UU., que sirve para la IASi recurriéramos a una metáfora, es como si LineShine usara a varios genios matemáticos que resuelven problemas científicos profundos, pero que solo tienen dos manos y hacen una tarea compleja a la vez. Esta habilidad es la que mide el ranking TOP500, que simula retos que se solucionan de forma lineal y secuencial. LineShine, en este campo, es imbatible.Sin embargo, Microsoft, Google o Amazon construyen a su vez sus supercomputadores modernos llenándolos de tarjetas gráficas (GPUs) de última generación porque la IA requiere procesar billones de datos de forma simultánea, mediante la computación en paralelo.Con esta otra arquitectura, es como tener a un ejército de estudiantes especializados donde cada miembro no puede resolver el problema completo por sí solo, sino únicamente una pequeña fracción. La clave está en que, al sumar sus esfuerzos de forma simultánea, logran el resultado mucho más rápido que un genio solitario.El matiz es esencial, porque esta segunda modalidad, que no han seguido los chinos a causa de las restricciones comerciales (al no poder disponer de los chips estadounidenses de AMD o Nvidia), es la que se necesita para entrenar modelos de lenguaje de la Inteligencia Artificial.De manera que China ha demostrado con LineShine haber conseguido un músculo inmenso en hardware propio, pero esquivando el terreno donde hoy se libra la batalla tecnológica del futuro. “Si las grandes empresas tecnológicas de la nube ( hyperscalers ) presentaran sus propios sistemas a la lista TOP500, este líder mundial de China ni siquiera lograría entrar en el top five ”, declaró Goodrich.Por primera vez desde 2017, Pekín lidera la potencia de computación pública mundial“No hay que olvidar que la lista TOP500 mide los centros públicos, pero las empresas privadas pueden conseguir resultados muy superiores”, apunta Antonio Rubio, investigador de la UPC. “China aún no está en la cima de la montaña, pero ya está en la parte alta. Y lo ha conseguido mediante mucho dinero, apoyo público y con talento, y sin poder disponer la tecnología más moderna. Esto le da a su logro mucho más mérito todavía”, subraya.¿Y dónde queda en esta pugna el Barcelona Supercomputing Center? El ordenador MareNostrum se encuentra en la posición número 16 del mundo en este mencionado ranking. Pero hay que destacar que la instalación barcelonesa, al contrario que el nuevo líder chino, se diseñó desde el primer día con una arquitectura híbrida de última generación, con los chips de Nvidia, lo que le sitúa como un sistema más optimizado para liderar el entrenamiento de modelos de lenguaje e Inteligencia Artificial en Europa. “Además, en Barcelona se ha apostado por la computación cuántica. Y el MareNostrum está en mejora y evolución constante”, recuerda Rubio. Una carrera a toda máquina.En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.
China arrebata a EE.UU. el trono del supercomputador más rápido del mundo
El sistema LineShine usa circuitos integrados fabricados en el propio país










