Un año después del debate tras el ‘caso Cerdán’ en el que pidió perdón y admitió que pensó en dimitir, el presidente cambia de estrategia y busca poner el foco en Ayuso
Hace casi un año, Pedro Sánchez vivía su momento más bajo. Su supervivencia política estaba por primera vez en riesgo real tras el mazazo del caso Cerdán, que le dejó completamente desnudo. Fue el presidente quien decidió nombrar y defender a su secretario de Organización hasta el final, incluso cuando ya había muchas sospechas sobre él. Y la caída fue durísima. Sus socios incluso amenazaron con tumbarlo si había cualquier rastro de financiación ilegal. Él admitió que pensó en dimitir ante el desastre no solo de nombrar sino de mantener contra viento y marea a Cerdán, a quien creyó hasta el último momento, tanto que con su caída se dejó enormes jirones de credibilidad.
Pero cuando más bajo estaba, Sánchez convocó un pleno en el Congreso, pidió perdón, anunció un gran paquete de medidas anticorrupción —la mayoría aún están en tramitación o bloqueadas— y logró una imagen muy distinta a la esperada: se vio que la oposición no tenía fuerza para tumbarlo y que los socios aguantaban. Fue una especie de cuestión de confianza no oficial, y logró superarla.














