Bajo el impulso del nuevo marco regulatorio y la presi�n de los inversores, que ya no s�lo miran el beneficio, el comportamiento tributario se consolida como un activo cr�tico para el tejido empresarial.En las plantas nobles de las grandes corporaciones, el lenguaje ha cambiado. Lo que antes era un asunto estrictamente t�cnico, confinado a los departamentos fiscales y centrado en la optimizaci�n de costes, se ha transformado en el nuevo "coraz�n" de la estrategia de sostenibilidad. La fiscalidad ha irrumpido con fuerza en los consejos de administraci�n, no ya como una obligaci�n administrativa, sino como una prueba de fuego para los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza). El escrutinio es total: desde el regulador hasta el inversor, pasando por una sociedad que exige saber no s�lo cu�nto se paga, sino d�nde y por qu�.As� lo afirman Nuria Redondo, Global Tax Transparency Services Leader y socia responsable de Global Compliance & Reporting de EY Abogados, y Teresa Cord�n, socia de Global Compliance & Reporting y Tax Transparency Services de la firma, quienes se�alan que "la fiscalidad ha pasado en pocos a�os de tener un papel residual en el �mbito ESG a convertirse en un elemento claramente estrat�gico en la toma de decisiones empresariales". As�, ya no basta con atender a los llamados impuestos verdes, sino que la materia abarca un cada vez mayor n�mero de ramas.Esta metamorfosis se apoya en el peso creciente de los pilares social y de gobernanza. Alberto Castilla, socio responsable de Sostenibilidad de EY, subraya que "el comportamiento fiscal responsable es clave" y que la fiscalidad se est� consolidando como un "indicador fundamental de la contribuci�n de las empresas al desarrollo de la sociedad". Desde el punto de vista de los inversores, Castilla se�ala que estos ya no s�lo miran el beneficio neto, sino factores como "el nivel de tributaci�n efectiva, la brecha entre el tipo efectivo y el nominal o la coherencia entre los impuestos pagados y la actividad econ�mica real".Esta visi�n es compartida por Jorge Mart�n Girola, socio de Fiscal de Deloitte Legal, quien sostiene que "la vertiente tributaria est� siendo cada vez m�s protagonista en el entorno decisorio empresarial". En su opini�n, los �rganos de gobierno ya no pueden ignorar "el impacto que los cambios en materia tributaria medioambiental pueden tener en la rentabilidad del grupo" ni el "da�o reputacional que podr�a ocasionarse por la imposici�n de una sanci�n relevante".El marco normativo europeo, con la Directiva CSRD y las Normas Europeas de Informaci�n de Sostenibilidad (NEIS) a la cabeza, ha acelerado este proceso. Aunque estas normas no imponen un listado exhaustivo de impuestos a reportar, s� obligan a un ejercicio de honestidad corporativa: el an�lisis de la "doble materialidad", el principio que obliga a las empresas a evaluar su sostenibilidad desde la perspectiva del impacto del entorno en el negocio y, en paralelo, del de su propia actividad en el entorno, y que es una de las bases de la normativa vigente.Para las empresas, esto supone abordar el impacto en tres niveles. En primer lugar, la "generaci�n de valor y confianza", ya que una estrategia alineada con el prop�sito corporativo "refuerza la credibilidad ante inversores, reguladores y sociedad, consolidando la licencia social para operar".Por otro lado, los expertos se�alan la "gesti�n de riesgos y resiliencia", dado que una gobernanza s�lida "reduce la exposici�n a controversias, litigios o pr�cticas agresivas"En tercer lugar se encuentra la "contribuci�n al entorno", donde la transparencia permite visualizar la "contribuci�n real de la empresa a las econom�as en las que opera".Sin embargo, no todas las empresas est�n avanzando al mismo ritmo. Mart�n Girola observa que "las compa��as est�n yendo a distintas velocidades". As�, mientras que algunas han sido "pioneras anticipando la incorporaci�n de la vertiente tributaria en los an�lisis de doble materialidad", otras a�n prefieren poner el foco de "en otras �reas en sus memorias de sostenibilidad corporativa".El inversor, juezEn este entorno, el mercado de capitales ha dejado de ser un espectador pasivo. Los inversores con enfoque ESG han elevado sus est�ndares. Seg�n explican las socias de EY Abogados, "la fiscalidad ha dejado de entenderse �nicamente como un coste a reducir para convertirse en un indicador de la calidad de la gobernanza corporativa".En este sentido, muchos grandes fondos ya han dejado claro que esperan que las empresas adopten "pol�ticas fiscales adecuadas y prudentes" y que sean transparentes sobre d�nde generan valor, pues consideran que "un comportamiento fiscal agresivo puede exponer a los inversores a riesgos reputacionales y financieros".Mart�n Girola coincide en que, con el tiempo, se est� priorizando tanto la "accesibilidad como la granularidad de las estrategias fiscales". Como esta pr�ctica se est� consolidando, "las exigencias tanto en materia de gobernanza fiscal como de transparencia se van elevando en consonancia".En un contexto donde los criterios de sostenibilidad se han convertido en un elemento fundamental para las compañías, la transparencia fiscal es una de las grandes "palancas diferenciales en la reputación corporativa", ante la sospecha de que las grandes empresas tienen algo que ocultar cuando las cifras publicadas no coinciden con sus resultados financieros, según explican Nuria Redondo y Teresa Cordón, socias de Global Compliance & Reporting de EY Abogados.Por su parte, Jorge Martín Girola, socio de Fiscal de Deloitte Legal, apunta que la transparencia es el "canal de comunicación para que las organizaciones trasladen y describan a sus partes interesadas su estrategia en materia de gobernanza fiscal"La materialización de este compromiso, además, comienza a abarcar medidas que van más allá de lo legal. Si bien algunas compañías se limitan a cumplir con las exigencias de divulgación, el fiscalista destaca que las organizaciones punteras están realizando un "ejercicio voluntario" que incluye describir los sistemas de compliance, los riesgos fiscales y los asuntos tratados por los órganos de decisión.En definitiva, la integración del área fiscal de las grandes empresas con la financiera y la de sostenibilidad "refuerza la credibilidad y el valor a largo plazo de las empresas, al alinear su conducta fiscal con las expectativas de sus accionistas y de la sociedad", dicen a EXPANSIÓN Redondo y Cordón.