23 de junio, 2026 - 08h01Si bien todos nos equivocamos o tropezamos, las reacciones emocionales pueden ser distintas. Como lo señala la psicología, en el modelo Kübler-Ross, las emociones no son ordenadas ni predecibles; más bien son un terreno caótico. En el proceso de entender ese caos, se sugiere que atravesamos varias fases. La primera produce un choque y hasta cierto punto una incredulidad. La segunda es una fase de reacción; podría expresarse en resistencia e indignación. En la tercera buscamos negociar con la situación. En la cuarta aún estamos desorganizados. En la quinta, finalmente aceptamos la situación y tenemos el potencial de cambiar la organización de las cosas. Y aunque somos adultos y muy profesionales, existen momentos en que todo parece cuesta arriba: la vida individual, la familiar y las tareas cotidianas. Pero las actividades no esperan; la gente continúa demandando nuestras respuestas y la presión exige educarnos para gestionar las emociones y el tema de las decisiones.Por ejemplo, entre las tareas del profesorado universitario está la producción científica y la mayoría de los académicos atravesamos un doloroso viaje psicológico antes de que nuestro trabajo se consolide. Está marcado por fracasos de los que nunca se habla, pero sería saludable comentarlos para aportar a nuevas generaciones. Así, cuando tras varios años de trabajo finalmente se produce un libro y aquel es rechazado por asuntos de forma, seguro aparece una suerte de indignación porque el esfuerzo gigante se ve cuestionado. No obstante, en la cultura universitaria el uso del lenguaje mesurado, cordial y la aceptación de las señalaciones de los errores exigen un agradecimiento a quien revisa las fallas.También así es la vida: no siempre las cosas salen como las esperamos y enojarnos es parte de ese caos emocional. Sugiero que le demos espacio; pero, al ser el enojo una emoción que puede causar daño, es importante la gestión adecuada. El enojo pasará o debe pasar; posteriormente, se miran los puntos en que se ha fallado. Si todo sale bien, luego de la tormenta vendrá la calma, se acogerán las observaciones y se seguirá adelante. De todas formas, aprendemos más de los errores que de los aciertos. A largo plazo agradecemos a quienes nos señalaron los aspectos por mejorar. Démonos tiempo para observar las emociones que surgen. Particularmente, me funcionó centrarme en la solución, en responder a la pregunta: ¿cómo lo soluciono? Mentiría si digo que las emociones desaparecen, pero sí puedo afirmar que he sentido que se transforman en energía transformadora.Así que esta reflexión la dedico a los investigadores y académicos jóvenes cuya labor silenciosa deberá atravesar momentos dolorosos para consolidarse como miembros de la comunidad científica. Porque la gran comunidad universitaria internacional no es un terreno suave o fácil, pero tampoco imposible. Así lo es la vida misma. En las familias quisiéramos que todos estén felices; no obstante, las experiencias cotidianas pueden enfrentarnos a desafíos dolorosos. Sugiero que no evitemos los problemas o reneguemos de ellos, sino que los observemos y nos centremos en la solución. (O)
Judith Pinos Montenegro: Esas emociones | Columnistas | Opinión
Sugiero que no evitemos los problemas o reneguemos de ellos, sino que los observemos y nos centremos en la solución.









