23/06/2026 05:00 Actualizado a 23/06/2026 07:12 La mayor amenaza para el PSOE, y en paralelo para el PSPV, es que se instale en una parte de su electorado una profunda decepción por los casos de corrupción que afectan al partido. Una decepción que podría traducirse, llegado el momento, en desmovilización electoral o en la búsqueda de alternativas dentro del espacio progresista. Es una hipótesis que ya empiezan a reflejar algunas encuestas y que ha dejado señales preocupantes en recientes procesos autonómicos celebrados en Extremadura, Aragón, Castilla-León y, peor aún, en Andalucía. En la Comunidad Valenciana resulta todavía difícil medir el alcance de ese desgaste, aunque varios sondeos ya apuntan a una pérdida de expectativas electorales socialistas y a una transferencia de votos hacia Compromís, sin que ambos, de momento, puedan superar al bloque del PP y Vox.La ministra de Ciencia, Diana Morant, con el presidente del GobiernoEfeEl problema para el PSPV es que concurren circunstancias adicionales. El mayor escándalo de corrupción que ha golpeado al PSOE en los últimos años tiene como protagonista al valenciano José Luis Ábalos, que durante mucho tiempo fue uno de los dirigentes más influyentes del socialismo valenciano y, no lo olvidemos, número dos al Congreso por Valencia en las elecciones del 23J. A ello se suma que Diana Morant ha emergido en las últimas semanas como una de las defensoras más firmes tanto de Pedro Sánchez como de José Luis Rodríguez Zapatero, cuya imagen pública ha quedado erosionada por las informaciones judiciales conocidas y por el impacto que determinados elementos del caso (como las joyas) han tenido en la opinión pública. Son argumentos que el PP valenciano ya utiliza de forma sistemática en su estrategia de ataques a Diana Morant.Una de las características de la actual situación socialista es la escasa contestación interna. Más allá de Emiliano García-Page, que en ocasiones parece estar en otro partido, pocos dirigentes relevantes han cuestionado públicamente la estrategia de la dirección federal. En el PSPV sucede algo parecido. Se ha instalado una aparente calma que algunos interpretan como disciplina y otros como temor. Sin embargo, en privado son varios los dirigentes que admiten la preocupación por el escenario que dibujan las encuestas y por la dificultad de afrontar una futura campaña autonómica con un proyecto excesivamente vinculado a los acontecimientos que se producen en Madrid.Porque ese es, probablemente, el principal riesgo. El PSPV ha cerrado filas con el Gobierno y con Pedro Sánchez (y con Zapatero), una posición comprensible en un contexto marcado por investigaciones judiciales y por una fuerte confrontación política. Pero esa estrategia también ha estrechado su margen de autonomía y su capacidad para tener una respuesta propia. Hasta el punto de que el destino electoral de los socialistas valencianos parece depender cada vez más de la evolución de la situación política nacional, algo que siempre ha sido determinante pero que ahora se ha consolidado hasta trasladar una imagen excesivamente dependiente de Ferraz.Quizá por eso los sondeos no reflejan una mejora de las expectativas del PSPV. Y resulta llamativo que, pese a atravesar el PP uno de sus momentos más delicados desde la etapa del caso Gürtel y afrontar además el desgaste derivado de la gestión de la dana, el PSPV no consiga despegar en los sondeos. Algunos dirigentes socialistas encuentran incluso cierto consuelo en que una parte de su electorado se refugie en Compromís, como si ese desplazamiento fuera menos dañino; un conformismo nunca conocido antes en el socialismo valenciano. Pero esa lectura encierra un riesgo evidente: asumir como normal la posibilidad de dejar de ser la principal fuerza de la izquierda valenciana.La cuestión de fondo no es únicamente la corrupción que afecta al PSOE ni el desgaste de Pedro Sánchez. El verdadero problema es que el PSPV sigue sin haber definido con claridad un relato propio para la Comunidad Valenciana, lo que antaño se conocía en esta formación como “un projecte de país”. La financiación autonómica, la vivienda, la sanidad, la reconstrucción tras la dana o el modelo económico valenciano deberían constituir los ejes de una propuesta diferenciada que sigue sometida a la estrategia marcada desde Ferraz. En otras palabras, el debate político continúa girando alrededor de Madrid.Pedro Sánchez afrontará en los próximos meses una etapa decisiva. Desde La Moncloa se sostiene que existe una ofensiva política, judicial y mediática contra el Gobierno. Es una tesis que comparte una parte de la izquierda y que encuentra argumentos en algunos procedimientos abiertos como la inexplicable instrucción contra Begoña Gómez. Pero, al margen de cuál sea la evolución de esos casos, el PSPV necesita responder a una pregunta mucho más inmediata: qué proyecto ofrece para los valencianos.Ni la defensa permanente de Sánchez ni la denuncia diaria de Carlos Mazón y de la actuación de Pérez Llorca parecen suficientes para revertir la tendencia que reflejan las encuestas. La partida decisiva se juega en otro terreno. Se juega en la credibilidad de las propuestas, en la defensa de los servicios públicos (la huelga del profesorado es el mejor ejemplo) y en la capacidad de construir una agenda valenciana reconocible. Y da la sensación de que, en ese ámbito, Compromís ha entendido mejor dónde se encuentra hoy el espacio político en el que debe establecerse el combate. El PSPV, sin embargo, tiene aún otras prioridades.Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991