El 23 de junio del 2016, en su casa de Hertfordshire, en el este de Inglaterra, el agricultor Robert Law recuerda haber subido el volumen de la radio para escuchar el recuento de votos. “No nos lo podíamos creer. La vida fuera de la Unión Europea por fin había llegado”. Robert era adolescente cuando el Reino Unido se incorporó a la UE –entonces la Comunidad Económica Europea–. Cuarenta y tres años después, escuchó desde su cocina cómo se anunciaba que el 52% de los británicos, él incluido, había votado a favor de abandonar la Unión Europea bajo el gobierno conservador de David Cameron.Resentimiento, desafío y arrepentimiento. Estas son algunas de las emociones que sienten los partidarios del Brexit diez años después. Desde La Vanguardia hemos hablado con votantes del Leave de cuatro sectores clave que respaldaron la salida de la UE. A través de sus historias reconstruimos las esperanzas, los temores y las promesas que impulsaron ese 52% favorable al Brexit. ¿Qué esperaban conseguir? ¿Qué promesas se han cumplido? ¿Volverían a votar lo mismo hoy?Para Robert Law ya no tiene sentido seguir dándole vueltas al Brexit. Tras 45 años trabajando en el campo en Hertfordshire, asegura que la única opción es “seguir adelante y hacer el mejor trabajo posible”. Como muchos agricultores, Law votó a favor de salir de la UE porque se sentía abandonado. La agricultura siempre había sido una profesión dura, explica, pero en el 2016 tenía la sensación de que todas las decisiones las tomaban políticos que nunca habían pisado un campo. Había demasiada burocracia, demasiadas regulaciones y muy poco apoyo. Cuando Boris Johnson dijo a los agricultores que debían “recuperar el control”, muchos de ellos, afirma, quisieron creerle.La escasez de mano de obra golpeó las explotaciones agrícolas casi de inmediato, y a su vez creó nuevas barreras comerciales y recortes de subvenciones. En febrero de 2026, las exportaciones agrícolas británicas a la UE habían caído casi un 40%. Casi diez años después, Robert sigue sintiéndose traicionado, aunque asegura que “no queda otra que seguir adelante”.Lee tambiénA las cinco de la mañana, Martin Bridges solía abandonar el histórico puerto pesquero de Grimsby, para faenar marisco. Después de tres décadas como patrón, hoy trabaja en tierra firme en el mercado de pescado de la ciudad.En el 2016, Bridges formó parte del 92% de pescadores británicos que votaron a favor de abandonar la UE. Casi una década después, Martin asegura no arrepentirse, “fue correcta la decisión de salir, pero los políticos lo estropearon”, afirma, repartiendo culpas entre ambos lados del Parlamento británico.El Brexit no ha sido fácil para el sector. Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta hoy la flota de Grimsby es la falta de tripulación. “Cuesta encontrar tripulantes locales. Ahora se ve a muchos marineros de fuera de la UE, sobre todo filipinos. Muy buenos chicos”, explica.Con el nuevo acuerdo comercial posterior al Brexit, los pescadores han tenido que enfrentarse a más papeleo relacionado con licencias de embarcaciones, nuevas barreras comerciales con la UE y mayores costes de exportación. Los expertos también han señalado que los actuales problemas de sobrepesca de bacalao en aguas británicas ha sido uno de los daños colaterales del Brexit.“La decisión de salir fue correcta –dice Martin Bridges– pero los políticos lo estropearon”Aun así, Bridges sigue convencido de que abandonar la UE fue la decisión correcta. Toda su familia votó Leave y, asegura, no conoce a nadie que se arrepienta. Cuando se le pide resumir sus sentimientos hacia el Brexit, recurre a una de sus citas favoritas de Margaret Thatcher: “Los socialistas son muy buenos gastando el dinero de los demás”.En el 2016, Lucy Wilson votó a favor del Brexit. Enfermera en Lincoln, en la región de East Midlands, temía que el aumento de la inmigración presionaría los servicios públicos y le preocupaba perder su trabajo frente a “alguien que no fuera inglés”. Como millones de votantes, Lucy estuvo expuesta a una campaña que prometía fronteras más estrictas y más dinero para el sector sanitario británico (NHS).El famoso autobús “Vote Leave” de Boris Johnson recorrió el país con un mensaje que acabaría convirtiéndose en uno de los símbolos del referéndum: “Enviamos 350 millones de libras a la UE cada semana. Financiemos nuestro NHS en su lugar”. Aunque la inmigración procedente de la UE cayó tras el Brexit, la inmigración total alcanzó cifras récord debido al aumento de llegadas desde fuera de Europa.Mientras tanto, el NHS siguió enfrentándose a graves problemas de personal. En el 2015, casi una de cada cinco enfermeras que se incorporaban al sistema sanitario británico procedía de países de la UE, muchas de ellas españolas. Esas cifras cayeron en picado tras el referéndum. Un estudio de la Universidad de Surrey concluyó que el Brexit ha provocado 1.485 muertes adicionales al año debido a la salida de enfermeras comunitarias de la Unión Europea.Lucy empezó a cambiar de opinión a finales del 2021, durante las últimas fases de la pandemia. Trabajando en un hospital del NHS que estaba ya al límite de su capacidad, vio de primera mano el impacto de la pérdida de trabajadores extranjeros. “Fue horrible”, recuerda. “Simplemente ya no podíamos más”.Diez años después, su visión de la inmigración se ha suavizado, pero su confianza en la política no se ha recuperado. Si mañana se celebrara otro referéndum, asegura que anularía su voto.“No hay que darle más vueltas –dice Robert Law–, hay que seguir adelante y hacer el mejor trabajo posible”En 2016, Jonathan Riley vivía en Gibraltar, donde trabajaba como director de banca corporativa para RBS International. Escéptico con la Unión Europea desde joven, asegura que sus padres “estuvieron a punto de perder su casa por culpa del proyecto de la Gran Europa” a principios de los años noventa. Cuando llegó el referéndum, votó Leave, formando parte del escaso 4% de gibraltareños que apoyó el Brexit. Riley recuerda aquel resultado con cariño. Mientras asistía a un concierto en Blenheim Palace, en Oxfordshire, se volvió hacia su esposa y le dijo: “¿No sería increíble que esta noche, aquí, en el lugar donde nació Churchill, el país tomara la decisión correcta y votara por salir?”.Después de tres décadas en el sector bancario, Riley considera que el Brexit ha beneficiado a los servicios financieros británicos al liberarlos de la regulación europea. Sin embargo, análisis recientes del Banco de Inglaterra sugieren que la economía británica sufrió un impacto del 6% debido a la decisión y que la incertidumbre generada durante el referéndum provocó una pérdida de eficiencia bancaria estimada en un 5,6%.Riley reconoce las turbulencias económicas posteriores, pero sostiene que el Brexit siempre iba a ser “un viaje largo” y no una transformación inmediata. Como muchos brexiteers, vuelve a citar a Margaret Thatcher: “La gente tiene que sentarse, escuchar y abrir la mente a lo que Thatcher decía sobre los peligros de la UE”.