Córdoba lleva aparejado a su nombre el de la capital del calor cuando llega el verano (o incluso antes). La vida se transforma en la ciudad de una manera ya 'natural', como una tradición más en el calendario a la que obligan las temperaturas por encima de los 40 ºC, con avisos constantes de la Aemet por calor, del amarillo al naranja o el rojo, como este mismo martes 23 de junio, con previsión de que se alcancen registros de 44 ºC y mínimas sofocantes que dificultan el descanso. Esa transformación, ese modo de vida cordobés, se puede exportar ahora al resto de España que sufre la ola de calor y que no está acostumbrada a sufrir estas temperaturas.

Porque, ¿cómo es vivir en una ciudad así? ¿Cómo se puede trabajar? ¿Se puede ni siquiera vivir o hacer los recados del día a día? ¿Se puede hacer turismo? La respuesta es que sí, modificando los hábitos laborales y sociales, tirando de sudor, confinamiento, piscina y aire acondicionado. La vida se divide en dos tiempos de actividad, durante la mañana y al caer el sol, cuando se puede volver a salir a la calle.

En el ámbito laboral, se regulan las jornadas de trabajos en el exterior, donde se establece la jornada intensiva en el campo o la construcción, por ejemplo, y otras medidas por convenio. Está estipulado que los trabajadores deben tener sombras, agua fresca, ropa adecuada y una jornada más reducida, para evitar que estén en el tajo en las horas de más calor.