Córdoba y su provincia se han ganado una fama en los últimos años de que es un territorio donde en julio y agosto no se puede estar gracias a la gran cantidad de calor que hace. Incluso hay instituciones que dicen que los propios cordobeses no pueden tener este discurso porque así disminuye el turismo. Pero es que es la cruda realidad. Los ciudadanos que viven sobre todo en la Campiña tienen que adaptar su propia vida ante los meses de verano. Y así se nota en el Vial. Este periódico se ha acercado a esta mítica avenida de la ciudad para ver el antes y el después de cuando el sol se despide momentáneamente.

A las 17:00 no hay apenas nadie. Nadie quiere estar bajo un sol donde la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) predijo que iba a hacer que el mercurio llegase hasta los 42 ºC. Y no es la temperatura más alta vivida este verano. Pero es imposible que la vida se desarrolle bajo estos condicionantes. Es por ello que los cordobeses salen a la calle a partir de las 21:00, pero la sorpresa es que cuando vemos el termómetro ubicado a pocos metros de la Diputación de Córdoba y marca 38 ºC.

El bochorno que se mantiene en el ambiente hace que todo el mundo a su paso por las fuentes se pare al menos unos segundos. “Si es que esto es insoportable. Estoy deseando que pase ya agosto”, dice Juan a los micrófonos de Cordópolis. Y no es para menos. Porque su perro también nota los efectos del calor y eso hace que se comporte bien diferente. “Lo meto en la fuente para que se refresque algo”, y él lo agradece. Se disipa ese calor corporal, aunque vuelve en apenas unos minutos.