El último líder ultraderechista en llegar a América Latina ha sido el multimillonario Abelardo de la Espriella. El próximo presidente de Colombia ha ganado las elecciones de este domingo prometiendo un recorte del 40% del tamaño del Estado, el fin de las negociaciones con los grupos armados, la vuelta a la mano dura militar y la construcción de 10 nuevas megacárceles al estilo del presidente Bukele (El Salvador). Incluso ha sugerido una salida de la ONU y de la Organización de Estados Americanos (OEA) por ser “directorios políticos de la izquierda”.
De la Espriella, que ha convertido el saludo militar en su símbolo, se hizo famoso por la ostentación de su vida de lujo en redes sociales, mostrando sus vuelos frecuentes en jet privado, su Rolls-Royce Phantom y sus mansiones. También ha mostrado abiertamente su profundo machismo. “El dinero es como las mujeres lindas; si lo persigues, se aleja. Si te apartas, te persigue”, publicó en TikTok. El político ultra también ha prometido venganza contra sus rivales políticos y periodistas.
Sumisión vestida de 'neopatriotismo'
Pero la victoria de De la Espriella no se entiende sola. La derecha y ultraderecha conquistan poco a poco América Latina, donde solo quedan dos grandes bastiones progresistas: México, con Claudia Sheinbaum, y Brasil, con Lula da Silva, que se la jugará en octubre —Guyana, Uruguay y Guatemala también están gobernados por líderes progresistas—. Mención aparte merecen Venezuela, convertido en un protectorado estadounidense; Cuba, al borde del precipicio; y Nicaragua, ocupado en aplastar cualquier disidencia.











