La entrevista se celebra en Bilbao. Concretamente, en un edificio emblemático, como es la actual sede de la Fundación BBVA, alojada en el histórico lugar donde estuvo el espacio fundacional del Banco Bilbao, allá por 1857. Charles Manski (Boston, 1948) acudió la semana pasada para recoger en el palacio Euskalduna el premio Fronteras del Conocimiento que cada año concede el banco. Su nombre siempre está entre los nominados a los premios Nobel y es muy probable que lo consiga si nos atenemos a lo que se ha llamado método Manski, que ha inspirado una forma de entender la realidad a partir de un mejor conocimiento de las probabilidades. Lo que busca Manki es, precisamente, que quienes elaboran políticas públicas —los gobiernos o los bancos centrales— sean más rigurosos y tengan en cuenta las incertidumbres. No es fácil en un mundo en el que las certezas son cada vez más difíciles. PREGUNTA. Vivimos en la era de las incertidumbres y usted es un especialista. Supongo que habrá constatado un cambio extraordinario desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca. RESPUESTA. El mundo siempre es un lugar incierto, pero especialmente el último año. Con la investigación que yo he realizado, queremos ir un poco más allá de lo que es la definición habitual de la incertidumbre. En el lenguaje normal decimos que la incertidumbre es algo que puede ocurrir, que es muy probable o poco probable, pero eso no es suficiente para tomar decisiones coherentes. Los economistas y otras profesiones queremos gestionar de manera más seria la incertidumbre y, por eso, hay que cuantificarla. Mi trabajo se ha centrado en lo que llamamos la ambigüedad o la incertidumbre profunda, que son situaciones donde realmente no puedes aplicar una probabilidad. P. Sin embargo, muchos economistas, muchos expertos —por ejemplo, en cambio climático— ofrecen certidumbres. Como si supieran lo que va a pasar. R. Los físicos y los científicos climatólogos han desarrollado modelos muy complejos que hacen previsiones sobre la temperatura que va a hacer el año 2100, pero no saben qué modelo es el bueno, tienen varios modelos. Hay quien dijo que la temperatura iba a subir 1,8 grados y otros 2,0 grados Celsius, pero no todos los modelos están de acuerdo entre sí. Yo he escrito un par de artículos con otros dos colegas sobre esto y decíamos que hay muchos modelos. Las previsiones que dan son bastante distintas. Uno dice que la temperatura va a subir en dos grados para el año 2100, otros hablan de 4,5 grados. La diferencia es enorme. Esto es importante porque para diseñar las políticas climáticas debemos saber qué modelo es el bueno, y entonces ahí pasamos a las matemáticas. Y las matemáticas dicen, bueno, si hay todas esas probabilidades y queremos desarrollar una política que sea correcta, no podemos tener certeza de cuál va a ser la mejor política, pero podemos hacer una política que no sea demasiado mala, independientemente de lo que ocurra realmente. Entonces, uno tiene que tener en cuenta el hecho de que no sabes qué modelo es el correcto. Nosotros hablábamos de la existencia de seis modelos posibles, y lo que tienen que hacer los políticos es escoger el correcto, pero no sabemos cuál. Entonces, ¿cómo realizar una política sobre el cambio climático si no sabemos qué modelo es el bueno? Ese es un ejemplo muy específico, y lo mismo en macroeconomía. P. En macroeconomía, los errores, a veces, son monumentales. Casi nadie anticipó la crisis financiera u otro tipo de crisis. R. Yo no estudio políticas macroeconómicas, pero si preguntamos si va a haber un periodo de auge económico u otra recesión a distintos macroeconomistas, la mayoría tiene distintas previsiones, distintos modelos, cuando la situación es exactamente la misma. El problema es que los bancos centrales tienen que hacer una política monetaria sin saber realmente qué es lo que va a ocurrir, tampoco los gobiernos nacionales. Lo importante para este tema de investigación es ir un poco más allá y decir: "Bueno, es muy incierto, no estamos seguros, sino que vamos a intentar cuantificar lo que decimos". Yo lo que intento es establecer unos límites, una horquilla entre diferentes rangos. Lo importante es que, cuando se establezcan unos límites, estén basados en una investigación sólida. O sea, cuando hablamos de plausibilidad, de credibilidad, hay que intentar separar qué es lo que creemos y que realmente sabemos y cuáles son las cosas que no son muy ciertas e intentar, a partir de eso, formular políticas que vayan a ser razonables. Foto: Fundación BBVA. P. ¿Eso significa que no hay ninguna previsión óptima? R. Yo no suelo usar la palabra "óptima". Cuando escribo, suelo decir "razonable". Es decir, algo que tiene en cuenta las incertidumbres. P. Vivimos en la era de las incertidumbres, pero también en la era de la desinformación. ¿De qué manera está influyendo el déficit de información de calidad en la generación de más incertidumbres? ¿Se retroalimentan la incertidumbre y la desinformación? R. Sí, es verdad. En eso consiste nuestro trabajo. El objetivo de la investigación es, precisamente, reducir la incertidumbre y por eso es importante ser muy explícito al decir qué sabemos y qué no sabemos. Cuando los investigadores hablan de políticas públicas, a veces dicen: "Esto es lo que creo que va a ocurrir, esta es la mejor política, porque yo lo sé, porque soy un experto". Pues a mí esto me preocupa bastante, porque si tiene realmente razón esa persona, entonces no hace falta más investigaciones porque ya saben la respuesta. "Nosotros lo llamamos la certidumbre increíble. O sea, es certidumbre, pero no es creíble. Hay que ser más rigurosos" P. Supongo que hablar con certezas es más fácil para convencer a la opinión pública, dando la sensación de una seguridad que no existe. R. Nosotros lo llamamos la "certidumbre increíble". O sea, es certidumbre, pero no es creíble. La gente, y los políticos en general, actúan como si supieran algo que realmente no conocen. Muchos dicen: "No, no hagas esto". Cuando irrumpió la pandemia hace seis años, escribí sobre ello. ¿Qué sabíamos del covid? No mucho, porque era un virus nuevo. Sin embargo, había científicos, epidemiólogos, que desarrollaron modelos matemáticos sobre cómo se difundiría. Nos decían que era su previsión, y como ellos no expresaron ninguna incertidumbre, a mí eso no me gustó nada. Yo no sé qué ocurrió en EEUU, pero sí en el Reino Unido, donde hice un seguimiento. Decían: "Vamos a cerrar escuelas, vamos a ponernos mascarillas y vamos a quedarnos en casa...". Se basaban en modelos, y lo que los epidemiólogos tenían que haber dicho es que no sabían qué iba a ocurrir. Había un problema con los epidemiólogos, y a mí eso me molestó como economista. Creo que hicieron algunas cosas mal, como es hablar de una incertidumbre muy grande cuando tenían que haber dicho: "Es una enfermedad totalmente nueva, no sabemos, tenemos que intentar hacer cosas para protegernos. No esperen que demos una respuesta perfecta". P. Usted cree que los políticos, en general, tienden a generar demasiadas certezas a los ciudadanos, por ejemplo, cuando dicen: "Vamos a crear tantos puestos de trabajo o la economía crecerá a un determinado ritmo". R. Efectivamente, ese es un gran problema. Hay que decir a la opinión pública lo que son evidencias sólidas y las que no lo son. Entre otras cosas, porque los políticos, al final, reaccionan a lo que cree la gente. "Los medios de comunicación actúan como si tuvieran demasiadas certidumbres en vez de ser honestos con la gente" P. ¿Qué papel juegan los medios de comunicación? R. Tienen un papel fundamental para que los políticos no utilicen certidumbres increíbles. Las televisiones, los periódicos y los medios de comunicación, en general, actúan como si tuvieran demasiadas certidumbres en vez de ser honestos con la gente. Sé que eso se hace porque informar en grandes titulares lo que va a ocurrir vende periódicos. Vuestra responsabilidad es enorme. P. ¿Nos utilizan los políticos? R. No sé de dónde vienes tú en el periodismo, pero, por ejemplo, en EEUU, cuando pensamos en las previsiones del PIB, el Gobierno suele hacer un cálculo estimado, pero son solamente cálculos, previsiones. Creo que en España también se hace algo parecido, aunque no conozco todos los detalles. Es mejor hacer un crecimiento estimado del PIB y luego revisarlo un mes o dos después, incluso tres meses. Las revisiones pueden ser enormes. El Banco de Inglaterra, cuando hace sus informes sobre la inflación y el PIB, lo que hace son previsiones probabilísticas. Creo que hay algunos otros países que también lo están haciendo. No sé si el Banco de España lo hace, no estoy seguro. Lo que hacen en el Reino Unido es abrir un abanico de probabilidades, mientras que en EEUU se dan titulares y se convierte en un tema cultural. P. ¿Qué consecuencias políticas y económicas tiene el aumento de las incertidumbres? En términos políticos, por ejemplo, que la población sea más conservadora, porque tiene más riesgo, tiene más miedo. Y en términos económicos, por ejemplo, que no se consuma tanto porque la gente tiene miedo al futuro. R. No tengo claro lo que dices. Creo que la gente reacciona de forma distinta a la incertidumbre. Hay gente a la que le da miedo y, quizás, reacciona de manera más conservadora a nivel político para así evitar riesgos. En la economía formal, hablamos de la aversión al riesgo, de las preferencias ante el riesgo; todas esas nociones se basan en probabilidades y, si hay probabilidades, hablamos de ambigüedad, de cómo la gente tiene aversión a estas situaciones, pero, si haces una pregunta basada en investigación empírica, todos somos distintos. P. Un ámbito que usted ha estudiado en relación con las incertidumbres es el sanitario. Muchos médicos toman decisiones vitales de acuerdo con probabilidades, pero si no están bien diseñados los modelos, el resultado puede ser muy negativo, por ejemplo, en el tratamiento del cáncer u otras enfermedades. R. Esa esfera es muy importante, por ejemplo, en los cuidados sanitarios si te pones enfermo. Los médicos intentan hacer un buen trabajo y hacer previsiones sobre las enfermedades. Por ejemplo, si esta persona tendrá cáncer o si va a sufrir un ictus o un infarto, pero no lo saben. Como mucho, pueden hacer como una especie de previsión basada en las probabilidades, pero tienen que tomar decisiones en cómo tratar a las personas. Eso obliga a hacer una cirugía preventiva: te damos estas medicaciones para bajar tu presión arterial o el colesterol. No son decisiones fáciles porque realmente la cirugía puede curar algo, pero quizás no había que curar nada porque realmente no estabas enfermo. También te puede matar. Si haces una cirugía innecesaria o si tomas algún medicamento, quizás sea bueno para ti en algunos aspectos, pero malo en otros. Este es el caso de EEUU, donde el tratamiento con opioides se ha utilizado para eliminar el dolor. Eso ha dado lugar a muchas adicciones, la gente moría de la adicción. Así que hay incertidumbre que tenemos que gestionar todos los días. Nada es seguro en la vida, nada es cierto en la vida. Foto: Fundación BBVA. P. Por lo que dice, diseñar políticas públicas se parece mucho a un deporte de alto riesgo. R. No tengo tanta relación personal con políticos, pero algunos ya sé que no son muy buenos, por así decirlo; otros sí son muy inteligentes y entienden la complejidad del mundo. P. Usted no será muy popular entre sus colegas economistas, que le pueden acusar de poner en duda sus certezas. R. Yo trabajo en el ámbito de la econometría y, en la econometría, estudiamos una metodología para hacer investigación empírica. Y creo que nosotros, en general —no solo yo, sino por lo menos los buenos—, tenemos fama de ser muy escépticos. Siempre intentamos ir con cuidado y hay gente que te dice: "Bueno, este es el modelo, los datos, los resultados, los procedimientos estadísticos que usan". Nosotros, como especialistas en econometría, decimos: "Sí, sí, espera, espera, pero tu modelo tiene un error". O decimos: "Has utilizado mal la teoría estadística". Sé que a la gente no le gusta mucho, pero nosotros estamos orgullosos de eso porque el escepticismo es muy importante para que la profesión siga siendo honesta. Hay gente a la que no le gusta, pero es así. "Nosotros, como especialistas en econometría, decimos: espera, pero tu modelo tiene un error" P. ¿Cómo aplica a la sociología sus investigaciones econométricas? R. En la investigación sociológica hay toda una tradición que decía: "Es muy probable o poco probable que pierdas tu trabajo el año que viene". Como economistas nos parecía que eso era demasiado vago. Entonces, como economistas dijimos: "No vamos a hacer esto o aquello", redefiniéndolo con base en probabilidades. Nosotros decimos: "¿Cuál es el porcentaje de probabilidad? O sea, danos un porcentaje". Y la gente te daba una respuesta. A la gente le permitimos que se expresara de esa manera sobre sus incertidumbres, pero de manera cuantitativa para ver cuáles son las probabilidades mayores o menores. Empezamos como un pequeño ámbito de investigación y ahora se está haciendo en todo el mundo. Ahora se hace también de manera rutinaria en Europa. Como ejemplo, en noviembre voy a ir a la Ciudad de México a una conferencia organizada por varios bancos centrales. Lo que les interesa es cómo percibe la gente la inflación. Eso es una cosa que a ellos les preocupa mucho. Todos esos bancos centrales ahora hacen encuestas basadas en este tipo de investigaciones que lanzamos hace 30 años. Preguntan a las personas cuáles son sus expectativas respecto de la inflación porque creen que eso va a tener una repercusión en el comportamiento de los consumidores. No conozco suficientemente cómo se hace aquí la investigación, pero conozco a especialistas en econometría, como Manuel Arellano, y él sabe realmente quién está haciendo este tipo de investigación. P. ¿Se debería aprender en los colegios y las universidades a manejar las incertidumbres? Lo digo, obviamente, porque esto no ha hecho más que empezar. Se han acabado las certezas. R. Debería formar parte de la educación básica. Es un tema más de sociología que de economía. Trump siempre dice, y no me gusta citarle: "Yo sé lo que está ocurriendo", pero realmente no tiene ninguna certidumbre de nada. Aun así, asegura: "Yo sé lo que pasa". Y creo que es terrible que diga eso. Debería formar parte de la educación básica que la gente entienda qué es la incertidumbre y cómo gestionarla. Sí, estoy de acuerdo. *Traducción: Mariam Maruri.
Charles Manski: "Los políticos actúan como si supieran algo que realmente desconocen"
En un mundo con incertidumbres crecientes, diseñar políticas públicas se ha convertido en un objetivo casi imposible. El economista Manski se ha empeñado en que se hagan con rigor y no basadas en especulaciones sin base científica
Manski gana BBVA proponiendo cuantificar incertidumbre rigorosa: critica expertos que simulan certeza cuando hay modelos contradictorios (clima: 1,8–4,5°C 2100). Para managers tech, permite decisiones robustas bajo ambigüedad eligiendo lo "razonable" sin falsa optimalidad en strategy o arquitectura de sistemas.













