Salir de la cueva, cuestionarse, permitir que la duda y la curiosidad sean un método. Es ese impulso que ha llevado a la ciencia y a la creación artística a ampliar, una y otra vez, los límites de lo posible. Son estas mismas cuestiones las que han atravesado la ceremonia de la XVIII edición de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, celebrada la tarde de este jueves en el Palacio Euskalduna de Bilbao. La cita ha reunido a diez personalidades y dos instituciones (el Institute for Social Research de la Universidad de Míchigan y NORC, de la Universidad de Chicago), reconocidas por sus contribuciones al avance del conocimiento. Los galardonados de los premios, dotados con 400.000 euros en cada una de sus ocho categorías, reivindicaron el legado de quienes allanaron el camino antes que ellos y defendieron la necesidad de seguir desarrollando herramientas capaces de mejorar la vida de las personas: desde nuevas terapias contra el cáncer y avances para comprender el cambio climático hasta sistemas que garantizan la seguridad de las comunicaciones digitales. Sus discursos convergieron, además, en la idea de que el progreso no surge en soledad, sino del cruce entre disciplinas, del conocimiento compartido y de una mirada abierta, universal y cosmopolita sobre la ciencia y la creación artística.Para Allan Mac Donald, galardonado junto con el físico español Pablo Jarillo-Herrero en Ciencias Básicas, “la investigación fundamental es como una expedición a la montaña”. “Uno sube a un alto porque siente curiosidad por saber qué se ve desde allá arriba. Solo después se da cuenta de que la vista le ha revelado un valle, un río y, tal vez, un camino cuya existencia nadie conocía”, ha dicho el catedrático de Física de la Universidad de Texas, en Austin, y coautor del llamado “ángulo mágico”, un hallazgo que permite modificar las propiedades de materiales como el grafeno y abre nuevas posibilidades en ámbitos como la superconductividad o la computación cuántica. Es en esa misma búsqueda de respuestas y soluciones en la que el inmunólogo estadounidense Carl June y el ingeniero genético francés Michel Sadelain, premiados en la categoría de Biomedicina, transformaron la manera en que la humanidad combate enfermedades como el cáncer: con el nacimiento de la medicina celular. “Durante más de un siglo, las herramientas de la oncología fueron la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia. Aunque eficaces, a menudo son instrumentos poco precisos”, ha señalado June, cocreador de las terapias CAR‑T, que modifican genéticamente células inmunitarias del propio paciente para atacar tumores antes inaccesibles. “Nuestro enfoque buscó aprovechar un arma mucho más sofisticada que ya reside en nuestro interior: el sistema inmunitario humano”, ha afirmado durante la ceremonia el oncólogo de 73 años.Por su parte, Sadelain subrayó que el potencial de su investigación trasciende a los cánceres hematológicos para los que fueron concebidas. Según explicó, esta estrategia empieza a ofrecer resultados frente a tumores sólidos, lo que amplía su campo de aplicación a disciplinas como la reumatología, la neurología y la medicina de trasplantes. “La llegada de las células CAR-T abre el camino a muchos más descubrimientos y aplicaciones que aún están por venir”, ha dicho.Desde su creación en 2008, estos galardones se han consolidado como una muestra de excelencia e innovación. Pocas distinciones pueden exhibir un recorrido semejante: 34 de los investigadores reconocidos han sido posteriormente distinguidos con el Premio Nobel. En palabras del presidente de la Fundación BBVA, Carlos Torres Vila, estos premios celebran “la curiosidad frente al conformismo, la evidencia frente a la desinformación y la cooperación frente a la fragmentación”. Esa defensa del conocimiento encontró eco en la intervención de la presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, que destacó la curiosidad como “motor de la ciencia” y alertó sobre los riesgos que amenazan su desarrollo, desde la cultura de la inmediatez hasta las presiones económicas y políticas que pueden limitar la libertad investigadora. Ha pasado más de un lustro desde que la ceremonia se celebra en la capital vizcaína, una ciudad que el pensador alemán Max Weber describió en 1897, en Dos cartas sobre el País Vasco, como un destino al que se llega tras atravesar un paisaje montañoso, poblado de castaños y robles. Un entorno que el sociólogo no dudó en calificar como “una de las cosas más hermosas” que había visto.El océano como testigo del cambio climático y los beneficios de la interdisciplinariedad En su intervención, el oceanógrafo Carl Wunsch, galardonado en la categoría de Cambio Climático y Ciencias del Medio Ambiente, situó el foco en una de las evidencias más sólidas del calentamiento global: la transformación de los océanos. “El calentamiento global es real y está poniendo en grave peligro tanto a la civilización como al medio ambiente en sentido amplio”, advirtió el investigador estadounidense de 85 años.Fueron sus contribuciones en el siglo pasado las que permitieron, por primera vez, cuantificar con precisión el aumento de las temperaturas y la acumulación de energía térmica asociadas a las emisiones de gases de efecto invernadero en los océanos de todo el planeta. “Represento los logros de un esfuerzo necesariamente global e internacional en los ámbitos de la ciencia, la ingeniería y la tecnología que se ha extendido a lo largo de muchas décadas”, ha señalado el catedrático emérito de Oceanografía Física del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).En el campo de las humanidades, la filósofa Nancy Cartwright fue premiada por su enfoque de la ciencia y por su defensa del valor de la causalidad y la interdisciplinariedad en la elaboración de políticas públicas basadas en evidencia. Un trabajo que ha desarrollado a lo largo de las últimas cinco décadas. “Nada en la ciencia o en la filosofía produce resultados importantes por sí solo”, ha dicho la catedrática de las universidades de Durham (Reino Unido) y California en San Diego (EEUU). “Los logros fiables —ya sea una nueva ley, un dispositivo, un concepto o un método— dependen de la combinación de múltiples formas de conocimiento y de diversas metodologías entrelazadas. Hace falta toda una comunidad para construir un láser operativo, una intervención médica eficaz o una política social fiable”.La edición también reconoció aportaciones clave en la economía, la música y a los creadores del estándar criptográfico AES, los ingenieros belgas Joan Daemen y Vincent Rijmen, una contribución que ha sido fundamental para la seguridad digital global.Desde la economía, destacó el trabajo de Charles Manski, quien ha cuestionado la búsqueda de “certezas engañosas” en la formulación de políticas públicas, al defender la incorporación explícita de la incertidumbre en los análisis económicos.A la par, la compositora surcoreana Unsuk Chin, quien fue distinguida en la categoría de Música y Ópera por una obra “capaz de tender puentes en un panorama contemporáneo que dificulta la creación independiente”, han resaltado desde la organización.