22 de junio, 2026 - 07h30Es bueno advertirlo a tiempo para curarse en sano y no lamentarse luego de ocurridos los hechos. La llegada del fenómeno del Niño obliga con tiempo a prepararse en todos los niveles, desde las instituciones nacionales y seccionales hasta la organización ciudadana para prevenir y minimizar su impacto. No se sabe con precisión cuándo llegará, pero los reportes científicos dan cuenta de que se estima para los últimos meses de este año y comienzos del próximo.Lo que tampoco se puede predecir si su impacto será leve, moderado o fuerte, con los antecedentes ocurridos en 1982-1983, 1997-1998, 2015-2016, aun cuando los técnicos reconocen que hay una dinámica rápida que refleja condiciones de mayor calentamiento del mar.Por las malas experiencias del pasado, pese a las advertencias científicas formuladas con anterioridad, obliga a poner mayor atención ante la llegada de este fenómeno natural, que pudiera derivar en un escenario extremo de desastre económico y social.De cualquier manera, corresponde avanzar en el proceso de preparación cuando la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos emitió una resolución que declaraba a 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias en alerta amarilla preventiva. Esto implica que fundamentalmente los gobiernos autónomos descentralizados cumplan con sus planes de acción, que se entiende están en pleno desarrollo, pero deben presentarlos a tiempo, partiendo de la disposición de contar con oficinas de gestión de riesgos en cada uno de ellos, lo cual ha sido una debilidad. Segundo, tomar conciencia de lo que significa el impacto de un fenómeno natural, con consecuencias que no se pueden predecir, más aún si no existe la debida preparación, la ejecución de muros de contención y otras obras imprescindibles. El COE dispuso que los gobiernos cantonales y provinciales preparen y presenten sus planes, con la plena identificación de las zonas de riesgo, al igual que las poblaciones vulnerables. Igual de importante son los procesos de capacitación para estar responsablemente preparados. Las experiencias del impacto de los fenómenos naturales deben servir para prepararse mejor y a tiempo. Solo como ejemplos, los terremotos en Haití y Chile en el 2010 y en el Ecuador en abril del 2016 dejaron diversas secuelas. En Haití (magnitud de 7 grados) causó más de 200.000 muertos y la destrucción casi total de su deficiente infraestructura. En cambio en Chile al terremoto (de magnitud 8,8 grados) se sumó un tsunami que dejó graves daños costeros, en este país con una mayor estabilidad y sólida institucionalidad, causó alrededor de 500 muertos y un menor impacto en su infraestructura debido a estrictas normativas de construcción. En el caso del terremoto de Manabí y una parte de Esmeraldas (7,8 grados), el saldo fue de alrededor de 670 fallecidos, la destrucción de la infraestructura y miles de viviendas mal hechas y permitidas por los gobiernos seccionales y pérdidas superiores a los tres mil millones de dólares, cuya reconstrucción hasta hoy, 10 años después, ha sido inconclusa. Incluso se robaron una parte del dinero recaudado, con el aporte adicional de los ecuatorianos, lo que determinó un juicio por peculado con una sentencia condenatoria de 13 años en el primer nivel. (O)
Miguel Rivadeneira Vallejo: Obligatoria prevención | Columnistas | Opinión
La llegada del fenómeno del Niño obliga con tiempo a prepararse en todos los niveles...









