ColumnistasLa retórica grandilocuente, en la que todo es portentoso y el poder pretende una dimensión heroica y estética, ha invadido esferas prosaicas como la identificación de la leyEscuchar22 de junio 2026, 05:30 a. m.A través del tiempo, el legislador ha sido remiso a darle un nombre propio a la ley, por el que se la conociera. Con independencia de su contenido, casi siempre le bastaba con atribuirle como dato de identidad un número; eso era suficiente. Carlos Arguedas RamírezCarlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.
Cómo los nombres de las leyes pretenden influir en la opinión pública
Los nombres grandilocuentes de algunas leyes no solo identifican una norma; también pretenden construir apoyo político y moldear el debate público










