CivitasSe conoce como la Ley de Brandolini, que aunque no es una ley de verdad, sostiene que desmentir una tontería requiere muchísimo más esfuerzo que producirla.
Hace poco descubrí un concepto que se manifiesta constantemente en lo que veo en redes sociales, en las noticias o en conversaciones personales. Alguien que admiro mucho me contó de un principio muy simpático. Se conoce como la Ley de Brandolini, que aunque no es una ley de verdad, sostiene que desmentir una tontería requiere muchísimo más esfuerzo que producirla.
Claramente, no podía dejar de pensar en los tiempos que vivimos en Guatemala. No solo por el debate público tan raro y hostil que se da en redes sociales, sino por algo más específico que ocurre cada cuatro años antes de las elecciones. Estamos en un período raro, no establecido por la ley, pero que parece una pre campaña política. No están tan lejanas las elecciones generales, pero precisamente por eso cada día aparecen nuevos personajes buscando afiliaciones a sus partidos u opinando sobre cualquier tema de coyuntura.
Reaccionan, ahora sí, a decisiones del Gobierno, comentan sobre lo que debería o no suceder en el Congreso, se vuelven expertos en publicar videos denunciando problemas que, curiosamente, nunca percibieron hace dos o tres años. De repente hay tantos políticos con posturas sobre todo. Y casualmente esa transformación de conciencia coincide con el inicio del posicionamiento de quienes seguramente van a aspirar a competir en las elecciones del 2027.









