Si X es un indicador de algo, los peores pronósticos que auguran las encuestas en Catalunya tienen todo el sentido. Un mínimo paseo por la red y por sus virales más populares explican mejor que otros análisis más sesudos porque algunos partidos emergen entre las aguas turbulentas. Solo se habla de lo que quieren ellos. O solo se habla de cualquier cosa, en los términos que marcan ellos. Y así, claro, con la conversación definida por sus límites y sus parámetros, por sus marcos y su lenguaje, es imposible contrarrestar la reacción que, dicen, se viene. Pero hay y habrá partido.Naim Smaili, cantante de Avinyó que reversiona canciones infantiles catalanas con unas letras llenas de sarcasmoXPongamos para el caso los dos últimos episodios –y con un poquito de música de por medio– que hacen sustentar tal impresión. Ya hace unas semanas una serie de canciones impactaron en el imaginario de los internautas catalanes. Todavía hoy se asoman por los muros y feeds de las redes como restos de aquel primer auge. Su autor, Naïm Smaili, es un joven de Avinyó, en el corazón de la Catalunya central, que decidió que por qué no reversionar clásicos infantiles propios y darles un final trágico, pero con claros fines satíricos. Y hay que repetir lo de “claros fines satíricos” porque, al parecer, no todo el mundo está familiarizado con los conceptos humor, sátira e ironía. Así, el Patufet, en el mundo de Smaili ha sido asesinado por un tal Mohamed, que riman; el “cargol ja no treu banya” y el Joan Petit ya no baila porque “li han clavat una navalla”.Dos de los últimos virales en Catalunya, con música de fondo, prueban hasta qué punto los discursos de odio se han normalizadoLa producción de Naïm es bastante precaria. Canta junto a dos amigos más en un coche y se graba… pues de aquella manera. Pero ya sabemos que hoy en día no hace falta tampoco una gran infraestructura para viralizar un contenido. Tampoco es un excelente cantante y ese fondo reggaetonero…, pero sus letras, hay que decirlo, son graciosas, si se le sabe pillar el sentido irónico que hay detrás. Sin embargo, y a pesar de que tuvo un eco sano en los medios y entre otras cuentas, que sí pillaron la gracia; en las redes sobrerreaccionaron los mismos para criticar las canciones, su mensaje y el propio artista. Y pronto se apropiaron del debate. Lo del sentido irónico no lo pillaron, porque se impuso una interpretación cafre y literal de que el tema era “muy violento” y “un insulto” a “nuestras canciones”. Después criticaron la exposición mediática del chico, considerándola una especie de maniobra woke que pretendía imponer algo, se supone que terrible y pérfido, como la integración o la convivencia. ¡Cómo se atreven!Y, finalmente, ya apuntaron al joven autor por su origen magrebí. Abiertamente. Ni siquiera su perfecto catalán del profundo Bages le protegería de la sentencia excluyente. El racismo campó a sus anchas en la red, como ya ocurre para cualquier cosa, y lo peor es que ya no nos escandalizamos. “Por mucho que quieras, nunca serás catalán”, le decían. Así, lo que comenzó como un viral para desmontar tópicos y que apostaba por tomárselo con naturalidad y cachondeo, resultó en una muestra más del nivel de intolerancia que hemos permitido que fluya digitalmente sin reparar en sus consecuencias. Que ya están aquí.El segundo viral apenas tiene unos días. Es un fragmento de una entrevista a otra joven, la grallera Laia Glück. (Sí, sí, que toca la gralla). En este caso, la susodicha, que es miembro de un grupo que mezcla música tradicional catalana y otros ritmos de aquí y allí, defendía algo tan excéntrico como que la cultura y la identidad propia no excluye a otras, y alertaba de que los discursos xenófobos puedan apropiarse del folk patrio en nombre del purismo. “Hace unos años esto daba vergüenza”, lamentaba. Pues dos tazas, Laia, porque al menos todos estos tienen la virtud de dar la razón con sus airadas reacciones. Pasó lo que había pasado con Naïm: que se lanzaron en contra de la chica a base de interpretaciones sesgadas e insultos. Al parecer la expresión “supremacismo catalán” soliviantó a algunos que, mientras se lanzan a la yugular de los demás, no se leen sus propios timelines. Se darían por aludidos. Y es que si a Naïm no le valió hablar catalán; a Laia no le valió ni siquiera moverse por todo el país, como hace, construyendo cultura catalana mucho más que cualquiera de sus enérgicos ofensores. En su Catalunya no quedaría nadie.Lee tambiénY es que Naïm y Laia detectan lo mismo: que esto de los discursos de odio ha pasado a ser, especialmente en X, una triste normalidad. También en Catalunya, que no lo teníamos, aunque algunos se empeñaran en verlo cuando no era. Y ahora sí que está aquí. Pero ni Naïm ni Laia parecen querer resignarse a que esto sea su realidad, la de su generación. Uno lo hace con canciones irónicas. La otra, con canciones que mezclan. (No estaría mal una colaboración, ¿no?). Parece que la música actuará otra vez como puente y resistencia.Licenciado en Periodismo y Humanidades, en La Vanguardia desde 2008. Actualmente es redactor del suplemento Cultura/s. Antes pasó por la sección de Última Hora.
¿De qué hablan los catalanes en X?, por Jaume Pi C. de Sobregrau
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