Para la mayoría de la gente, la artrosis básicamente consiste en el desgaste en las articulaciones que se produce con el paso de los años. Sin embargo, hoy sabemos que es mucho más que eso. Según doctora Lola Fernández de la Fuente Bursón, de la Unidad de Reumatología, Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla y miembro de la Sociedad Española de Reumatología, “la artrosis es un fallo del ‘órgano articular’ al completo. No se trata solo del cartílago, sino que afecta también a los huesos, los ligamentos, la cápsula articular...”. El resultado es que estos tejidos “pierden su capacidad de amortiguación y reparación, lo que provoca que los huesos rocen entre sí y se deterioren de forma progresiva. Esto causa dolor, rigidez y crisis de hinchazón repetitivas”, resume la experta quien, además señala que “el principal síntoma asociado es el dolor crónico, el cual suele empeorar al mover la articulación”. Junto con el dolor, también aparecen otros síntomas como la “rigidez, crisis de hinchazón intensas y, con el tiempo, la pérdida de movilidad para ciertos movimientos y posturas que es lo que al final más limita la vida cotidiana de las personas”, añade. Hechas las presentaciones, veamos el origen de ese deterioro articular. ¿Cuánta responsabilidad tienen en el desarrollo de la enfermedad, la edad o la genética? ¿Si tu madre tuvo artrosis estás “condenado” a tenerla tú también pasados los 50? Según la doctora, los desencadenantes más importantes son “la edad, el sexo (es más frecuente e intensa en mujeres), la genética (antecedentes en la familia), los traumatismos o lesiones previas, las enfermedades autoinmunes que atacan a las articulaciones (artritis reumatoide o psoriásica, por ejemplo) y, de manera muy destacada, la obesidad y la diabetes”, sintetiza la doctora. Ahora bien, de todas las posibles causas, las tres más relevantes son “la edad, la genética y la obesidad”, señala. Sin embargo, “lo que hace que la obesidad sea tan importante es que, a diferencia de la edad o los genes, en el caso de la obesidad sí podemos actuar sobre ella para frenar la enfermedad. En definitiva, se considera el factor de riesgo más importante que sí podemos cambiar”, subraya Fernández de la Fuente Bursón. Influencia de la obesidad en las articulaciones La vía más evidente que tiene la obesidad de actuar sobre la artrosis es de forma mecánica, ya que el exceso de peso “aplasta, literalmente, las articulaciones”, apunta la experta. Sin embargo, no es la única manera, existe otra más novedosa y menos tangible que también puede favorecer y empeorar la evolución de la artrosis: la inflamación crónica. Tal y como explica la experta, “la grasa no es simplemente un almacén de nutrientes, sino que actúa como un órgano que vierte en la sangre sustancias inflamatorias que viajan por todo el cuerpo provocando inflamación crónica de los tejidos. Este tipo de inflamación no se ve. Y por eso, -continúa- la obesidad genera tantas enfermedades, entre ellas, la artrosis”. Además, “el tejido graso de una persona con obesidad no es normal, sino que está enfermo y en un estado de alerta constante que llamamos inflamación de bajo grado o metainflamación”, agrega la especialista quien recalca que “esta inflamación no se aprecia a la vista, pero acelera el deterioro de las articulaciones”. Perder peso para combatir la artrosis Tal y como mencionaba la doctora, la gran baza que ofrece la obesidad es que es un factor de riesgo modificable, es decir, que es susceptible de mejora. Así, si perdemos peso, los síntomas de la artrosis pueden reducirse. En este sentido, “a corto plazo, adelgazar tiene un efecto fundamental, que se traduce en alivio del dolor”, apunta Fernández de la Fuente Bursón. Y añade: “Se ha demostrado que el dolor mejora por cada 1% de pérdida de peso en personas con obesidad. Eso sí, el efecto es especialmente llamativo a partir del 10 % de pérdida de peso. Esto produce una mejora relevante del dolor y rigidez, que permite al paciente volver a moverse con mucha menor dificultad”. Por otro lado, “a largo plazo, el beneficio se ubica más en la prevención del daño. Abandonar la obesidad actúa como un ‘escudo biológico’ que frena la destrucción del cartílago. Los datos nos dicen que las personas que logran controlar su peso y su metabolismo pueden llegar a reducir hasta en un 50 % la necesidad de ponerse una prótesis. Además, en el caso de tener que operarse, lo harían con menos riesgo de infecciones y complicaciones tras la cirugía”, sostiene la doctora. Para la mayoría de la gente, la artrosis básicamente consiste en el desgaste en las articulaciones que se produce con el paso de los años. Sin embargo, hoy sabemos que es mucho más que eso. Según doctora Lola Fernández de la Fuente Bursón, de la Unidad de Reumatología, Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla y miembro de la Sociedad Española de Reumatología, “la artrosis es un fallo del ‘órgano articular’ al completo. No se trata solo del cartílago, sino que afecta también a los huesos, los ligamentos, la cápsula articular...”.