La artrosis afecta alrededor de 7 millones de personas en España, tal y como recoge el último estudio EPISER de la Sociedad Española de Reumatología, lo que significa, entre otras cosas, que es la enfermedad reumatológica del aparato locomotor más frecuente en nuestro país. El conocimiento de esta patología ha ido modificándose a lo largo del tiempo. Antiguamente se entendía y se explicaba como un desgaste del cartílago, pero hoy sabemos que esa definición se queda muy corta. “Realmente, la artrosis es una enfermedad que afecta a toda la articulación, tanto al cartílago como al hueso situado debajo del cartílago, a la membrana sinovial, a los ligamentos, meniscos, a la cápsula articular y a los músculos que rodean la articulación”, detalla el doctor Francisco Castro-Domínguez, Jefe de Servicio de Reumatología del Centro Médico Teknon (Barcelona) y portavoz de la Sociedad Española de Reumatología. El experto, que participó en el pasado Congreso Nacional de la SER, remarca que “además, la artrosis tiene diversos factores de riesgo y muchos de ellos están fuera de la articulación”. De forma sencilla, “podríamos decir que es una alteración progresiva del equilibrio normal de la articulación en el que el cartílago pierde calidad, el hueso se remodela, aparece inflamación de bajo grado y la articulación se vuelve menos eficiente para soportar carga y movimiento. Por eso, -concluye el experto- la artrosis no es solo una consecuencia inevitable de la edad, sino una enfermedad multifactorial en la que influyen genética, edad, sexo, lesiones previas, biomecánica, sobrecarga mecánica, obesidad, fuerza muscular, metabolismo y estilo de vida”. Hechas las presentaciones, veamos cómo se manifiesta la artrosis en el paciente. En primer lugar, “el síntoma más característico es el dolor articular. Suele ser un dolor mecánico y aparece o empeora con el uso de la articulación y mejora con el reposo, aunque en fases avanzadas también puede también doler en reposo o por la noche”, apunta el doctor. Sin embargo, el dolor articular no es único síntoma. “Con frecuencia, también aparece rigidez, especialmente al iniciar el movimiento, pérdida de movilidad, crujidos articulares, sensación de fallo o inestabilidad, dificultad para caminar, subir escaleras, levantarse de una silla o abrir objetos, dependiendo de la articulación afectada”, enumera Castro-Domínguez. Y añade: “En algunos pacientes puede aparecer inflamación visible o derrame, sobre todo en la rodilla”. Por otro lado, “un aspecto importante es que no siempre existe una relación perfecta entre la radiografía y los síntomas. Hay personas con mucha artrosis radiológica y poco dolor, y otras con cambios moderados, pero con gran limitación. Esto se debe -aclara el experto- a que el dolor en la artrosis, no depende solo del cartílago, sino que influyen la inflamación sinovial, el hueso subcondral, el músculo, el sistema nervioso y, además, el sueño, el peso, el estado emocional y otras enfermedades asociadas”. ¿Existe una dieta que cure la artrosis? Para tratar de aliviar los síntomas mencionados contamos con numerosas herramientas, entre ellas, la nutrición. Ahora bien, ¿hasta dónde llega su eficacia terapéutica? ¿Se trata de un abordaje decisivo o tan solo es complementario? Según el doctor “la nutrición tiene un papel relevante, pero conviene entender que no hay una dieta que cure la artrosis ni que regenere el cartílago de forma demostrada. Sin embargo, la alimentación puede modificar factores que sí influyen mucho en los síntomas y en la evolución clínica: el peso corporal, la inflamación sistémica de bajo grado, la resistencia a la insulina, la salud muscular y el riesgo cardiovascular”. Por tanto, “en la práctica, la dieta es una herramienta terapéutica indirecta, pero muy importante. Una alimentación adecuada puede ayudar a perder grasa corporal, preservar masa muscular, mejorar el perfil metabólico y reducir mediadores inflamatorios. Esto es especialmente relevante en artrosis de rodilla y cadera, donde la carga mecánica y el estado metabólico influyen claramente en el dolor y la función”, concluye. La obesidad como factor de riesgo La importancia de la alimentación como parte del abordaje de la artrosis nos lleva a la obesidad como factor de riesgo para desarrollar determinados tipos de artrosis. Así, tal y como explica el doctor, “la obesidad es uno de los factores de riesgo modificables más importantes para desarrollar artrosis de fenotipo metabólico, especialmente de rodilla, pero también se ha relacionado con artrosis de mano y cervical, lo que demuestra que no todo se explica por la carga mecánica. Si la obesidad se asociara únicamente con artrosis por peso, esperaríamos verla solo en articulaciones de carga, sin embargo, su asociación con otras localizaciones sugiere la participación de mecanismos inflamatorios y metabólicos”. Además, “la obesidad se asocia a mayor dolor, peor función, menor respuesta al tratamiento físico, más comorbilidades y mayor riesgo quirúrgico en caso de necesitar una prótesis”, añade. ¿Qué alimentos comer y cuáles deberíamos evitar? A pesar de que “no existe un alimento antiartrosis, sí es posible señalar un patrón de dieta y de estilo de vida que ayuda a que el paciente tenga menos grasa, más músculo, mejor metabolismo y menos inflamación”, señala Castro-Domínguez. En este sentido, “el modelo más recomendable es una alimentación estilo mediterránea con verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva virgen extra, pescado, especialmente pescado azul, huevos, lácteos no azucarados si se toleran, y menor consumo de carnes procesadas, azúcares y ultraprocesados”, detalla. “Este patrón aporta fibra, polifenoles, antioxidantes, grasas monoinsaturadas y omega-3. Estos nutrientes pueden ayudar a reducir el estrés oxidativo y la inflamación de bajo grado”, explica el experto quien agrega que “además, la dieta mediterránea facilita el control del peso y protege frente a enfermedades cardiovasculares y metabólicas, que son frecuentes en pacientes con artrosis”. Por otro lado, “no hay un alimento concreto que empeore la sintomatología de artrosis”, asevera el experto. Y añade: “Lo que empeora la sintomatología de artrosis es un patrón dietético de mala calidad: exceso de calorías, ultraprocesados, bebidas azucaradas, bollería, alcohol, carnes procesadas, fritos frecuentes, harinas refinadas y grasas de baja calidad. Todo ello empeora el metabolismo, la microbiota y produce inflamación crónica de bajo grado sistémica (metaflamación) que empeora el dolor y aumenta el daño articular haciendo empeorar la capacidad funcional y la salud general del paciente con artrosis”. ¿Son útiles los suplementos alimenticios? Parece que la línea de actuación en lo que respecta a la alimentación y su influencia en los síntomas de la artrosis es clara: seguir las pautas de la dieta mediterránea. Ahora bien, ¿tienen cabida en esta estrategia los suplementos alimenticios? En general, el doctor no los aconseja, aunque no descarta que “pueda valorarse un suplemento en un paciente concreto, aunque debe hacerse con prudencia en casos concretos y no de forma generalizada. En general, antes que suplementos, priorizaría pérdida de peso si procede, ejercicio terapéutico, fortalecimiento muscular, sueño adecuado y tratamiento médico individualizado”. “Muchos pacientes reciben mensajes comerciales a veces demasiado prometedores, pero la realidad es que evidencia sobre suplementos en artrosis es desigual y en muchos casos de muy baja calidad científica”, apostilla. Estrategia terapéutica integral e individualizada Más allá de la dieta y su poder frente a la artrosis, el doctor destaca la idea de que “lo importante es entender que no hay una solución de oro única y que un abordaje integral e individualizado es la mejor estrategia. Esto incluye educación acerca de la naturaleza de la enfermedad, ejercicio terapéutico, control estricto del peso y tratamientos médicos individualizados según la localización y la gravedad de la artrosis según el criterio de su reumatólogo de confianza”. En cualquier caso, el doctor recomienda tener en cuenta los siguientes 6 consejos relacionados con la nutrición para contener los síntomas de la artrosis: Controlar el peso corporal. Si existe sobrepeso u obesidad, perder peso de forma gradual puede mejorar el dolor y la función. Seguir una dieta mediterránea real. Verduras, frutas, legumbres, pescado, aceite de oliva virgen extra, frutos secos y cereales integrales. Asegurar proteína suficiente. El músculo protege la articulación, y la sarcopenia acelera la artrosis. Por eso, la dieta debe acompañar al ejercicio de fuerza. Reducir y si es posible eliminar los ultraprocesados, las bebidas azucaradas y los azúcares en general lo más drásticamente posible. No por prohibicionismo, sino porque claramente favorecen el aumento de peso y la inflamación metabólica. Evitar suplementos con poca evidencia científica y promesas poco fundadas. Desafortunadamente, ningún suplemento ha demostrado regenerar el cartílago de forma clínicamente relevante. Combinar dieta y ejercicio. La alimentación ayuda, pero el tratamiento no farmacológico más potente combina pérdida de peso, fortalecimiento muscular, actividad aeróbica y educación terapéutica.