Criterio urbanoTenemos que ser capaces de avanzar hacia proyectos concretos.

Pocas decisiones de política pública tienen un efecto tan profundo y duradero sobre la vida de las personas como la inversión en infraestructura. La inauguración de la nueva carretera privada de Xochi, Corredor de las Flores, es un buen ejemplo. Una carretera que conecta a un productor agrícola con los puertos del Pacífico o del Atlántico, un puente como el que se está planteando entre el Cenma y la avenida Petapa, que reduciría de horas a minutos el traslado, un sistema portuario eficiente que abarata las exportaciones.

Para Guatemala, que apenas invierte 1.6% del PIB en inversión pública, la mayor economía de Centroamérica y un territorio estratégicamente situado entre dos océanos y dos mercados continentales, la infraestructura no es un lujo, ni una aspiración secundaria, es la condición habilitante de todo lo demás.

El punto de partida es incómodo, pero conviene nombrarlo con claridad. Guatemala ha invertido históricamente poco en su capital físico, y lo ha hecho cada vez menos. La formación bruta de capital fijo ronda apenas el 16% del PIB, una cifra que palidece frente a El Salvador (21.4%), México (24.6%) o República Dominicana (26.9%), resaltando la importancia de acelerar la inversión en infraestructura y de implementar las reformas estructurales que permitan más alianzas público-privadas en el país, así como proyectos de pagos por indicadores de servicio.