Criterio urbanoTenemos que aumentar la capacidad institucional.
Uno de los grandes dilemas para un país como Guatemala, que tiene un nivel de urbanización, según el Banco Mundial, del 56%, es cómo aumentar la inversión en infraestructura productiva que lo ayude a integrar a una creciente población que poco a poco migrará a la Ciudad de Guatemala y a las diferentes ciudades intermedias.
Guatemala llega a la mitad de 2026 con las credenciales macroeconómicas en orden. La declaración final de la misión del artículo IV del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicada el 8 de junio, lo confirma: “la economía creció 4.3% en 2025, la inflación cerró en 1.7%, la deuda del gobierno central se mantiene en 27% del PIB, las reservas internacionales alcanzaron US$32 mil 700 millones y el superávit en cuenta corriente subió a 4.7% del PIB, ambos en niveles récord por el impulso de las remesas. El choque petrolero derivado del conflicto en Oriente Medio moderará el crecimiento a alrededor de 3¾% este año, pero el diagnóstico de fondo no cambia: somos un referente de estabilidad”.
El problema es que la estabilidad no es el destino, sino el punto de partida. El jefe de misión del FMI, Alex Culiuc, lo planteó con una precisión incómoda: el grado de inversión no es una reforma, sino el reflejo de todas las reformas que vienen antes. Correlación no es causalidad. Los países no mejoran porque se les otorgue la calificación; la obtienen porque ya hicieron la tarea.






