Es lo que quedó claro en la reaparición de Mónica Oltra en el mitin del pasado viernes después de cuatro años, que no va a aceptar ni "tutelas ni tu tías", como dijo Fraga en el congreso que aupó a Aznar a la presidencia del PP.Seguro que tomaron nota tanto Gabriel Rufián, como todos los asistentes del "tardeo", entre ellos Joan Baldoví, Alberto Ibáñez y la coordinadora de Podem, María Teresa Pérez.Oltra va a ser ella misma, y para eso vuelve, no para que le discutan el liderazgo o la utilicen como imagen de marca. Oltra convocó a una multitud en el parque de cabecera y bajo un sol de justicia (imagino que esta expresión no debe agradar mucho a algunos de los asistentes).El acto recordaba mucho aquellos viejos del PCE en la Casa de Campo de Madrid. La candidata a la alcaldía de Valencia por Compromís se presentó con otro tono, más cercano al de mártir que al de azote de la derecha valenciana. Sus palabras sonaban más al sermón de la montaña que a la rauxa de la que hizo gala Rufián.Con todo, la nueva cara que quiere mostrar Oltra no puede ir de la mano del autor del famoso tuit de las "155 monedas de plata". A Rufián le interesa ahora la gente de izquierda que vive debajo del Ebro. Irónico en un independentista que vive feliz en Madrid.En el fondo, la izquierda del PSOE es un trencadís de siglas con demasiados gallos para tan poco corral. Es el problema de siempre que no va a solucionar Rufián.Eso de que la lista más fuerte en cada provincia aglutine el voto más de izquierdas es un brindis al sol. Los partidos necesitan líderes. Rufián quiere serlo; Oltra, pese a sus líos judiciales, lo es.
Ni tutelas ni tu tías
La izquierda del PSOE es un 'trencadís' de siglas con demasiados gallos para tan poco corral. Es el problema de siempre que no va a solucionar Rufián.














