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CivitasQuien ocupe ese cargo tendrá una influencia directa sobre quiénes podrán competir en las elecciones generales de 2027.

Hay una imagen que resume mejor que cualquier análisis lo que ocurre en la política guatemalteca. El Estado es un pastel con betún. El betún es lo que todos vemos, la capa brillante y colorida de arriba, los titulares, las declaraciones, los escándalos, los nombramientos televisados y los dimes y diretes de cada semana. Pero debajo del betún está el pastel, y del pastel no sabemos gran cosa. No sabemos de qué sabor es, no sabemos cuántos pisos tiene, no sabemos si es sin gluten, y sobre todo, no sabemos cómo se reparten las rebanadas.

El primer semestre de 2026 fue, en esos términos, puro betún. Guatemala vivió una sucesión de elecciones institucionales que monopolizaron la conversación pública. La elección del Tribunal Supremo Electoral, responsable de arbitrar las elecciones generales del próximo año. La Corte de Constitucionalidad, encargada de velar por el orden constitucional. Y la elección del fiscal general del Ministerio Público, llamada por muchos la joya de la corona, que resultó ser un tira y encoge donde cada actor quería asegurarse su rebanada. Y así, entre escándalos y negociaciones, el primer semestre fue consumido, rebanada a rebanada.