Por Carmen McEvoy Historiadora Actualizado el 21/06/2026, 12:31 a.m.Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción."Con tal de ganar, la guerra del todo vale ahora se traslada al otro lado del continente, y si nos descuidamos será a otro planeta". Ilustración: Giovanni Tazza “Esto no ha concluido”, señaló el candidato Roberto Sánchez, abrazando un legado histórico que cruza todo el espectro político peruano. Ciertamente, desde hace 200 años los peruanos vivimos en pie de guerra con el otro enemigo y el batir de los tambores, que usualmente precede a un nuevo asalto al Estado, inevitablemente conduce al umbral de un viejo laberinto. Es desde ahí de donde proviene esa apuesta, del todo por el todo, que en 1834 transformó una disputa electoral en la devastadora Guerra de la Confederación, una de cuyas consecuencias fue la pérdida de la hegemonía del Perú en el Pacífico sur. De la herencia de un virrey, La Serna, que decidió no aceptar su derrota, tras la captura de Lima, optando por el atrincheramiento en el Cusco, lo que obligó a los patriotas a transnacionalizar la guerra y asumir las consecuencias, bebieron los caudillos. Sus prácticas, entre ellas el golpe de Estado, la traición y el sistema prebendario, se superponen a la escenografía y coreografía electoral que inventaron partiendo de una premisa fundamental: negarse a aceptar un revés en las urnas. La consecuencia lógica de este razonamiento unilateral fue el rosario de “guerras electorales”, además de la cantidad de trampas que sembraron en la “tramoya” que hemos heredado junto a la terca apuesta por la victoria, a veces negada por la realidad. En esa línea de pensamiento, el modelo de la resistencia cacerista nos devolvió parte de la dignidad perdida ante Chile, pero nos condujo, asimismo, a la humillación de un gobierno extranjero instalado, por años, en la Casa de Pizarro.Conforme a los criterios deTipo de trabajo: OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
El baile de los que sobran
“Esto no ha concluido”, señaló el candidato Roberto Sánchez, abrazando un legado histórico que cruza todo el espectro político peruano. Ciertamente, desde hace 200 años los peruanos vivimos en pie de guerra con el otro enemigo y el batir de los tambores, que usualmente precede a un nuevo asalto al Estado, inevitablemente conduce al umbral de un viejo laberinto. Es desde ahí de donde proviene esa apuesta, del todo por el todo, que en 1834 transformó una disputa electoral en la devastadora Guerra de la Confederación, una de cuyas consecuencias fue la pérdida de la hegemonía del Perú en el Pacífico sur.







