El fantasma de la polarización extrema y el estallido social vuelve a sobrevolar Perú. En lo que ya se convirtió en una constante dramática para la política andina, el balotaje presidencial mantiene en vilo al país con un recuento que avanza a cuentagotas y expone una fractura social expuesta, donde apenas un puñado de voluntades decidirá el destino de los próximos cinco años. Según los últimos datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la candidata de derecha, Keiko Fujimori (Fuerza Popular), consolidó una ventaja ínfima pero crucial de 12.400 votos. Aunque la cifra representa un respiro para el fujimorismo, el escenario sigue estando técnicamente abierto debido al alto volumen de actas bajo observación que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) debe resolver en las próximas semanas. En las calles de Lima ya hay movilizaciones contra Keiko. Para este fin de semana, la policía decidió blindar la ciudad ante posibles disturbios. Sectores cercanos a Sánchez empezaron a concentrarse en los alrededores de los principales organismos electorales.
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