Maxi y Paola, de 46 años, ven la muerte de cerca todos los días. Son médicos. Y por su trabajo diario saben perfectamente que “nadie tiene firmada la vida eterna”.

Esta pareja afincada en Gran Canaria dedica buena parte de su tiempo a salvar a personas. A curarlas. Por eso creen que, mientras estén aquí, ya habrán “cumplido” con la humanidad, dicen entre risas. Después de la muerte, añaden, es otra historia.

“Los humanos ya tienen bastante. No están en peligro de extinción ni nada”, bromean antes de volver a soltar una carcajada. “Así que, en aquello en lo que no influimos, que es la naturaleza, está en nuestra mano devolver un poquito de todo lo que hemos utilizado y contaminado”.

Ambos han decidido firmar un testamento solidario en favor de la organización ecologista Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas en inglés). Lo hicieron hace años. Ante notario, dejaron establecido que una parte de su herencia se destinara al cuidado de sus mascotas (siete en total, cinco gatos y dos perros), que quedarían a cargo de la hermana de Maxi. Y el resto irá destinado a la mencionada ONG.

Ellos sienten que están en deuda con el planeta y quieren devolverle algo, en especial ahora, cuando atraviesa una crisis climática y de pérdida de biodiversidad provocada por la actividad humana.