Aviso a lectores despistados: no busquéis –todavía– una interpretación futbolística del título. No parece que el juego desplegado hasta el momento por la selección española esté causando ningún tipo de pánico entre los rivales. Otra cosa, claro, es la selección de los alegres protagonistas de la foto. Pero aquí nos toca mirar lo que pasa fuera del campo y, en esta babel futbolística, los idiomas –uno, en concreto, el que siempre pide casito, el que compartimos tanto con Messi como con Javier Aguirre– también han tenido que pasar por el VAR.
En el tiempo en el que Inglaterra goleó 4-2 a Croacia, un bar de Dallas sirvió 45.000 cervezas y Feijóo acudió a divertirse –dentro de sus posibilidades– a El Hormiguero. Casi lo primero que hizo fue mirar a la cámara equivocada para mandarle un abrazo a Ilio Topuria. Menos mal que lo traía preparado.
Topuria venía de recibir una paliza en la Casa Blanca en una especie de actualización del circo romano pasado por el filtro de Idiocracia, una comedia infravalorada en su momento y que va camino de convertirse en profética. En el artículo inaugural de esta sección, Gonzo dijo que estaba a punto de empezar el Mundial de Calígula. Podía parecer una exageración hasta que vimos, justo entre un Brasil-Marruecos y un Haití-Escocia, el sangriento combate de gladiadores en la residencia presidencial










