Los coreanos tienen una expresión popular que se traduce como “deprisa, deprisa” (빨리빨리). Es el registro de una cultura marcada por la eficacia y ayuda a explicar cómo Corea del Sur pasó, en menos de medio siglo, de ser un entramado de villas de pescadores en los años sesenta a protagonizar uno de los mayores éxitos de desarrollo económico recientes. Hoy, esta mentalidad se expone a través de la Bolsa. Alimentado por el furor de la IA, el índice coreano, el Kospi, sube un 114% en 2026, más que cualquier otro mercado del mundo y casi el doble que el segundo (Taiwán). El pasado jueves superó por primera vez los 9.000 puntos, motivo de una tímida celebración entre los empleados de un banco local, con tan solo los cuatro globos necesarios para formar la cifra, una pequeña campana y un puñado de confeti.Aunque eclipsados por el éxito coreano, los vecinos Taiwán y Japón también han entrado en máximos históricos esta semana y completan el podio de los grandes mercados más alcistas del mundo, con subidas del 60% y del 40% en el año, respectivamente (por comparar, el Ibex 35 sube un 12%). Todo ello pese a un 2026 que ha sido cualquier cosa menos sencillo para estas tres economías de Asia Oriental.Paradójicamente, Corea del Sur, Taiwán y Japón han sido tres de los países más afectados por la guerra en Irán y por el bloqueo de las exportaciones de petróleo y gas del Golfo. Al inicio del conflicto, a principios de marzo, los tres países importaban de esa región casi todo su petróleo: más del 70% en el caso de los coreanos y de los taiwaneses, y más del 90% en el de los japoneses. Con el gas, la presión se dejó sentir con fuerza también. Mientras el precio del gas natural licuado en Europa subía un ya impresionante 60% en el primer mes de guerra, en el mercado de referencia que comparten los dos países asiáticos el gas se disparaba más del 90%.El impacto de la guerra fue también veloz. El Kospi coreano cayó un 20% en los primeros días, cuatro veces más que el Ibex, mientras que la Bolsa japonesa y la taiwanesa retrocedieron un 10%. Pero el golpe duró poco. A mediados de abril, estos tres mercados asiáticos ya habían borrado sus pérdidas, mientras que la Bolsa española tuvo que esperar hasta junio y la alemana y la británica todavía no se han recuperado. Ahora, con el acuerdo de paz en una fase avanzada de negociación, la expectativa es que la racha de los mercados asiáticos se acelere aún más.“El acuerdo entre EE UU e Irán para detener la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz es muy beneficioso para los mercados bursátiles de la región (Corea del Sur, Japón, Taiwán y China)”, afirma Richard Tang, analista jefe de Investigación de renta variable para Asia de Julius Baer, en una nota publicada esta semana. “Si la posible caída de los precios del petróleo conlleva menos aumentos en los precios reflejados en el mercado, esto probablemente impulsará los activos a largo plazo”, añade.El secreto del acelerón bursátil del trío de Asia Oriental está en su papel clave dentro de la cadena de suministro de la IA. Los tres países son grandes exportadores de semiconductores, los componentes de los chips usados para entrenar los modelos de lenguaje de la inteligencia artificial. Buena parte de su economía depende de ese sector, en Corea del Sur llega a representar más de una quinta parte del PIB y contribuye al fuerte repunte de la inflación, todavía en máximos de dos años. En un informe de mayo, el grupo de estudios estatal coreano KDI certifica el tirón coreano: “La economía coreana continúa recuperándose, con un crecimiento que gana impulso gracias a la fortaleza de los semiconductores y a la expansión de la demanda interna”. Prevé que la economía crezca en 2026 un 2,5%, frente al 1% del año pasado.Corea del Sur concentra buena parte de su ventaja en la memoria RAM, el componente que permite a los ordenadores ejecutar más de un programa a la vez. Samsung y SK Hynix, los dos mayores fabricantes mundiales de memoria RAM, controlan alrededor del 70% de la producción y se han convertido en el mejor símbolo del auge bursátil coreano. A finales de septiembre, ambas firmaron un compromiso no vinculante con OpenAI para ampliar la fabricación y reservarle parte de la oferta en los próximos años. Desde entonces, sus acciones se han disparado: solo en 2026, Samsung sube en Bolsa un 200% y SK Hynix, un 300%. Juntas han pasado de valer unos 500.000 millones de dólares (436 millones de euros) a rondar los 1,5 billones de dólares (1,3 billones).“Las estimaciones de beneficio de Samsung y SK Hynix suben por el auge de la memoria para IA”, resume el servicio de Inteligencia de Bloomberg en un informe publicado el lunes pasado. UBS destaca en particular el impulso que supone la proliferación de modelos de IA cada vez más autónomos, como Claude Cowork, lanzado en enero de 2026 con la capacidad de gestionar archivos, sintetizar documentos y completar tareas de oficina de principio a fin con una instrucción mínima. “La IA agéntica está impulsando aún más la demanda de memoria en múltiples frentes (modelos)”, afirman desde UBS en un informe sobre Samsung de principios de junio.En el caso de Taiwán, el impulso de la IA viene de más lejos. “La economía creció un 8,7% interanual en 2025, su ritmo más alto desde 2010, impulsada por la fuerte demanda de IA y semiconductores”, señalan desde Natixis en un informe de abril. Hoy, el Gobierno taiwanés espera que el crecimiento se acelere este año hasta superar el 9%. Tanto la economía como la Bolsa de Taiwán dependen en gran medida de una sola pieza, TSMC, una empresa fundada en los años ochenta que ha llegado a dominar la fabricación de chips para terceros, incluidos los de Nvidia. La cotizada taiwanesa, que representa más del 40% de la Bolsa de su país, ha superado este año los dos billones de dólares en capitalización, mientras que su acción se ha disparado un 50%. “La cadena de suministro tecnológica asiática, incluidas las empresas de Taiwán y Corea del Sur, es la mejor forma de invertir en el crecimiento de la inteligencia artificial”, precisan los gestores de renta variable asiática de Jupiter AM.Japón parte de una base más alta, como cuarta mayor economía del mundo, y para 2026 se espera un crecimiento de apenas el 0,5%. El escenario económico parece aún menos prometedor desde esta semana, después de que el Banco de Japón elevara los tipos de interés de referencia hasta el 1%, su nivel más alto desde 1995. Aun así, la ventaja de su Bolsa frente a la de sus vecinos va más allá de la IA. El país tiene su propio campeón, Kioxia, gran fabricante mundial de flash, una memoria de almacenamiento a largo plazo. Con un valor de mercado de unos 300.000 millones de dólares, la compañía se ha revalorizado un 800% este año. Sin embargo, Japón cuenta además con grandes cotizadas tecnológicas de otros sectores, como Keyence, fabricante de robots que sube un 30%. Esa diversificación reduce su exposición a las fluctuaciones del sector de la IA.“Aunque los mercados asiáticos en su conjunto se han beneficiado del entusiasmo por los valores relacionados con la IA, el mercado japonés ofrece también otras temáticas de inversión complementarias”, subraya Kévin Net, gestor y responsable del área de Asia de La Financière de l’Echequier, en una nota esta semana. “Cuenta con varios líderes mundiales en sectores como la robótica, la defensa, la seguridad energética, o el consumo. Estos segmentos han registrado fuertes ganancias bursátiles durante los últimos meses”, añade.Japón también se beneficia del renovado apetito inversor de sus propios ciudadanos, tras décadas de fama de ahorradores conservadores, más inclinados a mantener su patrimonio en efectivo y depósitos bancarios. La exposición de los hogares a activos de riesgo, como acciones, fondos de inversión y bonos está en claro ascenso y ya alcanza el 25% del total, según datos recopilados por Nikkei, el gestor de la Bolsa japonesa. Sigue siendo una tasa aún muy lejos del 60% de EE UU, pero muy por encima de los niveles habituales en Japón.Desde La Financière de l’Echiquier, Net afirma que “los hogares han tendido a priorizar el ahorro durante las últimas décadas, pero el retorno de la inflación invita a diversificar, sobre todo hacia los mercados de renta variable y sus perspectivas de rentabilidad”. Parte de este cambio se debe a los esfuerzos del Gobierno japonés, entre ellos el lanzamiento en 2024 de una cuenta de inversión libre de impuestos sobre plusvalías y dividendos que atrae cada vez a más inversores y ya roza los 30 millones de usuarios. No todos los hábitos culturales asiáticos favorecen a los mercados. A veces, el cambio también tiene que llegar, como dirían los coreanos, “deprisa, deprisa”.