100.000 millones de dólares se han esfumado de la Bolsa coreana en apenas seis meses y el mercado empieza a preguntarse qué están viendo los grandes inversores extranjeros para marcharse a esta velocidad. ¿Menor crecimiento? ¿El principio del pinchazo en los semiconductores y la inteligencia artificial (IA)? ¿Más riesgo en Asia? ¿O simplemente vender primero para comprar después más barato? Corea del Sur ha pasado en apenas unas semanas de ser una de las bolsas más calientes del mundo a concentrar algunas de las ventas más agresivas del mercado. El índice KOSPI acumula una caída cercana al 33% desde los máximos de junio, julio fue su peor mes desde 2008 y Samsung Electronics y SK Hynix han concentrado el 76% de los 1,59 billones de dólares de capitalización borrados del mercado. Y mientras Seúl intenta apagar ese incendio, otro frente se ha abierto a pocos kilómetros con la intervención de Estados Unidos y Japón para frenar el desplome del yen. Nvidia completará el cuadro el 26 de agosto, cuando publique unos resultados llamados a medir hasta qué punto las dudas que han golpeado a los chips coreanos responden a un exceso de mercado o a algo más estructural. Ventas forzadasLa volatilidad lleva semanas instalada en Seúl. El KOSPI activó varios mecanismos de suspensión durante julio y terminó el mes con dos sesiones que resumen hasta dónde llegó el desorden: cayó cerca de un 11% el día 28 y llegó a perder otro 12,6% apenas 24 horas después. Entre medias llegaron rebotes igualmente violentos, con Samsung y SK Hynix marcando el ritmo de un mercado que llegó a perder más del 40% desde los máximos de junio.La firma XTB señala a las dudas sobre el gasto en inteligencia artificial, al avance tecnológico de China y al elevado apalancamiento como los principales motores del castigo. Muchos inversores habían multiplicado su exposición a Samsung y SK Hynix mediante ETF (fondos cotizados) apalancados y, cuando las cotizaciones empezaron a caer, tuvieron que aportar más garantías o cerrar posiciones. Esas ventas obligadas empujaron aún más abajo los precios y provocaron nuevas liquidaciones.El problema es distinguir ahora cuánto de ese hundimiento responde a una burbuja que empieza a pinchar y cuánto a una liquidación mecánica que se alimenta a sí misma. Mientras los pequeños inversores coreanos han vuelto a refugiarse en Wall Street y compraron 4.600 millones de dólares en acciones estadounidenses durante julio, algunos grandes inversores internacionales comienzan a buscar oportunidades precisamente entre los restos de la caída coreana.Ese intento de volver a tomar posiciones llega, además, con todos los inversores vigilando los movimientos del yen japonés. El recuerdo de agosto de 2024 sigue demasiado reciente, cuando una rápida apreciación de la divisa tras una subida de tipos del Banco de Japón aceleró el cierre de operaciones financiadas con yenes baratos y llevó al Nikkei a desplomarse un 12,4% en una sola sesión.Estados Unidos y Japón han intervenido conjuntamente para sostener la moneda nipona después de que esta llegara a 163,99 yenes por dólar, y Tokio ya ha dejado claro que podría volver a actuar si reaparecen movimientos desordenados. La amenaza importa especialmente en un mercado que acaba de comprobar en Corea hasta dónde pueden llegar las ventas cuando hay menos liquidez en el mercado y el apalancamiento empieza a deshacerse. Washington tiene, además, motivos propios para evitar que Tokio defienda el yen por su cuenta. Japón conserva alrededor de 1,14 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense y una intervención unilateral de gran tamaño podría obligarle a vender parte de esas posiciones, presionando al alza las rentabilidades de la deuda de Estados Unidos. Mientras tanto, el secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, ha dejado abierta la puerta a nuevas actuaciones coordinadas si fueran necesarias, mientras el mercado empieza a descontar una normalización monetaria más rápida por parte del Banco de Japón. Ese cambio de expectativas toca directamente al carry trade, una estrategia que durante años permitió pedir prestado en yenes a tipos muy bajos para invertir en activos con mayor rentabilidad. Tanto en Corea como en el yen, el peligro aparece cuando las ventas dejan de ser voluntarias y pasan a estar forzadas por la necesidad de reducir deuda.Turno de NvidiaNvidia será la tercera pieza el 26 de agosto. La compañía llega a sus cuentas después de haber facturado un récord de 81.600 millones de dólares en su primer trimestre fiscal, un 85% más interanual, con 75.200 millones procedentes de centros de datos y un crecimiento del 92%. El mercado ya conoce esa fotografía, así que lo que buscará ahora es alguna pista de que Microsoft, Amazon, Meta, Alphabet y el resto de gigantes tecnológicos siguen dispuestos a mantener el ritmo de inversión que ha disparado la demanda de aceleradores, centros de datos y memorias HBM fabricadas por compañías como SK Hynix y Samsung.Una decepción cambiaría la lectura de lo ocurrido en Corea. Lo que hoy todavía puede interpretarse como una brutal limpieza de apalancamiento empezaría a parecer algo más grave si el mercado cuestiona cuánto beneficio terminarán produciendo los cientos de miles de millones invertidos alrededor de la IA. Unos resultados capaces de mantener intactas las expectativas ofrecerían la lectura contraria y darían nuevos argumentos a quienes ya están comprando la caída en Corea. Para entonces, el mercado tendrá que vigilar dos cosas al mismo tiempo, cuánto aguanta la demanda de chips y cuánto puede moverse el yen sin volver a forzar otra ronda de ventas.