Se acabó. La indignación por el auto del juez Juan Carlos Peinado que abre juicio oral, retira el pasaporte a Begoña Gómez e incluso llega a decir que los policías que la escoltan podrían ayudarla a fugarse, algo que ha indignado incluso a un sindicato muy alejado del Gobierno como Jupol, ha terminado de convencer a Pedro Sánchez y su equipo de máxima confianza. La instrucción es clara: cierre de filas y contraataque frente a un año final de legislatura que se prevé inclemente.El presidente tiene intenciones de salir el próximo miércoles en el Congreso con un discurso muy duro, al contraataque frente al PP, con la idea de que una parte de la justicia acosa injustamente a su familia. Pero sobre todo ha dado la orden de parar, de no entregar ninguna pieza más salvo que haya evidencias insalvables como las hubo con Santos Cerdán o José Luis Ábalos. Por eso Sánchez ha apostado por defender hasta el final a José Luis Rodríguez Zapatero, a quien esta semana en Bruselas protegió sin matices hasta el punto de vincularse completamente a él. El auto del juez Peinado ha terminado de reforzar a quienes hablan de conspiración judicial, política y mediática contra el Ejecutivo, una idea a la que han puesto voz sobre todo los ministros Óscar Puente y Óscar López. La comparecencia de Sánchez el miércoles ante el Congreso llega así en un ambiente de combate final en el que Sánchez llama a los suyos a recuperar la moral y salir a la ofensiva.Zapatero nunca va a ser para Sánchez “esa persona de la que usted me habla”. Ese término, inventado por Mariano Rajoy para mostrar su distancia con Luis Bárcenas, extesorero del PP, del que dejó de usar el nombre, es una forma de mencionar en la política española a los caídos en desgracia por sus implicaciones en casos judiciales. Ya pasó por ahí el exministro y ex número dos del PSOE José Luis Ábalos, al que Sánchez hizo caer mucho antes de que estuviera imputado. Y después Cerdán, al que aguantó muchísimo, tanto que lo renovó como secretario de organización cuando ya había rumores de que la policía iba detrás de él. Finalmente Sánchez rompió completamente con él y ahora le atribuye toda la responsabilidad no solo por su presunta corrupción sino también por el caso Leire. Pero Sánchez ahora ha marcado una línea clara: seguirá apoyando hasta el final a Zapatero, porque insiste en que cree en su inocencia, y también lo hará con otros cargos importantes como la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, acosada por la oposición por sus reuniones con Leire Díez, o la gerente del PSOE, Ana María Fuentes, que está imputada por ese mismo caso. Encarada ya la recta final de la legislatura, con una estrategia total de acoso y derribo de la oposición, apoyada en decisiones judiciales, imputaciones e informes policiales muy duros para el entorno del Ejecutivo, Sánchez parece haber dado una orden clara: hasta aquí. Ya no cae nadie más. Y el auto contra su esposa no hace sino reforzar esa idea en la que ya llevaba toda la semana instalado.No es que nadie en el Gobierno vea la incompatibilidad evidente de defender el progresismo y quedarse con unas joyas valoradas en 1,3 millones de euros cuya procedencia aún no está clara pero todo apunta a un regalo de una monarquía árabe. Esto ha generado una incomodidad clara en el Ejecutivo, y en privado algunos de sus miembros señalan que supone una evidente “decepción” ese comportamiento del presidente, a la espera de que ofrezca sus explicaciones. Pero el problema, aducen en el Ejecutivo, no es ese. El tema, sostienen, es político y sobre todo cuestión de comparación con el otro lado.“Las joyas de Zapatero son una minucia perfectamente explicable comparado con lo del novio de Ayuso, ese delincuente confeso haciéndose de oro mientras Miguel Ángel Rodríguez presume de que Sánchez y Zapatero van pa’lante”, resume un miembro del Gobierno. En el Ejecutivo están indignados por el hecho de que un escándalo como el del novio de la presidenta madrileña, que multiplicó su fortuna tras iniciar su relación con ella -logró desde ese momento 4,4 millones de euros de Quirón, principal contratista sanitario privado de la Comunidad madrileña-, no tenga aparentemente coste para Isabel Díaz Ayuso. Y, sin embargo, los que afectan a la izquierda hayan colocado al Ejecutivo y al PSOE contra las cuerdas. En el Gobierno se está instalando la idea de que el caso Zapatero puede acabar en nulidad. Los ministros ven a Sánchez tan seguro del apoyo que creen que eso puede pasar. “Si todo está basado en una prueba que puede ser nula, ¿de qué estamos hablando? ¿Sin esa prueba habría imputación? Tampoco habría joyas, porque nunca le habrían registrado. No sabemos lo que tienen otros expresidentes porque nunca nadie les registró”, señala otro miembro del Ejecutivo.Sánchez, explican los que han hablado con él, tiene muchas dudas de que el caso tenga recorrido por la posibilidad de que se anule una prueba decisiva, la de las conversaciones registradas en el móvil de un venezolano que fue clonado posiblemente sin orden judicial por la policía aduanera de EE UU en el aeropuerto de Miami. Esa es una prueba que en España sería inválida, y en La Moncloa creen que el abogado de Zapatero, al que todo el mundo respeta –“esto no es Ábalos, aquí está muy bien asesorado por uno de los mejores”, resume un ministro- va a intentar esa vía. Pero el apoyo no llega solo por esa convicción de la inocencia que Zapatero proclama. Es también un movimiento de resistencia política. Un dique final. Las elecciones empiezan a estar en el horizonte -Sánchez dijo este viernes que serán en 2027 pero no sabe aún si antes o después de las municipales, con lo que se abre la posibilidad de febrero o marzo- y el Gobierno se está preparando para la batalla definitiva, la segunda vuelta del milagro de 2023. Ahí todo se decide en el estado anímico del electorado. Y el de izquierdas, según los últimos sondeos, está bajo mínimos, mientras la derecha parece cada vez más crecida y lista para movilizarse. De hecho el PP ya no apuesta por una victoria, sino por un arrase, con más de 200 diputados con la suma de Vox. Feijóo ya no disimula y habla abiertamente de una coalición con la ultraderecha en La Moncloa si así lo señalan los votos. Sánchez, un resistente infinito y un político capaz de darle la vuelta a los estados anímicos del electorado progresista, parece haber llegado a la conclusión de que ya no se pueden entregar más piezas y ahora hay que salir al contrataque, denunciando esa idea de la conspiración para derribar al Gobierno que el auto de Peinado refuerza, y arengando a la militancia a defender un proyecto político que tiene cifras muy buenas en ocho años de gestión, según insiste. Por eso el presidente, que ya ultima la comparecencia parlamentaria del miércoles, está insistiendo estos días mucho con los datos que comparan cómo estaba España en 2018 y cómo está ahora. A eso va a apelar en el Congreso, y a la comparación con el PP y su corrupción, para tratar de frenar el impacto de las críticas de Feijóo, que, según recordará el presidente, aún trabaja cada día en un despacho en la calle Génova cuya reforma se pagó en parte con dinero negro, según una sentencia de la Audiencia Nacional.Como siempre que hay un ataque fuerte, la política tiende a cerrar filas y denunciar conspiraciones. Y así lo ve otro ministro consultado, que explica que no es momento para matices. “Cuando alguien señala la luna, solo los necios se quedan mirando al dedo. La luna es que hay una operación muy seria para derribar al Gobierno como sea. Vienen con todo. No nos podemos quedar en el detalle de que lo de las joyas puede no estar bien, y el fiscal general a lo mejor no debía haber hecho esa nota, y la gerente [del PSOE] no debía haber firmado ese gasto. Esto es mucho más gordo que eso. No podemos ceder o nos comerán. Quieren que no haya posibilidad de victoria de la izquierda en las próximas elecciones. Ganar de calle con métodos de destrucción no democráticos. Y no podemos permitirlo. Hay que dar la batalla hasta el último día”.El auto de Peinado termina de rematar la idea que exponen varios ministros: es momento para la defensa y no para presionar a los propios. Sánchez ni siquiera se anima a pedir públicamente a Zapatero, por ejemplo, que entregue ahora las joyas a patrimonio del Estado, como se hace en La Moncloa con todos los regalos caros que no se pueden devolver para no contrariar a los anfitriones de los viajes. Aunque en la rueda de prensa de Bruselas el presidente sí pareció abrir la puerta a esa salida que muchos en privado ven como muy natural: si se admite que fue un error quedarse con esas joyas pero se cometió porque Zapatero nunca pensó que valieran tanto, ahora que lo sabe no habría motivo para quedárselas. “Esa pregunta la tiene que responder Zapatero”, dijo Sánchez sobre esa posibilidad de entregar al Estado ese regalo. Peinado ha terminado de reunificar el bloque progresista. E incluso sirve para reforzar algo la mayoría, porque hay unanimidad en el escándalo frente a los polémicos movimientos de este juez. Todo se va colocando para una larga pugna en la campaña electoral. Ya es a todo o nada. Los grises quedan atrás. Y Sánchez va con lo que tiene, con todas sus piezas, incluida una tan debilitada como la de Zapatero, que hace unos meses era el gran activo electoral del progresismo y ahora arrastra un desgaste de credibilidad enorme tras su imputación. Pero después del arreón de Peinado, nadie en el PSOE parece ya dispuesto a entrar en matices. Empieza la batalla final.
Sánchez manda parar y cerrar filas: ya no cederá más piezas
El presidente dejó caer a Cerdán y Ábalos, pero aguanta con Zapatero, la directora de la Guardia Civil o la gerente del PSOE. El polémica auto de Peinado refuerza a los que defienden la teoría de la conspiración













