“Perdonad si me trabo, me pasa cuando estoy menstruando”. Paloma Alma, 35 años, incorporó su propia fase folicular en su última charla sobre “productividad cíclica”, un enfoque que anima a las mujeres “a trabajar alineadas con cada fase del ciclo”: “Lo ideal es dar una conferencia durante la ovulación, —cuando estás a tope de energía, simpatía y seguridad, yo los llamo los días Beyoncé—, pero a veces no coincide y te cae menstruando, ello no significa que no puedas darla, simplemente necesitas ser más paciente contigo misma, alimentarte mejor, asegurarte el descanso, gestionar tu frustración…”. Y si viene a cuento, incluso explicitar que tienes la regla, como hizo ella en su charla ante 50 empleadas (y algún hombre) de la consultora tecnológica madrileña SNGULAR el pasado 28 de mayo (Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres). La empresa organizó el taller como parte del Plan de Igualdad de su programa de responsabilidad social corporativa. “Queríamos generar un espacio donde tratar de forma natural un tema que todavía es tabú; nos dio muchos trucos para optimizar tareas”, dice Antía Pérez Viéitez, gerente de comunicaciones de la empresa. Paloma Alma (@holapalomaalma en Instagram, 29.000 seguidores) forma parte de un creciente grupo de influencers y start ups que ofrecen cursos y conferencias en España sobre productividad cíclica, un nuevo giro del cycle syncing. El término original, que define patrones de alimentación, ejercicio o tareas adecuados a las distintas fases del ciclo menstrual, fue acuñado en 2014 por la neoyorquina Alisa Vitti, una nutricionista integrativa, autora de bestsellers como Código Mujer o En sintonía con tu ciclo, y fundadora de MyFlo, una de las apps más empleadas por mujeres (77 millones de usuarias activas al mes) para monitorizar sus 28 días, en la que se ofrecen consejos de hábitos de vida y una amplia gama de suplementos dietéticos. Vitti tiene el término registrado, pero el cycle syncing® se ha extendido por las redes. En el artículo Navegando las mareas de los mensajes sobre el ciclo menstrual en Tik Tok, Emily Pfender, investigadora del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Pennsylvania, analiza hasta un centenar de vídeos y concluye que el cycle syncing es “parte de la conversación de las redes sociales, pero la investigación clínica no es concluyente y la tendencia puede potencialmente perpetuar la desinformación y los estereotipos de género”. Desde la ginecología y la endocrinología, las críticas más repetidas son la falta de credenciales médicos de las influencers menstruales, su simplificación de la ciencia que rodea al ciclo, cierta posición contra los anticonceptivos hormonales y la monetización de consejos sin una sólida base científica.“Creo que influencers y expertas online están promocionando ideas que aumentan el público que se acerca a ellas en busca de una (en ocasiones costosa) ayuda”, opina por email la endocrina Jerilynn C. Prior, fundadora en 2002 del prestigioso CeMCOR (Centro de investigación sobre el ciclo menstrual y la ovulación). “Supongo que el razonamiento [tras este tipo de consejos] es la niebla mental o la dificultad de responder de forma calmada [en ciertas fases del ciclo]”. Pero tras monitorear a más de 200 mujeres, en muchos casos durante más de un año, la experta concluye: “No conozco ningún estudio que muestre que ninguna de las fases de un ciclo menstrual saludable se caracterice por la inhabilidad para desempeñar un trabajo exigente”. Y subraya otros factores, como “la buena alimentación y la actividad física habitual”, el estrés, “la expectativa de no ser capaz (reforzada por la cultura)”, el apoyo social o la formación profesional que reciben las mujeres en general. Un metaanálisis publicado en 2025 en la revista científica Plos One coincide en que “no hay evidencia sistemática de que el ciclo altere el desempeño cognitivo”, aunque “ello contrasta con expectativas subjetivas y culturales”: “No hay razón científica para apoyar políticas que limiten las libertades o responsabilidades [de las mujeres]. Ni motivo para actitudes, prácticas o comentarios que pongan en duda su rendimiento cognitivo durante el ciclo”.400 veces en la vidaEl metaanálisis subraya que faltan estudios de envergadura, algo en lo que coinciden tanto las científicas como las educadoras menstruales consultadas. Mientras tanto, para responder a las dudas que tiene la mitad de la población sobre un proceso que pasará de media entre 400 y 500 veces a lo largo de su vida, las respuestas aparecen en lugares más cercanos al wellness que a la ciencia. “Lo que no se investiga no tiene conclusiones; ojalá hubiese más papers [artículos científicos], pero nuestra experiencia es que muchas mujeres notan picos de energía, creatividad, elocuencia, habilidad… y modular acordemente su trabajo, siempre que sea posible, les ayuda”, dice Marta León (@foodgreenmood en IG, 191.000 seguidores), naturópata y dietista integrativa especializada en psiconeuroinmunoendocrinología. En 2019 creó Las Amancias, una de las primeras empresas españolas centradas en productividad cíclica, junto a dos socias (Míriam Díaz, terapeuta psicocorporal, y Élia Fibla, experta en negocios digitales). Las Amancias ofrece un programa online por unos 300 euros para emprendedoras y ha hecho formaciones para empresas como Dow Jones e instituciones como la Diputación de Barcelona. “La cultura corporativa se basa en el ciclo circadiano de 24 horas porque encaja en la biología lineal masculina, pero las mujeres, además, tenemos un ciclo infradiano que dura unos 28 días basado en nuestros cambios hormonales”, dice León. La idea, insisten tanto León como Alma, es sistematizar lo que para muchas mujeres es de “sentido común”: hay que “escuchar al cuerpo” y usar ese autocononocimiento a tu favor.Sus consejos a grandes rasgos: durante el sangrado, con los estrógenos y la progesterona bajos, recomiendan reflexionar y programar con tranquilidad; a medida que avanza la fase folicular, el ánimo, la energía y el foco crecen, y conviene adelantar trabajo o realizar esfuerzos, hasta llegar al pico de estrógenos: la ovulación. Esos son los días ideales para negociar, mandar ese mail difícil, pedir un aumento, grabar reels y todo lo que necesite poderío, seguridad y sentirse guapa. Al final llega la fase lútea, que culmina con los días anteriores al siguiente periodo: aumenta el espíritu crítico, con una misma y con los demás, y lo mejor es dedicarse a trabajos en solitario que requieran una mirada estricta, como editar textos, ordenar facturas, limpiar archivos... Asumen que, en general, las mujeres no son dueñas de su tiempo ni de sus agendas, y que cada una ha de adaptar estas recomendaciones a sus circunstancias: una cajera de supermercado, por ejemplo, puede aprovechar la fase más energética para prepararse las cenas para cuando sabe que va a estar más cansada. “Y no hay fases mejores ni peores”, subraya Paloma Alma. “La premenstrual es mi favorita, aunque está socialmente menos aceptada, no es que rindas menos, es que estás más para dentro y rindes de otra manera. Si puedes dedicar esos días a corregir en vez de a hacer networking, trabajarás mejor y también vivirás mejor”. La ginecóloga Sara López, especialista en reproducción asistida en la Clínica Gravida y autora de Quiero quedarme embarazada, conocía el cycle syncing, pero no le encanta llevarlo al mundo de la “productividad”. “La palabra me rechina un poco”, dice apuntando a la trampa de la cultura del esfuerzo y la optimización capitalista. Sin embargo, analizar la propia ciclicidad le parece un gran paso para el “autocuidado”: “El concepto me interesa más como mujer que como ginecóloga, porque ser cíclica no es una enfermedad, ni un síntoma, ni algo que se vea en consulta”. “Está muy bien que las mujeres sepan cada vez más sobre sí mismas”, añade, “y las jóvenes son más exigentes en este sentido; también la ginecología ha cambiado, ya no se receta la píldora tan a la ligera y se da más potestad a las pacientes”. En resumen: “La ciclicidad no es ninguna tontería, pero no hay que llevarla al extremo”.InvisiblesCarme Valls se especializó en endocrinología en los años setenta porque en la facultad explicaban muy por encima un ciclo que para ella era doloroso. Cuarenta años después, la autora del clásico reeditado Mujeres invisibles para la medicina (Capitán Swing, 2020), es una eminencia en salud hormonal y medicina con perspectiva de género. Reflexiona sorprendida sobre el auge de la productividad cíclica: “Como pasa con todo en las redes sociales, hay algo de verdad y el resto es una exageración. Claro que hay variaciones pequeñas, se agudizan algunos sentidos, hay más o menos neurotransmisores… Pero no hay suficientes pruebas para que te salga a cuenta convertirlo en una esclavitud; aconsejar a las mujeres que adapten su vida o sus tareas a sus fases menstruales las hace demasiado biológicas, demasiado animales”. En un ciclo normal, saludable, la variabilidad es mínima, explica; “un 40% de las mujeres no sienten apenas nada”. “Lo ideal es que se estudiase más para que el otro 60% tuviese acceso a un ciclo lo menos dañino posible. Adaptarte a tus deficiencias te victimiza. Hay que escuchar al cuerpo, sí, ¡pero para protestar!”, zanja. Al mismo tiempo, concede que la investigación científica va “por modas” y “por intereses”, que se ha abusado de la píldora para “disimular” ciclos problemáticos, que la industria farmacéutica ha incidido demasiado en los estrógenos frente a la progesterona, que los hábitos saludables (comer bien, no tomar cafeína, ingerir antioxidantes como uva o té verde) contribuyen a la salud menstrual más de lo que creemos, que las soluciones médicas son “más complicadas” de las que muchas veces se dan, que cada mujer es un mundo y que la ciencia las sigue olvidando en general. Y resume: “El autoconocimiento siempre está bien, pero no que nos lleve a la resignación”.“Para mí, adecuar mi ritmo de trabajo a mi ciclo me sirvió precisamente para no resignarme, porque había normalizado el dolor y el agotamiento”, dice Romi Curtois, que empezó a seguir a Las Amancias cuando se hizo emprendedora (tiene una consultoría de marketing y 45 años) y vio cómo ella misma se convertía en su propia peor jefa. Tras dos burnouts, encontró una manera de “resignificar” su menstruación: “Antes, la regla era un estorbo, pero aprendí que dependía de cómo comiese y trabajase el resto del mes; estaba desconectada de mi cuerpo y, cuando conecté, dejé de padecerla y pasé a verla como algo que podía aprovechar a mi favor”. Cree que hay una forma de aunar “ambos mundos”, una medicina más integrativa, que no sea “hierbas”, pero en la que haya más autonomía y autoconocimiento. Y advierte: “El peligro de las redes es que cualquiera con una cámara parece una experta; hay que ver bien dónde te informas y, aunque tengas un mal día, no dejarte llevar por el algoritmo”.