Hay algo que no cierra. La inflación bajó, dicen los índices. La pobreza cayó, anuncian desde el gobierno nacional. Pero en el supermercado, en el trabajo, en la mesa familiar, la sensación es otra: el sueldo no alcanza, las deudas crecen y cada quincena se convierte en una carrera contra el tiempo. Esa brecha entre los indicadores macro y la experiencia cotidiana es exactamente lo que un equipo de dieciséis investigadores del Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la UNC decidió estudiar en profundidad. Los resultados, publicados en el informe Trabajar más, llegar menos: nuevas dinámicas de la crisis actual en Córdoba, ofrecen una radiografía incómoda y detallada de lo que está pasando en los hogares de Gran Córdoba.

“Hoy por hoy la apropiación del ciclo de las finanzas es una fuerza que está organizando el modo en el que viven de manera muy distinta las familias y los hogares en esta sociedad”, explica Gonzalo Assusa, codirector del proyecto de investigación radicado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC.

Una crisis sin piquetes, pero con crédito al límite. Lo primero que el estudio pone sobre la mesa es que esta crisis no se parece a las que los argentinos aprendieron a reconocer. La tasa de desempleo osciló entre el 6,4% y el 7,9% entre el cuarto trimestre de 2024 y el cuarto trimestre de 2025. En 2004, en el período inmediato posterior al colapso de 2001-2002, esa cifra llegaba al 14,4%. No hay colas de desocupados visibles. No hay piquetes masivos cortando rutas. Y, sin embargo, algo está roto.