Actualizado S�bado,

junio

00:13'Regreso a Howards End' (Alianza), de E.M ForsterUn consejo: �Sed amables! Es una de mis novelas favoritas. Solo conecta es el ep�grafe que da inicio a la novela, como una especie de gu�a filos�fica. Publicada en 1910, Howards End se sit�a en un momento de profundas transformaciones sociales en Inglaterra. La novela sigue las vidas entrelazadas de varias familias de distintas clases sociales en la Inglaterra de comienzos del siglo XX, especialmente las hermanas Schlegel, cultas e idealistas, y los Wilcox, representantes de un mundo m�s pragm�tico y materialista. Todo gira en torno a Howards End, una casa de campo que termina convirti�ndose en s�mbolo de pertenencia, de herencia y de conexi�n con los dem�s.A trav�s de amistades, desencuentros y decisiones que cambian el rumbo de los personajes, Forster explora temas como la desigualdad social, el amor, la hipocres�a de clase y la dificultad de alcanzar una verdadera conexi�n humana en una sociedad marcada por las diferencias econ�micas y culturales. Pero lo hace con una enorme sensibilidad y humanidad, sin caer nunca en el sentimentalismo, logrando que la novela siga resultando profundamente actual m�s de un siglo despu�s. Forster pone el acento en la necesidad de superar las barreras materiales o sociales para llegar a una especie de comprensi�n mutua. Es como si nos pidiera: �Sed m�s amables�. �De otra forma ir�a el mundo, a poco que lo intent�ramos!'La herencia' (Editorial Dos Bigotes), de Matthew L�pezB�squeda de pertenencia en Nueva York. Se trata del texto dram�tico que ha dado pie a uno de mis recientes espect�culos. Matthew L�pez no s�lo se inspira en Howards End, sino que, adem�s, convierte a Forster en uno de los protagonistas de su obra de teatro, en un referente moral para el grupo de j�venes neoyorquinos que, en 2019, viven la herencia de la pandemia del sida mientras navegan las complejidades de su identidad como personas homosexuales, buscando un sentido de pertenencia, conexi�n y un futuro compartido.En este sentido, La herencia se inscribe en una tradici�n literaria y teatral que dialoga con el pasado para interrogar al presente, recuperando la sensibilidad humanista de Forster y traslad�ndola a una contemporaneidad marcada por la memoria de la p�rdida y la necesidad de reconstrucci�n. La obra no s�lo revisita una genealog�a cultural, sino que tambi�n se pregunta qu� significa hoy heredar una historia atravesada por la ausencia, y c�mo esa herencia condiciona -y, a la vez, impulsa- nuevas formas de comunidad y afecto. Se trata de un espect�culo monumental -seis horas de duraci�n- y altamente emocional que no ha parado de darnos satisfacciones a todos los que hemos trabajado en �l.Para saber m�sEstrenado en el Teatre Lliure la temporada pasada, se repondr� la pr�xima, nuevamente en el Lliure y, en esta ocasi�n, tambi�n podr� verse en Madrid. A quienes no tengan la oportunidad de ver el espect�culo, les recomiendo fervientemente la lectura del texto. Me lo agradecer�n.'No pudimos ser amables' (Galaxia Gutenberg), de Bertolt BrechtUna antolog�a de simpleza enga�osa. Esta antolog�a me ha hecho redescubrir la magia del estilo de Bertolt Brecht: esa sencillez aparente, esa exactitud seca, casi cortante, pero cargada de emoci�n y pensamiento. No pudimos ser amables re�ne una amplia selecci�n de los poemas que Brecht escribi� a lo largo de cuatro d�cadas marcadas por guerras, exilio y agitaci�n pol�tica. El t�tulo, tomado de uno de sus versos m�s c�lebres, condensa bien el esp�ritu del libro: una escritura atravesada por la urgencia hist�rica en la que la amabilidad queda desplazada por la necesidad de dar testimonio, de denunciar y de pensar el mundo en crisis. Brecht tiene la capacidad de transformar lo cotidiano en algo universal, de hablar de la guerra, de la injusticia, del miedo o de la fragilidad humana con una claridad que nunca pierde profundidad.Y precisamente esa combinaci�n entre austeridad y hondura es lo que lo hace tan actual, tan necesario ahora. Sus poemas parecen escritos desde una lucidez implacable, pero nunca renuncian del todo a la compasi�n. El poema A los que vendr�n despu�s nos ofrece consuelo y, al mismo tiempo, nos estremece. Es algo que me fascina: esa capacidad de provocar dos emociones tan dispares al mismo tiempo, de conmovernos y de enfrentarnos a la realidad con la misma intensidad.