La Presidencia no solo se gana voto a voto, sino palabra por palabra. Eso lo saben ambas campañas, que han ido construyendo —a veces de forma premeditada, otras improvisada— dos personalidades diametralmente opuestas: el candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella, que se presenta como un líder autoritario, provocador, dotado de una excepcionalidad casi profética que le permite hablar de una “patria milagro”; y el aspirante de la izquierda, Iván Cepeda, que se muestra como un hombre austero, intelectual y sereno que insiste en “jugársela por la vida”. Dos relatos de país que chocan en una batalla épica que los colombianos deberán dirimir este domingo en las urnas.El héroe y el antihéroeLos arquetipos del héroe y del antihéroe, que provienen de la psicología y de la mitología clásica, son de los que mejor explican la actual contienda. Así lo señala Deyanira Moya, doctora en Lingüística Hispánica y directora de la maestría en Estudios del Lenguaje de la Universidad Javeriana. Argumenta que De la Espriella ha ido construyendo un relato heroico de sí mismo, el de “un outsider que viene a salvarnos del enemigo”, y que se ofrece a sacrificarse por ello. “Estoy dispuesto a hacerme matar por Colombia”, ha dicho, una idea que para Moya evoca también las imágenes del profeta de su “Patria milagro”, de ese reino de los cielos, que encierra la promesa de un regreso a la moral judeocristiana. De ahí su éxito en las iglesias evangélicas. “El mismo vidrio que lo cubre lo pone en un pedestal”, comenta. Para Moya, en cambio, Cepeda representa al antihéroe: una persona que no se ha atribuido poderes extraordinarios y cuya historia de vida es la de una víctima de la violencia. No encarna al héroe clásico, sino al antihéroe contemporáneo, el de las películas y series de Batman: ambiguo, justiciero, que enfrenta batallas internas. Su valentía radica en la capacidad de reconstruirse a sí mismo. La experta sostiene que el candidato del Pacto Histórico ha armado su identidad postulando la capacidad de “recuperar una idea más noble de la política”. “Habla de una apuesta ética, de servicio, de dignidad”, dice.El uso del concepto de patria, que tanto resalta el discurso del ultra, implica llevar al país “a un pasado de territorio, previo a la nación”, explica la académica. De la Espriella remite a la idealización de una época gloriosa, pese a que en Colombia sea difícil identificar cuál fue aquel tiempo feliz. “Cepeda, en cambio, habla de un país diverso, plurilingüe, pluriétnico, pluricultural”. Utiliza un lenguaje inclusivo: los y las ciudadanas, apelando a ese otro que ha sido excluido. Así, los candidatos pasan a representar dos masculinidades opuestas: un hombre tradicional y proveedor en contraposición a uno aliado de las luchas feministas, ecológicas y ambientalistas.Disciplina o improvisaciónCon sus colores, eslóganes y rugidos, la campaña de De la Espriella ha sido mucho más efectiva en cuanto a instalar su discurso en la agenda pública. Sin embargo, para Angie González, profesora de comunicación política de la Universidad Externado, eso no significa que sea innovadora. “Ha sido exitosa porque ha sido disciplinada, coherente”. Para la analista, es una estrategia calcada a la aplicada por la ultraderecha en otros países de la región. Señala el peinado y la barba del salvadoreño Nayib Bukele, con quien comparte el principio de mostrar a la esposa y a los hijos; el símbolo del tigre, que replica al león de Javier Milei en Argentina; o el uso de la camiseta de la Selección de fútbol, ya adoptada por Jair Bolsonaro en Brasil. En el caso de Cepeda, detecta “una ausencia en general de una campaña”. No se creó un discurso organizado y coherente; la comunicación no acompañó la estrategia política. González sostiene que el gran problema de la campaña progresista fue no explotar la fortaleza que tenía Cepeda como candidato: mantener los principios de la izquierda sin caer en los impulsos por los que ha sido tan criticado el mandatario Gustavo Petro. Cepeda hubiera podido haberse planteado como una “fuerza serena”, como lo definió la excandidata Claudia López al adherirse a su candidatura, sin trinos ni crisis diplomáticas a medianoche. González plantea una paradoja, y es que el surgimiento político de De la Espriella, “una figura que se arriesga, que no tiene ningún problema en salirse de lo institucional”, ha sido posible gracias a Petro. “Tenemos un presidente en ejercicio que se ha salido de las normas y los protocolos con los que normalmente identificábamos a los presidentes”, señala, y recuerda que en todo caso hay un eco fuera de las fronteras, con personajes como Donald Trump: ”Ahora todo es posible”.Indignación o esperanzaJuan Federico Pino Uribe, doctor en Ciencia Política de la Universidad de los Andes, es uno de los autores de la investigación Democracia bajo tensión, que concluye que Colombia enfrenta el peligro de la degradación del discurso político. Bajo esa óptica, señala que los dos candidatos han caído en la fórmula de “dividir el mundo entre buenos y malos”. “Los nunca” contra “los de siempre”, en términos de De la Espriella; un postulado que para Cepeda se resume en dos palabras: “la vida y la muerte”. El riesgo, comenta el experto, es que toda acción violenta es precedida por un discurso que la legitima, y el electorado no está premiando la moderación. Prueba de ello es el mal resultado de Paloma Valencia o Sergio Fajardo.En ese mundo de opuestos, la emoción que para él realmente mueve al electorado es la indignación, mucho más que el miedo, porque “el miedo hace que la gente no actúe”. Y añade: “Lo que vemos en la psicología política es que los grandes ejes emocionales de Abelardo, de Trump, de Bukele y de Milei son la ira y la indignación”. Angie González coincide en este punto, y añade que el sentimiento que los contrarresta es la esperanza, la misma que avivó Petro hace cuatro años, y que Cepeda no ha podido terminar de agitar, tras un mandato que no logró cumplir una gran parte de sus promesas.Superación personal o filosofíaUna de las expresiones emblemáticas de la campaña de De la Espriella es “la manada”. González explica que el término, pese a que parece provenir del mundo animal o evocar a un seguidor ciego, está más bien relacionado con los libros de liderazgo. “En muchos se menciona: ‘sé el líder de tu propia manada’ o ‘seamos una manada”, dice. Desde hace algunos años, estos textos hablan de las mentalidades alfa, de las tribus. “Es un fenómeno de pertenencia, de protección”, añade, que se ve reflejado en las series de Netflix o en la esfera de los criptobros (emprendedores digitales) o de los incels (una subcultura de hombres heterosexuales que se sienten incapaces de conseguir pareja). En contraste, el lenguaje de Cepeda, según Moya, es el de alguien “que practica la filosofía en la política”. Una propuesta acorde con su formación académica como filósofo, que lo lleva a tener un discurso más racional y estructurado, con un aire decimonónico, más difícil de entender o replicar en las redes sociales, y menos favorecido por el algoritmo. Pino Uribe concluye explicando que las propuestas del candidato de la ultraderecha son directas, sencillas, diáfanas, mientras las del candidato de la izquierda “son más abstractas, más complejas y, por tanto, más difíciles de vender”. Sin embargo, advierte que la gente no está votando engañada ni manipulada por un marketing desbordado: “La gente sabe que Abelardo tiene una visión mucho más militarista de la paz, extractivista de la economía, más conservadora, y están votando por eso”.