Junior Healy viste Balenciaga. La gorra es de David Catalán.Pablo ZamoraLa imagen de un niño con uniforme de colegio de monjas leyendo en el bus escolar acerca de la vida de Jeffrey Dahmer, el carnicero de Milwaukee, bien podría ser un chiste de la película Este chico es un demonio (1990). No en vano, Junior Healy (Callosa de Segura, Alicante, 36 años), el nombre artístico que utiliza el streamer Rubén Navarro, es como se llamaba el conflictivo protagonista de aquella comedia. “Es un tema que me encanta desde pequeño. En el autobús al colegio iba leyendo biografías de asesinos, o recopilaciones de asesinos adolescentes, porque me gustaba mucho ese rollo”, recuerda Junior, el de verdad. Pasados los treinta satisfizo su vocación, afortunadamente, sin dejar cadáveres por el camino: alcanzó la popularidad de la mano del pódcast Francisco Frankie, en YouTube, comentando, entre otros asuntos, crímenes reales con extraordinaria exhaustividad (tiene episodios de hasta cuatro horas), amplia bibliografía y desde un enfoque único. “Se llama así por la mezcla de Francisco Franco y Frankie Grande, el hermano de Ariana Grande, que es el típico que va al Orgullo con unas alas de arcoiris”, explica. “Yo vi ese contraste en mí. Soy enano y gruñón, como Franco, y al mismo tiempo, supermaricón”. Su vídeo más popular en la plataforma es el que dedicó al crimen de Alcàsser, donde analizaba la presunta tensión sexual entre los dos autores materiales o las disfuncionalidades en la familia de Antonio Anglés, el asesino fugado. “A mí me parece más interesante eso que recrearse en el crimen. No me sale hacer bromas de ninguna víctima, pero sí de alguna cosa loca del asesino o algo que le pasara con su madre. Es difícil hablar de algo truculento y hacerlo divertido. El pódcast responde a esa dualidad. De repente, hablo de Oriana Marzoli [personalidad televisiva famosa por el programa Mujeres, hombres y viceversa]. De repente, Anna Frank. De repente, un asesino. De repente, Triana Marrash”. Triana es otro personaje quintaesencial del universo de Junior Healy. La influencer transgénero, estrella absoluta del programa de telerrealidad online La casa de los gemelos (una especie de Gran Hermano radical y más cochambroso), es una figura de culto del internet trash por sus conductas inapropiadas y mal genio. De hecho, la comunidad de seguidores de Junior se hacen llamar “placentas” por el contraataque que Marrash lanzó a una tránsfoba que decía que nunca sería una “mujer real”: “Pues yo no quiero ser mujer como tú ni tener la regla, hueles a placenta”. “Nos hizo mucha gracia, aunque es un insulto un poco misógino”, matiza el streamer. “Triana es muy extrema. El contraste con el statu quo de ahora, eso de ‘Ya no se puede decir nada’, el estar más concienciados con la salud mental, con ser responsables… de repente, choca con ella, que es una persona que se pone a cagar en medio del programa o a pelearse a palos”. Además de la jerga de Triana, el lenguaje de Junior Healy ha logrado sorprendente implantación en poco tiempo. Los “circos” (algo muy rocambolesco), adjetivar todo con “vivo”, “pumbear” (mantener relaciones sexuales) o “killear” (matar) son algunas de las palabras que elige para sortear las restricciones de las plataformas y que, a la vez, han adoptado sus fans. La cercanía del streamer, que se abre al público contando todo tipo de intimidades, es correspondida por un grupo de fieles que, a través del hiperactivo chat de Twitch, convierte sus anécdotas en hitos. Si el lector despistado se asusta al encontrar, en las publicaciones de Instagram de Healy, comentarios preguntando “¿Das de mamar?”, que sepa que viene de esto: “Es un mensaje que me enviaron directamente a través de una app de citas, que lo enseñé en directo y pasó a ser un gag. Poco después, conté una historia de un chico al que, chupándosela, le poté encima. Ahora me escriben: ‘¿Das de potar?”. Rubén Navarro, antes de transmutarse en Junior Healy, se dedicaba al sector de la publicidad. “Estaba en un departamento de marketing y hacía contenido para un grupo de empresas de la misma casa, desde tutoriales a contenido audiovisual y piezas para redes”. Despedido y ya entrado en la treintena, probó a reinventarse, inspirado por los creadores de YouTube que llevaba años consumiendo. “Cuando gané 20 pavos, aluciné. Al ir ganando más, pensaba: ‘Ojalá pagarme la mitad del alquiler solo con los vídeos’. Llegó la mitad del alquiler. Luego, el alquiler entero y seguí subiendo y subiendo. No tengo grandes números, pero el engagement [el compromiso de sus usuarios hacia lo que produce] es muy loco. Me apoyan mucho, ven todo lo que hago y, al final, retener a 3.000 o 4.000 personas cinco horas cada día en Twitch no es lo mismo que tener muchas visualizaciones en un TikTok de un minuto”. Junior ha recalado este año con un proyecto en Podimo, el pódcast Fracasadas vivas. “El fracaso es algo me raya mucho y, cuando eres un personaje público, tienes mil ojos. En cuanto algo no funciona, ya estás fracasando”, reflexiona. “Una vez vi en redes sociales a un chaval que llevaba en la barriga tatuado ‘Fracaso’. Pensé: ‘¡Qué circo!’. Pero luego tuve como una epifanía. El fracaso es algo tan grande que a la gente le amarga muchísimo, no le permite avanzar. Quería desestigmatizar el concepto”. En sus episodios, ha abordado la caída en desgracia de Britney Spears, el desastre de la adaptación cinematográfica de Cats (2019) o las peores ideas de bombero alumbradas en Silicon Valley. Fracasos grandes, inconsciencias aún más grandes y todo lo que hay en medio, que, a veces, se parece al éxito o conduce a él por accidente. A la luz del kitsch En la habitación desde la que Junior Healy transmite en directo, puede divisarse un cuadro de John Wayne Gacy, el payaso asesino (al que se atribuyen, al menos, 33 homicidios). El logo de su canal es un dibujo de Franco con unas enormes tetas y ha portado en ocasiones una gorra de “Make America Great Again”. ¿Donald Trump y Triana Marrash tienen más que ver de lo que parece? “Siempre cito la película Jóvenes y brujas [1996], cuando dicen que, si la verdad y la mentira jugaran un partido, la fantasía sería la luz que las alumbraría. La fantasía y esa visión kitsch, para mí, lo son todo. No tiene tanto que ver con la política, sino que es algo pop”, desarrolla. “Son símbolos no para replicarlos. Por ejemplo, Dalí era un circo de persona, pero también era una diva, por cómo hablaba y por todo. A mí me llaman la atención como personajes, no por sus mensajes. Como a John Waters, el director, que le gusta mucho la marginalidad y la saca a una zona de fantasía”. “He fumado porros muchos años de mi vida, pero hace ocho meses lo dejé. Me fumé uno de risas, tuve de pronto plena conciencia y me dije: ‘¿qué estoy haciendo? ¿Qué huella digital estoy creando? ¡Qué circo! He dicho que le he potado la polla a un tío, ¿mi padre qué va a pensar?"En este repertorio fantástico podría encontrarse otro famoso streamer al que Junior se siente emparentado: en su biografía de Twitch, se define como “el Xokas gay”. “Twitch es como muy de hetero, muy de jugar, y yo echaba de menos a alguien que hablara de mariconadas. Así que empecé con esa broma del ‘Xokas gay’ por el contraste y, a la vez, similitud entre los dos, el rollo de pedir mucha comida a domicilio, de no salir de casa, vivir haciéndome pajas encerrado…”, describe. “También, en cierta manera, me da ternura eso del hetero con el que se meten porque está todo el tiempo haciéndose pajas, que tiene la habitación hecha una mierda, que es muy incel. Dijo que, para que la comida de la basura no oliera, la congelaba. Es algo propio de una mente fantasía, un pajillero final boss que no sale de su casa, muy guay. Me parece romántico cómo encarna todo eso. Aunque ahora él tiene novia y todo, está divino”. La casa en la que vive Junior Healy es la que compartió durante años con un novio, con el que siguió conviviendo durante un tiempo después de que se rompiera la relación. La particular situación fue una de las primeras confidencias que compartió con las placentas. “Tienes dos opciones, cortar a saco, contacto cero y gym, como dirían en Forocoches, o alargarlo y sufrir más. Pero nosotros lo llevábamos tan bien que éramos amigos, así que lo hicimos poco a poco, por protegernos. Tampoco nos daba para ir de golpe a otro piso, con lo caros que están. Y era traumático para mí, para los gatos…”, rememora. “Yo noté más el golpe cuando él se fue, porque me quedé ahí con los recuerdos. Pero el universo, Dios, ¡Lux!, a la vez que me quitó a alguien que quería mucho, una persona con la que estuve 11 años, me dio el vivir de algo que me gusta y a mucha gente que me quiere un montón. Eso me ayudó a amortiguarlo”. Lo experimenta en las redes y también en la calle. “Ayer estaba por el barrio y me gritaron desde un edificio ‘¡Papi, te quiero!’. Una vez conté que me parecía súper hot que me llamaran ‘papi’, ahora todo el mundo me lo dice”. Junior reconoce que se siente cómodo frente a la cámara por su experiencia laboral, acostumbrado a orientar a la gente que se ponía en sus manos para que no estuvieran nerviosos al grabar y sonasen relajados. Eso no significa que no le asalten todo tipo de inquietudes a cualquier hora del día. “Soy muy overthinker. Tengo un poco síndrome del impostor, mucha ansiedad anticipatoria, pienso muchos escenarios catastróficos, locos y retorcidos. Fíjate, voy a hacer un alegato antidrogas. He fumado porros muchos años de mi vida, pero hace ocho meses lo dejé. Me fumé uno de risas, tuve de pronto plena conciencia y me dije: ‘¿qué estoy haciendo? ¿Qué huella digital estoy creando? ¡Qué circo! He dicho que le he potado la polla a un tío, ¿mi padre qué va a pensar? Esto ya no se va a poder quitar de internet. ¡Y hay un foro en el que me critican vivo!’. Decidí no fumar más. Quiero seguir viviendo en esta nube y no rayarme con este tipo de cosas”. En las últimas semanas, su comunidad ha vivido como un divorcio la ruptura de Junior con su amiga Esty Quesada, la youtuber Soy una pringada, con quien colaboraba habitualmente. Aunque aún se le nota afectado por el asunto, el streamer trata de quitarle importancia: “Simplemente las relaciones tienen un final, no sé si un final con puntos suspensivos. Pero tampoco es la gran cosa. Parece más porque somos personas públicas, pero es como cuando te dejas de hablar con una amiga por cualquier cosa que haya sucedido. Si la gente conociera las historias realmente, diría: ‘Ah, ¿en serio?’. No porque no sean problemas grandes, sino porque tampoco ha habido una gran traición ni nada”. Para la historia del podcasting español queda, en cualquier caso, su apasionada defensa conjunta del musical Emilia Pérez (2024), amado y denostado a partes iguales, en calidad de “joya camp”.A aquel vídeo se le atribuye el mérito de rehabilitar ante la opinión pública a la actriz Karla Sofía Gascón, después de que el descubrimiento de sus tuits racistas e islamófobos la descolgaran de la carrera por el Oscar. “De nuevo, es lo que te he dicho antes, el tema de la luz que alumbra la fantasía. Ella es un circo, pero como personaje es fantasía. Una persona no tiene por qué ser correcta o tener razón solo porque pertenezca al colectivo [LGTBIQ+]”. Para reventar dualidades o simplificaciones binarias, nada como un buen fracaso.
Junior Healy: “Pensé: ojalá pagarme la mitad del alquiler con mis vídeos. Llegó la mitad y, luego, el alquiler entero”
El ‘streamer’, que obtuvo popularidad a través de sus análisis sobre sucesos como el caso Alcàsser, acaba de estrenar ‘Fracasadas vivas’, pódcast donde ironiza sobre la cultura del éxito







