Marc Biarnés (Barcelona, 33 años) tiene lo que más cotiza en las redes sociales: una expresividad que solo es suya. Su forma de poner los ojos en blanco mientras pela una pieza de fruta o de fruncir levemente el ceño mientras se prepara una tostada le pertenece solo a él. Si muchas influencers han encontrado un filón en contar cosas mientras se maquillan, Biarnés lo ha encontrado en explotar esa vieja sensación de “¿a qué había venido yo a la cocina?" mientras analiza la actualidad política y social. Entre TikTok e Instagram, más de millón y medio de seguidores están enganchados. Un día, el presentador Germán González dijo: “Parezco Nosoloviernes” mientras mandaba un mensaje a sus seguidores a la vez que pelaba una patata. Ya hay, pues, un estilo Biarnés. ¿Qué se siente al convertir el análisis de la estupidez en su trabajo? Es satisfactorio, algo que no me esperaba. Creo, además, que ahora es muy necesario hacer un análisis de la vida, ya sea cotidiana, política o del día a día, porque hay demasiado ruido en la sociedad y mucha nube gris. Incluso me va bien a mí. Gracias a hacer los vídeos estoy colocando mejor las ideas en mi cabeza. Me ayuda a tener una estructura más organizada de todo lo que sucede. Para analizar la estupidez hay que ser inteligente. ¿Le da vergüenza decir en alto que usted lo es? No. Aunque me considero una persona inteligente, me gustaría saber mucho más. Cada día intento aprender algo nuevo, leer sobre cosas nuevas y empaparme un poco de todo. Siempre he sido muy sabiondo. Precisamente ahora hay muchos orgullosos de ser lerdos. Ahora mismo es lo más peligroso que hay. La estupidez humana que hay y los niveles de ignorancia nunca han estado tan altos y están haciendo estragos. Diría que es lo peor que nos está pasando. Y creo que era un plan. No sé exactamente de quién, pero era el plan y está saliendo redondo. Cuanto más ruido hay, la gente es más ignorante. Aunque también se vive más feliz. A mí me gustaría a veces ser más ignorante. ¿De dónde salió la idea de hablar mientras pela una mandarina? De una manera totalmente improvisada. Grabé un vídeo comiendo y vi que hacía gracia, así que ahora mismo forma parte de todo el acting que hay en mis vídeos. Es una puesta en escena. No le voy a engañar: siempre he buscado alguna publicidad del mundo gastronómico para encontrar la manera de mantenerme con esto. Pero no ha calado, no entiendo por qué. Supongo que no soy un perfil muy blanco. La OMS tendría que hacerlo embajador, come más piezas de fruta que nadie. Y lo cambié, porque cuando empecé a hacer vídeos comiendo, los alimentos que sacaba no eran los más saludables. Cuando me dí cuenta de que me estaba viendo tanta gente, quise intentar promover una alimentación más sana. La mayoría de comentarios que recibo me dicen que, de repente, les apetece un melocotón. “Creo que cualquier hombre, aunque no se lo crea o no lo sepa, de manera casi inocente, sin darse cuenta, se cree superior a cualquier mujer”¡Es que usted es la OMS! Tengo más criterio que la OMS. También borda el humor político. Creo que sí, y a estas alturas pienso que ya podemos hablar de que es un género. Es absolutamente necesario porque estamos en unos momentos en los que la gente está agotada, políticamente hablando. Hay gente que por desgracia, desconecta del mundo político porque aparte de la rapidez con la que va ahora mismo la política, resulta abrumador. He encontrado la manera de que el espectador se sienta involucrado en la política sin tener la sensación de que le están echando la bronca, que es lo que hace muchísima gente. Hay muchos creadores de contenido que hacen análisis político desde la bronca y el enfado. Eso hace que la gente desconecte aún más porque lo último que quiere es que le regañen. ¿Tiene algún referente dentro de este género? Mi referente siempre ha sido Andreu Buenafuente. La verdad es que no consumo comedia para no intoxicarme. Muchas veces terminan saliendo imitadores y a la gente se le nota que está imitando o copiando a alguien. Me gusta mantener la marca pura. Soy la raza aria del humor (ríe). Se debate mucho, en la televisión y en las frases hechas, sobre si es o no pertinente acostarse con un facha. Yo creo que una vez te corres ya todo ha pasado. Entiendo que muchas veces el físico basta para tener un calentón, porque no necesariamente necesitamos que nos follen la mente. No todos los polvos tienen que ser intelectuales ni tienen que tener una conversación. Luego, una vez te baja la libido, ya dices: fuera de mi cama. La gente aún sigue hablando de ese vídeo del Xokas en el que dice que jamás saldría con una mujer como Ester Expósito. Es que él piensa eso y no es el único clip que he visto en el que está con estos aires. Creo que cualquier hombre, aunque no se lo crea o no lo sepa, de manera casi inocente, sin darse cuenta, se cree superior a cualquier mujer. Son pensamientos que después de 12 horas de directo, que son las que está él, hacen que dejes tu mente libre. Lo que estamos viendo es una mente sin ningún tipo de freno. Y lo peor es que todo lo que pasa siempre delante de una cámara, en la soledad del personaje, y se multiplica por cuatro. Es decir, si tú delante de una cámara dices eso, significa que en el bar o en tu casa con 12 amigos, los comentarios que sueltas son muchísimo peor. Además, sobre todo en el mundo de los heteros con máxima seguridad en sí mismos, estamos hablando de que hay una retroalimentación muy fuerte. Entre ellos se retroalimentan a diario en cualquier conversación y eso aún les sube más. Creo que hay personas que se podrían ver en la tesitura de pensar que tendrían alguna posibilidad de estar con Expósito y la rechazarían. A veces la mente puede estar muy disociada. “A todos estos influencers que no se mojan se les está acabando el tiempo porque creo que la sociedad está dando un giro y la gente que consume creadores de contenido está cada vez menos dispuesta a ver perfiles que simplemente enseñan que se van a Bali o que te venden un eyeliner"Hay mucho influencer con miedo a posicionarse políticamente. ¿Qué le parece? Me parece una oportunidad perdida. Somos los ciudadanos los que tenemos que posicionarnos, trabajemos de lo que trabajemos. Y si además tenemos un altavoz y toda una liga de seguidores detrás, ¿por qué no? Al final, la vida cotidiana y la vida política te tienen que mover por dentro. Porque tienes que preocuparte por algo, enfadarte por algo o disfrutar de algo. A todos estos influencers que no se mojan se les está acabando el tiempo porque creo que la sociedad, y espero no equivocarme, está dando un giro y la gente que consume creadores de contenido está cada vez menos dispuesta a ver perfiles que simplemente enseñan que se van a Bali o que te venden un eyeliner. Muestran, sin ningún tipo de tibieza, que son personas que viven totalmente alejadas de la realidad. Hay una desconexión social tremenda. El tema lifestyle y beauty se está yendo a tomar por culo. Muchos seguidores de estas cuentas igual tenían 16 años cuando comenzaron a seguirles y ahora están empezando a pagar el alquiler. Están viendo por primera vez los problemas de frente y, a la vez, que esa persona se va a Bali, mañana está en un yate en Ibiza y pasado mañana no sé dónde. Y ellos aquí con la pajita de cartón, reciclando y en un piso que no pueden pagar. Es una desconexión absoluta. La gente buscaba empatizar con las personas y yo pocas cosas tengo con las que empatizar con una persona millonaria. ¿Me puede avanzar algo de su libro, Manifiesto de una sociedad en descomposición? Le puedo contar que ya se está maquetando y que es una reflexión muy profunda sobre cómo la estupidez humana está ganando terreno y nos está anestesiando de tal forma que ya ni nos llama la atención ni nos remueve nada. Antes, la familia se avergonzaba del hijo tonto. Ahora, con esta oda al ‘sé feliz’ y ‘sé como seas’, todos tienen un podcast. Se ha dado plena libertad a ser idiota fuera de casa y con absoluta tranquilidad. Es un pez que se muerde la cola porque si todos los idiotas han salido en manada a la calle y el idiota ha llegado a un podcast, quiere decir que va a tener toda una liga de seguidores idiotas que le aplaudan. El libro es deprimente y divertido. Para terminar, caretas fuera. Yo firmé el texto del que se rió en sus redes acerca de “la revolución de la cosmética para el ano masculino”. ¡Amo! ¡Qué fantasía!