Hola,

¿Cómo estás? Espero que la ola de calor con la que amenazan este fin de semana los termómetros te pille a la sombra o a remojo. O en una casa bien climatizada. La vivienda, ya sabes, es un tema que da para mucho. Es una de las patas sobre las que se sustentan nuestros proyectos de vida, nuestro bienestar y, por supuesto, nuestra salud física y mental.

Esta semana, un estudio de Oxfam arrojaba un dato preocupante. Dedicar más de un 30 o un 50% de sueldo al alquiler aumenta la probabilidad de tener problemas de salud mental entre los jóvenes. Tiene sentido: el agobio de agotar la mayor parte de los ingresos el mismo día que llega la nómina, la ansiedad de no poder ahorrar, el estrés de no llegar a fin de mes, las noches sin dormir o la frustración de trabajar y no tener nada.

No es una cuestión de esfuerzo, hablamos de gente que trabaja —al menos, lo mismo que cualquiera—, pero el aumento de los alquileres y del precio de la vivienda se ha disparado mucho más que los salarios. Esto ha provocado que la salud mental autopercibida de las personas de entre 16 y 34 años que dedican entre un 30 y 50% de sus ingresos al alquiler sea mala o regular en más del 40% de los casos y que llegue a uno de cada dos cuando dedican más de la mitad de su sueldo a pagar la renta.